Lo sientes antes de que tus ojos se abran. Esa quietud hueca que no pertenece aquí. Sin charla de los cafés. Sin el rumor del tráfico bajando por la Avenida Tulum. Solo un silencio que se pega como el duelo en el aire.
Y si vives aquí, si de verdad vives aquí, sabes exactamente qué significa ese silencio. No es paz. Es ausencia. El sonido de un pueblo que se desangra lentamente, mientras el mundo sigue deslizándose en las pantallas.
Dirán que es solo la temporada baja, que los turistas volverán. Que el sargazo es temporal. Pero cualquiera que todavía repite esas líneas acaba de llegar, o hace tiempo que no mira a los ojos a una mesera.
Esto no es una temporada. Es un colapso lento y silencioso.
La ilusión de ocupación es el nuevo disfraz del pueblo
Los números se ven bien, hasta que miras alrededor
Los funcionarios municipales dicen que la ocupación hotelera está en 70%. Suena reconfortante, verdad. Pero detrás del barniz de relaciones públicas, la verdadera foto se filtra por las grietas: hoteles boutique medio vacíos, personal mandado a casa temprano, y tiendas de bicicletas que esperan clientes que nunca llegan.
Miguel, que maneja un pequeño ecolodge del lado de la jungla, lo dice con incredulidad: "El año pasado para julio estábamos casi llenos. Ahora, tenemos suerte si reservamos dos cuartos por semana". Su voz no sube. Solo se repliega hacia adentro.
Según datos de AirROI, la ocupación real de rentas a corto plazo en Tulum ahora oscila entre 32% y 34%, con muchos anuncios cayendo por debajo de 16%. No es solo una caída, es un descenso. Uno que se traduce en familias que se saltan comidas, negocios pequeños que cierran, y un futuro puesto indefinidamente en pausa.
Entonces, por qué fingir. Porque la imagen vende. Los números altos tranquilizan inversionistas, políticos, e incluso turistas. Pero las ilusiones no alimentan niños ni reparan tuberías de drenaje.
Ni siquiera el Regidor Jorge Portillo Mánica rompió el silencio: "Hay hoteles con solo uno o dos cuartos reservados. Algunas zonas apenas llegan a 20% de ocupación real".
El camino adelante. Un panel de turismo público e independientemente auditado. Actualizado mensualmente. Porque sin verdad, no hay confianza. Y sin confianza, no hay futuro.
El alma de Tulum está siendo desalojada
Los locales están siendo expulsados por el mismo sistema que ayudaron a construir
Lucía, una maestra nacida y criada en La Veleta, ha vivido en la misma casa por 34 años. Ahora, su casero quiere duplicar la renta o venderla a un desarrollador que nunca ha puesto un pie en su calle. "Dónde se supone que debo irme", pregunta, medio susurro, medio grito.
Su historia no es una tragedia, es un patrón.
El boom de rentas a corto plazo ha encendido los precios. Según AirROI, la estadía promedio nocturna en Tulum ahora es de 100 dólares estadounidenses. Las familias están siendo expulsadas por personas que llegan los fines de semana con Wi-Fi y sin ataduras.
La clase media mexicana, los turistas nacionales, los pequeños empresarios, los residentes de largo plazo, están desapareciendo. Tulum se está convirtiendo en un escenario caro, con los locales empujados hacia los bastidores.
El asesor de turismo Eleazar Mas Kinil ha advertido que las cuotas de entrada infladas y los precios crecientes están alejando a la gente. Una caída de 40% en volumen de turistas confirma lo que todos ya sienten: Tulum se está volviendo inhabitable.
Necesitamos actuar. Implementar control de rentas en barrios centrales. Gravar la inversión especulativa. Proteger vivienda para quienes llaman hogar a este lugar.
O perderemos no solo residentes, sino el mismo alma que atrajo al mundo aquí.
El sargazo es solo un síntoma, la negligencia es la enfermedad
La naturaleza nos ha estado advirtiendo durante años
Pregúntale a Omar, un trabajador de playa. No dramatiza. Solo te dice lo que cambió. "Antes preparábamos sillas al amanecer. Ahora solo paladeamos putrefacción. Los turistas llegan, miran el agua, y se van".
En mayo de 2025, reportes de satélite mostraron 37.5 millones de toneladas de sargazo a la deriva en el Atlántico. Quintana Roo activó su alerta más alta. En Tulum, el resultado fue predecible: olas marrones, reservaciones canceladas, playas llenas de silencio.
