El ataque de cocodrilo en Casa Cenote ha obligado al gobierno municipal de Tulum a hacer algo que no había hecho antes: coordinar formalmente la aplicación de normas ambientales en uno de los sitios naturales más visitados de la Riviera Maya.

Rocío Peralta Galicia, funcionaria de la Dirección de Sustentabilidad Ambiental de Tulum, confirmó que el municipio ahora trabaja conjuntamente con la Dirección de Protección Civil para elaborar un paquete de recomendaciones destinado a prevenir futuros incidentes y preservar el ecosistema. El proceso también incluye coordinación con autoridades federales, principalmente PROFEPA, la agencia federal de aplicación de normas ambientales.


Qué planean las autoridades

Entre las medidas en consideración están la instalación de señalamientos restrictivos e informativos en Casa Cenote, una prohibición formal de actividades incompatibles con el ambiente natural, y un requisito de que cualquier operador que realice actividades en el sitio cumpla con los permisos legales aplicables conforme a las regulaciones ambientales vigentes.

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Entre las actividades que se evalúan para restricción está el buceo en proximidad a cocodriles, una práctica que operaba sin regulación formal a pesar de la presencia conocida de un reptil residente en el sitio.

Peralta Galicia enmarcó la coordinación con PROFEPA como legalmente necesaria, no discrecional. "Es una especie con estatus de protección listada bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010", dijo, refiriéndose al catálogo oficial de México de especies sujetas a protección especial. Cualquier actividad que perturbe o acose a una especie listada conlleva potenciales consecuencias bajo la ley ambiental federal, un marco que precede al ataque y que, hasta ahora, no se había aplicado consistentemente en el cenote.


La brecha regulatoria que expuso el incidente

Casa Cenote, también conocida como Cenote Manatí, está ubicada en la zona Tankah III y atrae a buzos, snorkelistas y observadores de vida silvestre todo el año. El cocodrilo residente del sitio, conocido localmente como Panchito, ha sido una presencia visible durante años, familiar lo suficiente para ser buscado como sujeto fotográfico por grupos de visitantes.

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Esa tolerancia tuvo un costo. La ausencia de restricciones formales permitió que se desarrollaran actividades alrededor del animal sin un marco legal que rigiera el contacto, la distancia o la responsabilidad del operador. El ataque no creó la brecha regulatoria. La expuso, una que se había acumulado silenciosamente junto con la creciente popularidad del sitio.


Qué viene después, y qué permanece incierto

Las autoridades no han anunciado un cronograma formal para cuándo se finalizarán las recomendaciones conjuntas, qué actividades específicas serán prohibidas, o si Casa Cenote permanecerá abierto a visitantes mientras se elaboran e implementan las medidas.

La coordinación con PROFEPA se describe como aún en etapas tempranas. No se han anunciado suspensiones de permisos, cierres temporales ni acciones de aplicación de normas.

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Para los operadores que actualmente realizan viajes de buceo o tours guiados en el sitio, la situación inmediata es una de incertidumbre regulatoria. El marco legal existe. Su aplicación a Casa Cenote es ahora una prioridad declarada. Si eso se traduce en reglas ejecutables, supervisión consistente y consecuencias por incumplimiento determinará si esta respuesta se sostiene.

Ambientalistas y especialistas en vida silvestre han argumentado durante años que la habituación a los humanos no hace que los cocodriles silvestres sean predecibles, y que permitir actividades turísticas en proximidad cercana a reptiles protegidos crea riesgos que son previsibles, no accidentales. Las autoridades de Tulum parecen, por ahora, estar de acuerdo.

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