¿Qué pasaría si la decadencia de Tulum no hubiera comenzado con números de turismo, sino con un ritual roto?
Gerry Sánchez, coach y consultor conocido en el mundo hispanohablante por su enfoque directo sobre crecimiento personal y relaciones, ha surgido con una interpretación sorprendente del estado actual de Tulum. No económica. No política. Espiritual.
En su fase más reciente, ha cambiado retiros y eventos en vivo por un podcast móvil y conversacional donde se desplaza por el paisaje cambiante de Tulum, conectando el daño ambiental, el desorden social y las caídas económicas con algo más profundo. Su teoría no es una metáfora. Es un sistema de comprensión extraído de la observación personal, tradiciones esotéricas y enseñanzas mesoamericanas antiguas.
Y todo comienza con una sola premisa: Tulum es un acelerador sagrado, un lugar donde todo, bueno o malo, se desarrolla más rápido que lo normal.
Cómo funciona la energía en Tulum
Para Sánchez, la importancia de Tulum no es solo arqueológica o ecológica. Es energética.
A su parecer, la tierra se asienta sobre puntos convergentes que amplifican los procesos humanos y ambientales. Cuando se respeta, todo florece. Cuando se viola, todo se desmorona, y rápido. Esto no es solo poesía espiritual, insiste. Es observable.
Esta idea fundamenta su explicación de la crisis de Tulum. El deterioro visible, la criminalidad, el sobredesarrollo, la contaminación del agua, los negocios quebrados, es un síntoma en etapa terminal. El origen, sostiene, radica en la mala gestión espiritual.
Abrir sin cerrar
Tulum, dice Sánchez, fue una vez un territorio ceremonial marcado por conocimiento astronómico, prácticas de sanación y códigos rituales matizados. Ese legado no es puramente luminoso. Había rituales tanto de reverencia como de peligro, tradiciones que requerían cautela, tiempo y estructura.
Central a esa estructura es una regla: cuando abres un espacio sagrado, también debes cerrarlo.
Según Sánchez, esta regla ha sido quebrantada repetidamente en Tulum. Áreas sensibles, cuevas, cenotes, terrenos ceremoniales, fueron abiertos al público, al turismo, al desarrollo, sin pedir permiso, sin ofrendas y sin cierre. Esta brecha espiritual, dice, desencadenó fuerzas caóticas.
Para quienes no comparten su lenguaje, ofrece un equivalente llano: cuando perturbas los protocolos invisibles de un lugar, invitas el desorden. Enfermedades, accidentes, malas decisiones, reacciones en cadena, eventos que, cuando se apilan, parecen una crisis. Pero desde su perspectiva, son simplemente consecuencias de una causa más profunda.

Cuando el ritual se convierte en espectáculo
Otra capa de la teoría se enfoca en quién ostenta la autoridad espiritual, y quién no.
Sánchez afirma que a lo largo de los años, los verdaderos custodios de las prácticas sagradas en Tulum fueron desplazados por figuras públicas sin linaje ni profundidad. Llama a esto "narcisismo espiritual". Ceremonias masivas, rituales liderados por influencers, festivales fueled por drogas y "experiencias transformacionales" impulsadas por la imagen han reemplazado prácticas antiguas que una vez requerían reglas, contexto y discreción.
No es solo falta de respeto, dice. Es peligroso. Porque sin el anclaje adecuado, el trabajo sagrado se convierte en espectáculo. El resultado: los espacios se abren, pero nunca se cierran. Y eso, en su marco conceptual, es una fuente continua de contaminación energética.
"El volumen, la velocidad, el hambre de espectáculo", advierte, "desplaza la sabiduría del silencio y la estructura".
Dinero disruptivo y el poder de la intención
La transformación de Tulum también vino acompañada de olas de capital. Nómadas digitales, inversores de criptomonedas, desarrolladores internacionales. Pero Sánchez no culpa al dinero en sí. En cambio, observa la frecuencia de la intención que hay detrás de él.
"El dinero amplifica lo que ya existe", dice. Si el dinero entra a un espacio sagrado con propósito dañino, avaricia, explotación, erasión, entonces ese daño se multiplica. Y en Tulum, donde todo se acelera, el impacto llega rápido.
Junto a esa entrada llegó la prostitución, la circulación de drogas, el tráfico de tierras y la violencia creciente. Para Sánchez, estos no son solo desarrollos paralelos. Están energéticamente vinculados. La tierra, dice, no ignora tales patrones. Los magnifica.
La partida de los guardianes
En la tradición maya y yucateca, los lugares sagrados son protegidos por aluxes, guardianes espirituales que resguardan la tierra y la gente. Sánchez cree que estos guardianes han comenzado a retirarse.
Relata costumbres locales: pedir permiso antes de construir, ofrecer gratitud antes de entrar a ciertos lugares. Para los forasteros, estos rituales podrían parecer quaint. Pero dentro de la cosmovisión que Sánchez canaliza, son protocolos funcionales.
Sin ellos, la capa protectora desaparece. Los proyectos se estancan. La infraestructura falla. Las cosas no "encajan". No por incompetencia, sino porque los guardianes invisibles se han ido.