Otras ciudades, Puerto Vallarta, Mahahual, Cancún, respondieron con barreras marinas, proyectos de composta, incluso barcazas. Tulum. Recolectó 850 toneladas para julio y apenas recientemente comenzó a explorar conversión a biogás. Prometedor, sí. Pero demasiado tarde.
Los funcionarios mencionan economías circulares y plantas de tratamiento de agua, pero estas siguen en etapas infantiles. Mientras tanto, la erosión de playas acelera. Los cenotes se contaminan más.
Necesitamos más que promesas. Necesitamos una Unidad Permanente de Protección Costera dirigida científicamente. No manejada por influencers o equipos de mercadotecnia, sino por ecólogos, oceanógrafos, y la gente que pesca estas aguas.
Porque la naturaleza no espera un comunicado de prensa.
Cuando las aerolíneas y los artistas se van, sabes que algo está roto
Cuando el Aeropuerto Internacional Felipe Carrillo Puerto abrió en diciembre de 2023, fue comercializado como la pieza final en la transformación de Tulum en un destino de lujo global. Construido con una capacidad proyectada de 5.5 millones de pasajeros por año, prometía dinamismo económico y exposición internacional. Pero solo meses después de su inauguración, las grietas comenzaron a mostrarse.
Para mediados de 2024, grandes aerolíneas como Delta Air Lines, American Airlines, y United comenzaron a reducir frecuencia o retirar rutas seleccionadas, citando cuotas operacionales elevadas, falta de claridad regulatoria básica, y un clima de inversión inestable. Algunas aerolíneas regionales, como Viva Aerobus y Aeroméxico, quedaron cargando la mayor parte del peso, con tasas de ocupación menores a las anticipadas.
Analistas de la industria señalaron que aunque el aeropuerto trajo acceso internacional, también introdujo estructuras de costos insostenibles para muchas aerolíneas, particularmente para rutas de bajo costo. En lugar de un auge, hubo una caída de 14% en retención de rutas para Q2 2025, según datos de aviación civil.
Al mismo tiempo, el latido cultural de Tulum se ha debilitado.
Productores de eventos de renombre mundial y colectivos creativos, como Day Zero Festival, Zamna, y Art With Me, una vez convirtieron a Tulum en un hub creativo de temporada. Pero muchos han escalado hacia abajo o reubicado actividades a destinos más sustentables en Costa Rica, Nicaragua, e incluso Oaxaca, citando costos crecientes, obstáculos logísticos, y preocupaciones de seguridad.
A partir de 2025, promotores culturales reportan una disminución de 30% en participación internacional en festivales locales. De manera anecdótica, muchos artistas ahora evitan Tulum por completo, refiriéndose a él como "sobreexpuesto y desprotegido".
El mensaje es dolorosamente claro: Tulum tenía el escenario, el reflector, y la audiencia, pero olvidó cuidar a la gente que hizo posible el espectáculo.
Cuando la codicia se convierte en el guía turístico, la gente deja de venir
Tulum ha bailado durante mucho tiempo en el borde del mito y la realidad. Un lugar vendido como paraíso, pero vivido como paradoja. Pero ninguna ilusión puede durar para siempre, no cuando la codicia se convierte en la moneda de la vida diaria.
Pregúntale a cualquier viajero experimentado por qué dejó de venir a Tulum, y escucharás una respuesta tranquila pero recurrente: "Ya no vale la pena". No porque el mar dejó de brillar, o la jungla perdió su magia, sino porque los precios se volvieron absurdos, y la experiencia, hueca.
Un número creciente de visitantes, tanto mexicanos como extranjeros, han comenzado a alejarse. Lo que una vez se sintió auténtico ahora se siente extraído. Comidas en restaurantes frente a playa que solían costar un día de salario ahora cuestan una semana. Viajes en taxi se estiran a cientos de pesos por meros kilómetros. Servicios que una vez fueron generosos ahora llegan con una etiqueta de precio más grande que su valor. El impuesto invisible del oportunismo.
Y lo que es peor. La infraestructura no ha alcanzado los precios. Los turistas susurran de baches, cortes de electricidad, basura abandonada a pudrir, y preocupaciones de seguridad. Hablan no con rabia, sino con resignación silenciosa, "Por ese precio, preferiría ir a Portugal. O Croacia. O Costa Rica".
