Nunca fue solo sobre un edificio. En realidad no. Cuando se conoció la noticia de la orden de demolición del edificio de Tulum dirigida al desarrollo Maiim en la frágil costa de Bahía Solimán, no era solo concreto y cristal lo que estaba en la mira. Era una historia de negligencia, poder y el silencio inquietante de quienes tenían el deber de proteger la tierra.

Y en ese silencio, algo rugió.

Una orden judicial y después... nada

Un juez federal en Quintana Roo sentenció, sin ambigüedades, que el edificio Maiim debe ser derribado. Sin matices, sin áreas grises. La razón: se erigía como un monumento flagrante del desprecio ambiental, amenazando una de las zonas de anidación de tortugas marinas más críticas de México. La estructura fue erigida sin los permisos de impacto ambiental adecuados, su marco elevado proyectando una sombra literal y simbólica sobre la santidad de Bahía Solimán.

Multi-story concrete building under construction with exposed framework and incomplete exterior, surrounded by palm trees and tropical vegetation, with a white

Pero lo que vino después de la orden fue aún más condenatorio que el edificio en sí: un vacío de respuesta oficial.

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De acuerdo con la asociación civil Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano (DMAS), ninguna de las autoridades involucradas, ni la Profepa, la dependencia federal de vigilancia ambiental, ni el gobierno municipal de Tulum, ni la Sedetur del estado, interpusieron una apelación. Su inacción habla por sí sola.

El desarrollador se queda solo

DMAS, implacable en su persecución legal, corrió el telón sobre lo que considera complicidad sistémica. "Qué autoridad apeló la sentencia del caso Maiim. Ninguna", afirmó la organización claramente. Ninguna. Fue solo el desarrollador quien intentó revertir la orden de demolición, presentando una solicitud de revisión en lo que parece ser un último recurso desesperado.

Es una imagen curiosa: un desarrollador solo en las puertas de apelación, mientras las instituciones precisamente encargadas de defender el interés público permanecen ociosas, como observar un incendio en una casa mientras se sostiene la manguera y se elige no rociar.

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Un santuario amenazado

Bahía Solimán no es solo otra costa pintoresca. Ubicada a unos diez kilómetros del centro bullicioso de Tulum, colinda con el Santuario de Tortugas Marinas Xcacel-Xcacelito, una zona protegida crucial para la anidación de tortugas marinas. Aquí, cada grano de arena importa. Cada luz artificial, cada vibración de maquinaria puede romper el equilibrio frágil que la naturaleza ha tardado milenios en construir.

Abandoned multi-story concrete building with curved balconies sits partially demolished, surrounded by construction debris and tropical vegetation

Y sin embargo, Maiim se elevó en este territorio disputado. Prometiendo unidades frente a la playa de millones de dólares, ofrecía paraíso a la venta mientras ponía en peligro la misma especie que le da alma ecológica a Tulum. Recuerda un cuento de hadas retorcido: opulencia construida sobre cáscaras de huevo, frágil y destinada a quebrarse.

Permisos, política y un patrón

El edificio no brotó de la nada. Fue autorizado, sorprendentemente, por los tres niveles de gobierno. DMAS sostiene que esos permisos fueron irregulares, aprobados apresuradamente a pesar de las claras banderas rojas ambientales. Así que en agosto del año pasado, presentaron un amparo constitucional, una especie de SOS legal.

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Y funcionó. Más o menos.

El juez respondió. El tribunal actuó. Pero qué sucede cuando las victorias legales resuenan en el vacío de la ejecución. Qué pasa cuando el martillo cae pero nadie lo levanta.

¿Caerán las paredes?

Mientras la apelación del desarrollador se abre paso por los engranajes legales, la estructura sigue en pie. Su sombra, tanto literal como legal, sigue extendiéndose por la playa. Si la demolición del edificio de Tulum procede ahora depende no de las leyes, ya han hablado, sino de la voluntad.

Porque al final, la batalla por la costa de Tulum no es solo sobre un edificio. Es sobre precedentes. Sobre si la ley ecológica significa algo cuando se pesa contra la riqueza. Sobre si alguien, realmente, está escuchando la arena.

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