La crisis ambiental como reflejo
Sánchez no traza línea alguna entre el daño ambiental y el desequilibrio espiritual. Para él, son diferentes capas del mismo problema.
El agua subterránea contaminada, la fauna desaparecida, la deforestación y los cenotes colapsantes no son desastres aislados. Son la respuesta de la tierra a ser mal utilizada sin cierre ritual.
Y las señales no siempre son ruidosas. A veces son acumulativas: tuberías rotas, permisos lentos, negocios que no pueden mantenerse abiertos, relaciones que se desmorona. Docenas de fracasos silenciosos que, juntos, forman un colapso sonoro.
No intenta competir con hidrólogos o economistas. Su visión es simplemente otra lente. Una capa de significado para quienes estén dispuestos a verla.
La tierra sagrada como amplificador kármico
Una de las afirmaciones más provocativas de Sánchez es esta: Tulum no está en declive gradual. Se está colapsando todo a la vez. ¿Por qué? Porque no es un pueblo regular, es un espejo kármico.
Si, durante años, el lugar fue abusado, sobreconstruido, sobrepreciado, espiritualmente comercializado, explotado por la imagen, entonces el ajuste debe ser igualmente rápido. No es un castigo, dice, sino un mecanismo. El sistema se equilibra a sí mismo a través de su punto más vulnerable.
En una economía turística, ese punto es el ingreso. Así que desaparece. Los visitantes dejan de llegar. Las tarifas bajan. Los proyectos se congelan. La deuda crece. La propiedad cambia de manos.
Para el ojo tradicional, esto podría parecer mala planificación empresarial. Para Sánchez, es el eco de rituales sin completar.

Una reparación lenta, fuera de la vista
A pesar de la desolación, Sánchez no declara a Tulum una causa perdida. En su visión, la reparación es posible, pero debe comenzar con quienes saben cómo hacerlo.
Cree que algunos en la comunidad, particularmente en el sector turístico, han comenzado a trabajar con custodios tradicionales para cerrar procesos abiertos. No en redes sociales. No con ceremonias públicas. Silenciosamente. Lentamente.
"No hay atajos", dice. "Sin acceso en directo a este trabajo".
Y mientras que los cambios de política y los esfuerzos promocionales pueden ofrecer algo de ayuda, no pueden sustituir el componente espiritual. Sin él, los frenos siguen activados.
Visitar Tulum ahora: peligro o invitación
Sánchez no desalienta las visitas. Todo lo contrario. Ve este momento como una oportunidad para presenciar las señales de la tierra.
Precios más bajos. Menos multitudes. Los negocios necesitan flujo. Signos de retroceso, pero también de potencial realineamiento.
Anima a los visitantes a caminar con intención. A observar el estado del agua. Los silencios inusuales. Las pequeñas ofrendas dejadas en el bosque. A aprender a leer la tierra. Y a evitar, conscientemente, alimentar prácticas abusivas.
"Tulum está enseñando", dice. "Pero solo si escuchas con atención".
El camino a la reversa
Según Sánchez, cualquier recuperación debe involucrar tres frentes:
- Cierre de lo que ha sido abierto
- Respeto por los protocolos tradicionales
- Cambio colectivo de intención
El cierre no es un acto único, aclara. Es un proceso. El respeto significa más que simbolismo. Demanda tiempo, paciencia y soltar la urgencia. E intención no es sobre branding, es sobre precios justos, eliminar hábitos predatorios y alinear proyectos con el verdadero carácter de la tierra.
Si estos pasos ocurren, el mismo motor energético que aceleró la caída podría acelerar el retorno. No por milagro. Por causalidad.
Si no ocurren, advierte, las correcciones continuarán. El alivio puede llegar en olas, pero también la recaída.

Un tipo diferente de mapa
Sánchez no reclama prueba técnica. Su modelo no es un marco científico, sino uno tradicional. Usa vocabulario espiritual, no métricas. Pero eso no significa que carezca de rigor. O relevancia.
Para los creyentes, su enfoque ofrece un plan para la reconstrucción ética y energética. Pide permiso. Ofrece gratitud. Cierra lo que abres. Fija precios con integridad. Deja de alimentar lo que extrae. Alinea tu proyecto con la tierra.
Para los escépticos, aún podría servir como una metáfora. Un recordatorio de que debajo de permisos de construcción y presentaciones de marketing, algo se rompió. Y las consecuencias fueron reales.
Porque, en palabras de Sánchez, Tulum no cayó porque fuera débil. Cayó porque era poderosa, y fue mal utilizada.
Y si queremos recuperarla, tendremos que reconstruir con ambas manos: la visible y la invisible.
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¿Puede comenzar la sanación donde el daño nunca fue visto?
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