Pequeñas bolitas, a las que llaman nurdles, anidadas en las algas, casi invisibles a menos que las busques deliberadamente. Y este verano, docenas de personas en Playa Aventuras DIF y los manglares circundantes hicieron exactamente eso: buscar, recopilar y limpiar. No por fama, no por dinero. Solo porque el océano cerca de Tulum lo necesita.

En julio y agosto de 2025, la Fundación Eco-Bahía, el brazo ambiental del Grupo Piñero en México, lideró una serie de limpiezas costeras y de manglares bajo el estandarte del Programa SAK, una iniciativa orientada a combatir la contaminación marina e involucrar a la comunidad local en la conservación costera. Sus hallazgos no fueron bonitos, pero fueron reales.

Y la realidad es lo que logra que las cosas se hagan.

El contexto detrás de las limpiezas

Ubicada en la Riviera Maya y estrechamente vinculada al complejo de resorts Bahía Príncipe, la Fundación Eco-Bahía ha estado operando en la encrucijada del turismo y la defensa ambiental. Este último esfuerzo, parte de las actividades del tercer trimestre del Programa SAK, marca un esfuerzo continuo no solo para limpiar sino también para educar y cambiar hábitos.

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Durante dos meses, los voluntarios retiraron 243 nurdles, esas molestas microplásticas que llegan de cadenas de suministro globales, y las registraron con Nurdle Patrol, una plataforma internacional de ciencia ciudadana. Pero las bolitas eran solo el principio. Botellas de PET, colillas de cigarro, vidrio roto, bolsas de plástico, todo catalogado y removido de 235 metros de playa y 300 metros de zona de manglar.

Group of volunteers holding a wooden beam during a beach cleanup project, with palm trees and buildings visible in the background

La campaña de septiembre estaba planeada. Pero la naturaleza tenía sus propios planes. El clima severo obligó a su cancelación, recordándole a todos la impredecibilidad cada vez mayor del clima.

Lo que dicen los datos, y lo que no dicen

Aquí es donde se pone interesante. Más allá de los residuos visibles, la Fundación Eco-Bahía y el Resort Bahía Príncipe Riviera Maya también realizaron clasificaciones mensuales de residuos. Los resultados revelaron algo más profundo que la basura, revelaron hábitos.

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Entre los artículos más comunes. Envases para productos de higiene personal, restos de materiales de construcción y residuos peligrosos como baterías, jeringas y focos usados. Eso no es solo basura. Eso es un patrón. Y los patrones, una vez reconocidos, pueden romperse.

Es un reflejo de que el problema no es solo lo que llega a la orilla, sino también lo que consumimos, desechamos y olvidamos.

Two women collect plastic waste and debris from a concrete surface in a parking area, sorting items into piles with collection bags nearby

Manos humanas, corazones locales

Luis Verdín, gerente de la Fundación Eco-Bahía, lo resumió así:

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"Cada acción de nuestros voluntarios, colaboradores y aliados es un paso vital en la protección de nuestros mares y costas. El Programa SAK demuestra que cuando la comunidad se une, incluso los gestos más pequeños generan un gran impacto para la vida marina y para construir un futuro más sostenible".

Sus palabras no son solo relleno de comunicado de prensa. En el terreno, hay personas reales detrás de los guantes y las bolsas de basura. Personal del Tulum Country Club, locales de los pueblos circundantes, turistas que se quedaron para ayudar, grupos ambientales como Tulum Circula, y familias que llevaron a sus hijos para enseñarles algo que las escuelas a menudo no enseñan.

Un voluntario, sudando bajo el sol de agosto, recogió un puñado de nurdles, los levantó y dijo, "Ni los verías, pero los peces comen esta basura. Luego nosotros comemos el pescado". Ese es un ciclo de retroalimentación en el que nadie quiere participar.

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Group of people sorting and collecting plastic waste and debris under a covered structure in an outdoor area

Por qué esto importa más allá de la playa

Mientras Cancún acapara titulares y Playa del Carmen atrae multitudes, Tulum se encuentra en una posición única: en rápido crecimiento, fuertemente turística, y ubicada sobre ecosistemas frágiles.

En ese contexto, el impulso del Grupo Piñero por el "turismo regenerativo", un modelo que no solo sostiene sino que busca reparar, se siente especialmente oportuno. Su alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (específicamente los ODS 12, 14 y 15) señala una ambición más profunda que solo lavado ecológico.

Aún así, algunos locales se preguntan en voz baja: ¿podría hacerse más aguas arriba, antes de que los residuos lleguen a la arena? ¿Deberían los resorts repensar las cadenas de suministro y el comportamiento de los turistas? No es cinismo, es precaución. Y en el trabajo ambiental, la precaución es una forma de amor.

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A group of volunteers stands behind bags and containers of collected marine debris and plastic waste under a thatched roof structure

Qué viene para el Programa SAK

El camino es largo y turbio, como los manglares mismos. Pero el sendero es claro. La Fundación Eco-Bahía planea continuar con limpiezas, ampliar el alcance educativo e integrarse más profundamente con las redes comerciales y civiles de la Riviera Maya.

Lo que falta no es solo más manos, sino atención sostenida. La fatiga ambiental es real. Y los titulares van y vienen.

Sin embargo, la costa de Tulum no olvida. El plástico tarda siglos en desaparecer, si es que lo hace. Y lo que se va hoy, regresa mañana con la marea.

El Programa SAK, apoyado por una constelación de esfuerzos locales y plataformas internacionales, quizá no lo resuelva todo. Pero está construyendo algo: una cultura local de cuidado, un nurdle a la vez.

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