En un momento decisivo para la justicia ambiental en Tulum, un tribunal federal ordenó la demolición completa de un desarrollo de lujo en Soliman Bay y la restauración del sitio a su estado original. La sentencia, dictada por la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito, marca una victoria crucial para los defensores ambientales, las comunidades locales y un ecosistema frágil que durante años fue opacado por el desarrollo inmobiliario sin control.
¿La palabra clave en esta sentencia? Rendición de cuentas.
La orden del tribunal es inequívoca: devolver la bahía a su estado original antes de la construcción ilegal. Dos edificios grandes, parte de los desarrollos Adamar y Maiim, fueron construidos sin permisos adecuados por Promotora de Incentivos México. Estas construcciones no solo ignoraron evaluaciones de impacto ambiental, sino que violaron abiertamente órdenes de cierre previas.
Un Paraíso Explotado
Soliman Bay es más que una belleza costera ordinaria, es una zona ecológica delicada donde las tortugas marinas llegan a anidar. Y sin embargo, se convirtió en blanco de una frenética especulación inmobiliaria.
¿Cómo pudo un edificio de lujo con 30 unidades levantarse sin escrutinio? La respuesta está en una falla sistémica y, peor aún, en complicidad.
Desde el gobierno municipal, encabezado por Diego Castañón, hasta el director de planeación urbana de largo plazo, Lorenzo Bernabé Miranda, la construcción fue autorizada a través de una red de silencio e interés personal. Funcionarios clave, incluyendo figuras de Sedetus y la oficina del catastro municipal, desaparecieron de la supervisión o se mantuvieron en sus puestos a pesar de acusaciones serias.
No se trata solo de edificios, se trata de una traición.
La Ley Era Clara, las Violaciones Más Claras
Conforme a la ley mexicana, cualquier desarrollo, especialmente uno en un ambiente costero protegido, debe presentar una Evaluación de Impacto Ambiental y recibir autorización antes de colocar el primer tabique. Estas no eran sugerencias burocráticas, eran obligaciones legales.
En cambio, los desarrolladores avanzaron, ignorando tanto la ley ambiental como las advertencias repetidas de activistas. Para cuando se presentó algún estudio de impacto, el edificio estaba casi terminado.
El tribunal citó violaciones del Artículo 28, Fracción IX de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, que claramente prohíbe este tipo de construcción anticipada. Los permisos eventualmente presentados fueron extemporáneos y, por lo tanto, nulificados.
En un detalle revelador, el juez se refirió a la ausencia de documentación ambiental requerida como motivo para la demolición inmediata. Los desarrolladores ni siquiera poseían una licencia básica al momento de comenzar las obras.

Resistencia de Base, Atención Global
Gran parte del crédito por detener este desarrollo corresponde a Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano (DMAS), una organización civil dirigida por Antonella Vázquez. El grupo alertó a las autoridades cuando los edificios estaban en sus primeras etapas, documentando incansablemente las violaciones, presentando solicitudes conforme a leyes de transparencia y movilizando apoyo comunitario.
"Fue una bestia", dijo Vázquez sobre Maiim. "Estaba en la orilla de la bahía, prácticamente en el mar. No tenía permisos, pero se levantó piso por piso mientras nosotros le suplicábamos al gobierno que interviniera".
Durante tres años, esa intervención fue retrasada.
Inversionistas Engañados, Confianza Erosionada
Muchos de quienes financiaron el proyecto fueron inversionistas internacionales, atraídos por los renders vistosos del proyecto y promesas de altos rendimientos. En cambio, ahora enfrentan pérdidas financieras e incertidumbre legal. El mercado inmobiliario en auge de Tulum, alguna vez visto como un lienzo abierto de oportunidad, ahora está manchado por estas historias de advertencia.
El desarrollo se convirtió en un espejo, reflejando no progreso, sino depredación.
El Camino por Delante: Restauración y Reforma
La sentencia del tribunal no es solo un mandato para la demolición, es un llamado al cambio sistémico. Derribar una estructura puede tomar meses, pero restaurar la confianza pública podría llevar años.
Tulum debe preguntarse: ¿Continuará intercambiando santuarios ecológicos por ganancias a corto plazo? ¿O puede construir un nuevo modelo, uno arraigado en sostenibilidad, legalidad y respeto por la tierra?
Por ahora, los escombros de Adamar y Maiim servirán como un recordatorio sombrío de lo que sucede cuando la ambición ignora la rendición de cuentas.
Que este sea el último monumento a la corrupción construido sobre tierra sagrada.
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