Los ventiladores zumbaban suavemente arriba, apenas logrando contener el calor de julio. En una sala modesta metida detrás del palacio municipal de Tulum, las sillas rasparon el piso de azulejo mientras los delegados locales tomaban sus lugares, uno por uno. No era el tipo de sala donde se hace historia. Sin terciopelo en las cortinas, sin podios pulidos. Solo mesas plegables, cuadernos, y el zumbido agudo de voces reales, voces cansadas de promesas, hambrientas de cambio.
Y sentado al frente de todo, no detrás de una pantalla ni flanqueado por asesores, estaba Diego Castañón Trejo, presidente municipal de Tulum, presentándose para otra ronda de lo que rápidamente se ha convertido en el ritual silencioso de su administración: un encuentro mensual cara a cara con la gente que vive la realidad de sus políticas.
Él lo llama esencial. La comunidad lo llama necesario desde hace tiempo.

La práctica de escuchar
No nos engañemos, a los políticos les encanta los micrófonos, no las sillas plegables. Pero Castañón parece estar intentando algo diferente. "Para mí y mi administración es fundamental escuchar directamente a la gente", dijo durante el encuentro del martes. "Por eso importan estas reuniones mensuales, evaluamos qué hemos hecho, dónde nos hemos quedado cortos, y buscamos respuestas juntos".
Ese "juntos" no es relleno retórico. Es un principio basado en un movimiento global creciente hacia la participación comunitaria, la idea de que los gobiernos no solo sirven a la gente sino que construyen junto a ella. De que el progreso no se decreta; se negocia, cuadra por cuadra, voz por voz.
Y en esa sala abarrotada del 8 de julio, la negociación estaba viva.

Asfalto, topes y centros de salud
No necesitas hacer una encuesta para saber qué hace falta en las delegaciones periféricas de Tulum. Solo pregunta a alguien de Cobá o San Pedro. Caminos abiertos como heridas viejas. Tráfico acelerado donde caminan niños descalzos. Clínicas que son más rumor que realidad.
Así que cuando Castañón expuso la lista actual de proyectos, pavimentar caminos, instalar reductores de velocidad, y abrir nuevos centros de salud en la zona Maya, la sala no estalló en aplausos. No es así como funcionan estas reuniones. Pero hubo asentimientos, murmullos, un cambio de postura. No era gratitud exactamente. Era algo más silencioso. Quizá esperanza.
Ezequiel Maya Ascorra, delegado de Cobá, no lo endulzó: "Estas reuniones son positivas para el progreso de las delegaciones. Somos el puente entre la gente y el gobierno". La electricidad, o la falta de ella, es la batalla que está librando actualmente. "Ahorita estamos abordando problemas de suministro de energía. Es tiempo de tener mejor servicio, y lo estamos llevando directamente a las autoridades".
Ese es el trabajo diario de la participación comunitaria. No discursos grandiosos, sino recibos de servicios, baches, y el valor de decir "esto no funciona".
Un destello en San Pedro
Rigoberto Cen Can, de San Pedro, recibió noticias que pusieron toda la sala un poco más cálida: el centro de salud tan esperado en su comunidad finalmente va a romper tierra. "Es alentador", dijo, con la voz firme pero orgullosa. "Están escuchando. Estamos trabajando juntos. Eso significa algo".
Francisca Tun Canal, de San Juan, intervino, con su voz clara y directa. "Es excelente que nos escuchen. Cuando hablamos directamente con el presidente, es posible darle seguimiento. Estamos realmente contentos por eso".
Sin filtros de relaciones públicas. Sin preguntas preparadas. Solo gente hablando con la persona que tiene la pluma en el siguiente borrador del presupuesto.

Más allá del simbolismo
Castañón no pretende que estas reuniones mensuales sean magia. Pero apuesta por la consistencia. Cerró la sesión con una promesa: las reuniones continuarán. Y más que eso, seguirá caminando por las comunidades, este viernes, dijo, estará afuera de nuevo, a pie, escuchando.
Eso no es espectáculo. Eso es infraestructura para la confianza. Y la confianza, a diferencia del pavimento o las líneas de electricidad, no se instala de la noche a la mañana.
Para Diego Castañón, la participación comunitaria no es solo una palabra de moda. Es estrategia y supervivencia, política e humanidad todo en uno. Como un cabildo en miniatura, repetido mes tras mes, es un experimento en gobernanza que funciona con preguntas, no con respuestas.
¿Funcionará?
Los ventiladores arriba seguían girando. Afuera, el calor no había cedido. Pero adentro de esa sala, algo se había movido.
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