En un tramo tranquilo de la costa de Tulum, donde el turquesa de la Bahía de Solimán se encuentra con los manglares de Tankah IV, un esqueleto de concreto ahora permanece en silencio. Lo que alguna vez se promocionó como un desarrollo residencial de lujo, Adamar, ha sido forzosamente pausado por orden de un juez. ¿Por qué? Porque nunca debió haber sido construido en primer lugar.
La Fiscalía General del Estado de Quintana Roo (FGE) ha asegurado oficialmente el sitio del proyecto Adamar después de determinar que la construcción se inició sin autorización ambiental federal. Tras una denuncia penal presentada por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), el proyecto ahora está bajo cierre legal.
Un fallo judicial detiene el avance de Adamar
El 23 de septiembre, en una audiencia judicial no lejos del movimiento de la zona costera de Tulum, un juez falló a favor de la solicitud de la FGE para asegurar el desarrollo Adamar. Profepa participó en el caso no solo como observadora, sino como demandante formal y víctima, un estatus que tiene peso legal y simbólico.
El fallo otorga a Profepa la custodia de la propiedad asegurada, lo que significa que Desarrollos Tulum Dieciséis, S.A.P.I. de C.V., la empresa detrás de la construcción, debe cesar todos los trabajos hasta que se resuelvan tanto las responsabilidades administrativas como las penales.
Según Profepa, el desarrollador ignoró múltiples cierres ambientales, continuando con los trabajos pese a órdenes reiteradas de detener las actividades. La propia denuncia de la agencia, presentada el 16 de julio, alega crímenes ambientales, mal uso de recursos públicos y desarrollo urbano ilegal. El daño, sostienen, va mucho más allá de violaciones en papel, penetra el suelo y los ecosistemas de la Riviera Maya.

Un sitio bajo presión legal y ecológica
La declaración pública de Profepa no tiene pelos en la lengua: el sitio Adamar fue construido en desafío de la ley ambiental federal. Se hicieron múltiples intentos por detener la construcción, pero cada vez la actividad se reanudó. Las violaciones, argumentan, no son solo administrativas sino criminales, y atentan contra la biodiversidad ya frágil de México.
Y la tormenta legal no se detiene ahí. Un juez federal de distrito emitió previamente una orden separada ordenando que el terreno fuera devuelto a su estado ecológico original. Ese fallo siguió a un desafío legal exitoso presentado por la asociación Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano (DMAS), un grupo de defensa ambiental que ha estado monitoreando el desarrollo de cerca.
Según DMAS, la única forma de lograr la restitución ecológica es mediante la demolición. "Devolver el sitio a su condición natural no se puede hacer con villas de lujo aún en pie", dijo un portavoz del grupo. Su postura es firme: sin medidas a medias, sin soluciones cosméticas.

La empresa se defiende
Desarrollos Tulum Dieciséis no se rinde sin resistencia. Según información compartida con El Universal, la empresa ha apelado el fallo, actuando como tercera parte en el caso en curso. Mientras la sentencia del juez de distrito no sea definitiva, las implicaciones son claras: esto ya no es solo una disputa por permisos. Es un enfrentamiento sobre el futuro de la costa de Tulum.
Este tramo de la Riviera Maya, frecuentemente pintado en folletos de marketing como un paraíso intocado, está bajo escrutinio cada vez mayor de grupos ambientales. Tulum, antaño un pequeño pueblo de pescadores y retiros de yoga, ahora es un campo de batalla de intereses contrapuestos: dinero del turismo, preservación ecológica y desarrollo sin control.
Tankah IV y la batalla por el alma de Tulum
Los lugareños de Tankah IV recuerdan cuando esta área era mayormente selva y playa, con tortugas anidando sin perturbación en la arena. Ahora, la pregunta de quién decide qué sucede aquí está en el corazón de una conversación más amplia en Quintana Roo.
A diferencia de Playa del Carmen o Cancún, donde dominan la expansión urbana y las cadenas hoteleras, Tulum aún conserva espacios de naturaleza en estado puro. Pero esa naturaleza es vulnerable. Cada nuevo desarrollo sin regulación erosiona lo que hace única esta costa.
The Tulum Times ha seguido de cerca estos puntos de conflicto ambiental, y el caso Adamar subraya una tendencia creciente: los marcos legales están poco a poco alcanzando el ritmo del boom inmobiliario. Pero, ¿será lo suficientemente rápido?

Un momento de rendición de cuentas en la aplicación de la ley
Lo que está en juego es más que una sola propiedad frente al mar. Este caso podría establecer un precedente para cómo se tratan las violaciones ambientales en toda la Riviera Maya. Si se ejecuta la demolición, podría indicar una nueva era de responsabilidad.
Sin embargo, hay una sensación familiar de incertidumbre. Los grupos ambientales locales reciben con cautela el aseguramiento del sitio, pero muchos han visto casos similares alargarse durante años, atrapados en apelaciones y vacíos legales.
"La verdadera victoria", dijo un activista a The Tulum Times, "llegará cuando dejemos de reaccionar al daño y comencemos a prevenirlo".
¿Qué sigue para Adamar?
Por ahora, el sitio permanece inactivo. Pero su destino está en suspenso legal.
La designación de Profepa como custodio sugiere que las investigaciones se intensificarán. Las responsabilidades administrativas y penales aún necesitan determinarse. Si Adamar es eventualmente demolido o simplemente multado sigue siendo una incógnita.
Pero la pregunta más amplia resuena con más fuerza: ¿Puede Tulum proteger su costa de convertirse en simplemente otro cuento de advertencia?
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¿Qué harías tú con el proyecto Adamar, reconstruirlo, demolerlo, o algo más?
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