Los visitantes de las playas icónicas de Tulum se han quedado rascándose la cabeza. ¿Se puede llevar una hielera? ¿Y una sombrilla de playa? Resulta que la respuesta no depende del presidente municipal, está escrita en las regulaciones de la autoridad federal de conservación de México.
Ese fue el mensaje de Cristina Torres Gómez, secretaria de Gobierno del estado de Quintana Roo, quien intervino para aclarar la creciente confusión sobre las restricciones en las playas de Tulum. Su declaración sigue a una ola de reacciones públicas generada por el presidente municipal de la ciudad, Diego Castañón, quien dijo que los visitantes no podían llevar sillas, sombrillas ni comida a la playa, una afirmación que rápidamente se viralizo en redes sociales y foros de turismo.
Pero las reglas, explicó Torres, no son nuevas ni provienen del ayuntamiento. Provienen de Conanp, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de México, la agencia federal responsable de las áreas naturales protegidas. Y sí, una gran parte de la costa de Tulum cae dentro de esa jurisdicción.
Las normas de conservación aplican en playas protegidas en todo México
Lo que algunos ven como restrictivo, Conanp lo presenta como preservación. Varias playas en Tulum forman parte de zonas designadas federalmente, incluyendo el Parque Nacional Tulum y la expansiva Reserva de la Biósfera Caribe Mexicano, donde el objetivo es proteger ecosistemas frágiles. Estas protecciones frecuentemente vienen acompañadas de reglas estrictas.
Según Torres, muchos de los artículos prohibidos están vinculados a preocupaciones ambientales, como plásticos de un solo uso o alcohol. Pero eso no significa que los turistas estén prohibidos de llevar cualquier cosa. "Puedes llevar tu termo con agua o un refresco", dijo, señalando que el sitio oficial de Conanp detalla qué está y qué no está permitido.
Aun así, el daño ya estaba hecho. La declaración generalizada del presidente Castañón, interpretada como una prohibición total, fue vista por algunos como desconectada de los bañistas y los negocios locales.
"Creo que fue una falta de precisión", dijo Torres, eligiendo cuidadosamente sus palabras. "Ha sido demasiado literal... Solo necesitas entrar al sitio web de Conanp para ver qué está permitido".

La indignación en redes sociales se encuentra con la realidad de la playa
La reacción no fue solo charla en línea. Videos circulando en plataformas como TikTok e Instagram mostraban tramos de playas vacías con sillas de playa y costas tranquilas. Algunos influencers lo atribuyeron a los precios extraordinariamente altos en los negocios de la playa, otros a las supuestas restricciones que alejaban a los turistas.
Es una narrativa contra la que el gobierno estatal está trabajando duro.
Desde su oficina en Chetumal, Torres ofreció una perspectiva más equilibrada: la conversación alrededor de las reglas de playas de Tulum es una oportunidad, no una crisis. "Es tiempo de pensar en qué tipo de turismo queremos", dijo. "No deberíamos bajar la guardia. Hay competidores que quieren desacreditar este destino".
No mencionó nombres. Pero el mensaje fue claro: Tulum está siendo observado, juzgado y posiblemente saboteado.
Entre conservación y comercio
No es la primera vez que Tulum lidia con la línea delgada entre proteger su belleza natural y mantener vivo el turismo. En los últimos años, la ciudad ha visto un auge en desarrollos hoteleros, creciente atención internacional y precios en aumento, todo mientras intenta mantener la integridad ecológica de su costa.
Algunos locales argumentan que la ejecución más estricta es necesaria para frenar el daño ambiental. Otros dicen que corre el riesgo de alejar a viajeros con presupuestos limitados y familias que no pueden pagar los altos precios en los restaurantes de la playa.
Un vendedor de playa, quien prefirió no ser identificado, lo resumió en una sola frase: "Si la gente no puede llevar botanas o sillas, se irán a otro lado, quizá a Playa o hasta a Bacalar".
Y ese es el verdadero miedo detrás de los titulares.

Qué está permitido, qué no, y quién decide
De acuerdo con las directrices oficiales de Conanp, artículos como hieleras de espuma, bolsas plásticas, bebidas alcohólicas y botellas de vidrio están prohibidos. Pero botellas de agua reutilizables, comida en recipientes cerrados y estructuras de sombra que no dañen la flora o restrinjan el movimiento típicamente son aceptables.
El diablo, como siempre, está en los detalles y la ejecución varía según la zona.
En algunos casos, las propiedades privadas con frente a playa hacen cumplir sus propias reglas, lo que continúa enturbiando las aguas. Es esta inconsistencia la que ha llevado a confusión pública y, según los críticos, abrió la puerta para el exceso de poder.
The Tulum Times ha recibido múltiples reportes de visitantes que afirman que les dijeron que dejaran la playa a menos que compraran algo. Estas historias plantearon preguntas más profundas sobre quién realmente "posee" el acceso a los espacios naturales de Tulum.
Compitiendo por el tipo correcto de visitante
A pesar de la controversia, el estado está doublando su apuesta por su visión de Tulum: un destino premium que ofrece más que solo sol y arena. Eso significa atraer turistas que valoren la sustentabilidad y estén dispuestos a pagarla.
"Hay actores, nacionales e internacionales, que quieren dañar la imagen de Quintana Roo", advirtió Torres. Pero se mantiene optimista, diciendo que la belleza natural y el valor cultural de la región son suficientemente fuertes para resistir el ruido.
¿El plan? Precios más competitivos, mejores paquetes y un empuje para destacar el atractivo más amplio de la Riviera Maya. De noviembre a diciembre, se espera que el turismo repunte, al menos ese es el plan.
Entonces, ¿qué está en juego para Tulum?
Esto no se trata solo de sillas plegables y botanas de playa. Se trata de quién puede disfrutar de Tulum, cómo se protege y quién hace las reglas.
Conforme el panorama del turismo se vuelve más competitivo y la presión por proteger espacios naturales se intensifica, Tulum se encuentra en una encrucijada. Un mensaje equivocado puede reverberar en redes sociales e influir en miles de decisiones de viaje. Y en el caso de los comentarios del presidente Castañón, ya lo hizo.
"Necesitamos claridad, no control", le dijo un visitante a The Tulum Times. "Dejen que la gente disfrute la playa, solo aclaren las reglas".
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¿Serán suficientes reglas más claras para restaurar la confianza de los visitantes, o el problema real es más profundo que eso?
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