Lanzado en 2010, Maya Ka'an fue promocionado originalmente como una iniciativa de ecoturismo e inmersión cultural. Abarca más de 900,000 hectáreas en la región sureste de Quintana Roo, conectando pueblos mayas remotos con el circuito turístico en expansión que se extiende desde Cancún hasta Bacalar. La idea era ofrecer a los visitantes una experiencia "real" de tradiciones, rituales, cocina, artesanías e historia oral maya, envuelta en la promesa de un viaje sustentable.

Pero muchos residentes en José María Morelos, un municipio mayormente indígena, dicen que algo se perdió en la traducción.

"Nunca dimos consentimiento para que nuestros nombres, historias o conocimiento sagrado se utilizaran de esta manera", dijo un anciano local, cuyo pueblo ahora aparece prominentemente en materiales promocionales. Sus palabras pesan mucho, aunque aún no consten en transcripciones oficiales. La demanda de la comunidad es clara: respeten nuestra cultura y pregunten antes de tomar.

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Propiedad, identidad y ganancia

En 2022, Maya Ka'an se formalizó, agilizando la protección de marca, la logística turística y los trámites de propiedad intelectual. Pero según varios representantes comunitarios, ese proceso los dejó completamente fuera. Argumentan que careció del principio básico de consentimiento libre, previo e informado, una piedra angular de los derechos indígenas bajo la ley mexicana y acuerdos internacionales.

Para los residentes de José María Morelos, esto no es solo cuestión de derechos de imagen o folletos turísticos. Se trata de ser despojados de agencia.

La marca "Maya Ka'an" está ahora registrada y protegida. Sin embargo, el conocimiento, ceremonias, símbolos y tradiciones orales que alimentan su atractivo permanecen sin protección en la práctica. Líderes comunitarios afirman que la administración estatal de la marca ha priorizado el desarrollo económico sobre la integridad cultural, relegando a las personas cuyo patrimonio forma su fundación.

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No es solo cuestión de quedarse fuera de las ganancias, es ver la sabiduría de tus antepasados convertida en un argumento de venta.

Group of people in traditional and casual clothing standing together at the base of a large tree in a forested setting

Una resistencia silenciosa con resonancia global

La lucha de estas comunidades de Quintana Roo se refleja en casos similares alrededor del mundo. Desde los māori en Nueva Zelanda hasta los sámi en Escandinavia, los pueblos indígenas han luchado largo tiempo por controlar cómo se representa su patrimonio y se lucra con él.

Pero lo que hace único este caso es su momento y ubicación.

En el corazón de la Península de Yucatán, mientras el turismo crece y el proyecto Tren Maya promete un acceso aún más profundo a comunidades antes remotas, la presión para mercantilizar la cultura se ha intensificado. Lo que una vez se compartía alrededor de fogatas bajo cielos estrellados ahora aparece en presentaciones de marketing y carruseles de Instagram, frecuentemente sin crédito ni compensación.

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Como The Tulum Times ha informado anteriormente, la línea entre "celebrar" la cultura y "venderla" se vuelve cada vez más borrosa. Y mientras la Riviera Maya continúa atrayendo a millones con su mezcla de glamour de playa y patrimonio místico, las voces detrás de las historias piden ser escuchadas y respetadas.

El consentimiento no es opcional, es la ley

La ley mexicana incluye protecciones explícitas para el patrimonio cultural de pueblos indígenas. La Ley General de Derechos Culturales y los compromisos internacionales bajo el Convenio 169 de la OIT requieren consulta y participación antes de cualquier uso comercial de conocimiento tradicional.

Entonces, pregunta la crítica, por qué se saltaron eso en Maya Ka'an.

Funcionarios estatales de turismo han permanecido relativamente callados. En materiales de prensa previos, han celebrado el éxito del proyecto como ejemplo de "desarrollo inclusivo". Pero las comunidades dicen que la inclusión debe ser más que una foto de aparador.

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Esta queja, presentada ante la principal autoridad de derechos de autor del país, demanda más que reconocimiento. Pide un alto a todo uso no autorizado de expresiones culturales mayas dentro del proyecto Maya Ka'an, y que futuras negociaciones incluyan a custodios indígenas como participantes plenos, no simples titulares simbólicos.

Woman holding coconut shells and a fresh coconut while smiling in a garden setting

Cómo se siente quedarse fuera

En un pequeño pueblo fuera de la carretera principal en José María Morelos, un grupo de artesanos se reúne bajo techo de palapa. Sus artesanías, hamacas tejidas, joyería de semillas, huipiles bordados, han sido vendidas a turistas durante mucho tiempo, frecuentemente a través de intermediarios. Pocos han sido invitados a reuniones oficiales con desarrolladores turísticos.

"Cuando dicen la palabra 'Maya', se refieren a nosotros", dice una mujer de 40 años, sus manos aún ocupadas anudando hilos brillantes. "Pero no vienen aquí. Solo toman el nombre".

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Es una resistencia silenciosa, construida sobre generaciones de conocimiento. Y no es solo cuestión del pasado, se trata de proteger lo que permanece para el futuro.

Group of people wearing white clothing with colorful embroidered traditional garments gathered outdoors on grass

De la queja a la responsabilidad

La queja de derechos de autor puede tomar meses en revisión, pero marca un punto de inflexión crítico. Si prospera, podría requerir que proyectos turísticos en México reevalúen cómo involucran a comunidades indígenas desde el inicio, no como decoración, sino como tomadores de decisiones.

Algunos expertos legales ven esto como un caso de prueba. Otros temen que sin voluntad política, caerá en el vacío burocrático. Pero en José María Morelos, la paciencia es profunda. También lo es la memoria.

Las comunidades no piden caridad. Piden dignidad y un lugar en la mesa.

No solo un asunto local, sino uno nacional

La historia de Maya Ka'an puede parecer remota para turistas planeando su próximo viaje a Tulum, Cancún o Playa del Carmen. Pero refleja un patrón más profundo dentro de la industria turística mexicana: el impulso de crecer rápido, marcar fuerte y sacar ganancias de la autenticidad cultural, algunas veces a costa de quienes la viven cada día.

Mientras los visitantes caminan senderos antiguos y comen comidas preparadas con técnicas ancestrales, la pregunta perdura: quién realmente se beneficia. Y quién decide qué se preserva.

Woman in colorful embroidered shirt grinds corn with a wooden pestle while man in white shirt watches in an outdoor garden setting

El patrimonio cultural no es un souvenir gratis

Este caso no es solo cuestión de derechos de autor o nombres de marca. Se trata de una cosmovisión, una donde las tradiciones no son propiedad, sino prácticas vivas transmitidas con cuidado y ceremonia.

Los ancianos de José María Morelos intentan salvaguardar algo más profundo que derechos de imagen. Están protegiendo el alma de un pueblo.

Y al hacerlo, nos recuerdan que la cultura no es contenido. Es una conexión.

Qué está en juego y qué aún es posible

Si la queja tiene éxito, podría remodelar cómo opera el turismo en Quintana Roo y más allá. Podría finalmente obligar a desarrolladores a ir más allá de consulta simbólica hacia colaboración genuina.

Pero si fracasa, corre el riesgo de confirmar lo que muchos ya temen: que el patrimonio, como la tierra, puede tomarse sin permiso.

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¿Será Quintana Roo un líder en turismo ético, o una lección cautivadora.