Y muchos lo están haciendo.
Mientras tanto, los mismos locales que construyeron la reputación de este pueblo están siendo expulsados de sus propias vidas. Porque cuando la codicia toma el asiento delantero, todos los demás son empujados a los márgenes.
Esto no es solo un asunto económico, es uno ético.
La codicia no solo infla precios. Desinfla confianza, erosiona cultura, y aleja a la misma gente que una vez llevaba el alma de este lugar en sus ojos.
Tulum no está perdiendo turistas porque ya no sea hermoso.
Los está perdiendo porque la belleza no puede sobrevivir donde prospera la explotación.
Si queremos que regresen, no solo como consumidores, sino como testigos, aliados, y narradores de historias, necesitamos hacer espacio nuevamente para la justicia, para la hospitalidad, para la humildad.
O pronto, nos quedaremos con menús sobrevaluados, clubes medio vacíos, y el eco de un paraíso que se sacó de precio hasta dejar de existir.
El sonido de un lugar que se está olvidando de sí mismo
Hubo un tiempo cuando Tulum tenía pulso: voces españolas, mayas e italianas mezclándose en las calles. Juegos de dominó. Salsa. Niños corriendo descalzos. Era caótico y estaba vivo.
¿Ahora. El silencio se siente embrujado.
Nos hacemos una pregunta cada vez más: ¿Sigue valiendo la pena quedarse.
Los costos suben. La dignidad no. Nos sentimos como ruido de fondo en nuestro propio hogar.
Pero no nos hemos ido.
Compartimos comidas. Nos parcheamos los techos unos a otros. Sostenemos los últimos puntos de acceso al mar como altares sagrados. Esa resistencia silenciosa, esa negación obstinada a soltar, es donde vive la verdadera esperanza.
¿Podemos aún elegir otro futuro.
Sí. Pero necesitamos actuar como comunidad, no solo en papel, sino en las calles, en las reuniones, en las vidas de unos y otros.
Tulum aún puede liderar. No en lujo. En resiliencia.
Este pueblo podría convertirse en un modelo para recuperación postturismo, un lugar que se negó a convertirse en una parodia de sí mismo.
Necesitamos:
- Control de rentas que proteja residentes, no especuladores
- Acceso garantizado a playas públicas para todos
- Precios justos e impuestos de turismo que beneficien a la comunidad
- Soluciones reales a la corrupción, no solo discursos
- Infraestructura pública confiable y digna
- Zoning ambiental estricto que ponga la naturaleza primero
- Asociaciones genuinas con ONG, científicos, y líderes locales
Y sobre todo: una pregunta nueva. No "cuándo volverán las cosas a la normalidad".
Porque esa normalidad nos trajo aquí.
Construyamos algo mejor.
Los desalojos que rompieron la ilusión
Hace apenas días, 170 familias fueron desalojadas en Tulum. Atrapadas en un conflicto de tierras, enfrentando policía armada, ahora durmiendo en tiendas bajo la lluvia.
Esto no es una historia secundaria. Es el centro del colapso.
Esto es lo que parece cuando el progreso olvida su humanidad.
El punto final
Tulum se desangra. En silencio. Implacablemente.
Pero no sin resistencia. La jungla aún zumba. El mar aún canta bajo la putrefacción. Y la gente. Seguimos aquí. Cansados. Furiosos. Pero aquí.
Si alguna vez amaste este lugar, no vengas solo a disfrutarlo. Ven a ser testigo. A escuchar. A estar con quienes nunca se fueron.
Aún tenemos una opción.
Elijámonos unos a otros.
The Tulum Times · Newsletter
La nota sigue en tu correo.
Lo esencial de Tulum y contexto local, un par de veces por semana. Gratis.
No spam · Unsubscribe anytime · 100% free
Tulum Restaurants, Beach Clubs, and Nightlife Guide
Food, dining, beach clubs, and nightlife coverage for visitors looking for practical choices, current openings, and the mood of Tulum after dark.
Apoyá a The Tulum Times
El periodismo independiente lleva tiempo y recursos. Si esta nota te sirvió, considerá apoyar nuestro trabajo.
Buy us a taco 🌮“The best journalists reporting from paradise, highlighting the heroes that keep Tulum the most beautiful place in the world! THANK YOU!”







