El sol podría salir igual sobre las aguas turquesas de Tulum, pero para muchos locales, llegar a la playa ahora se siente como allanar un inmueble.

Esta semana, después de una tensa reunión de tres horas entre residentes frustrados y representantes del gobierno, se firmó un pacto frágil pero histórico, o al menos se prometió sobre el papel. El objetivo: acceso libre e irrestricto a las playas de Tulum, un derecho que los locales dicen ha sido lentamente cercado, pavimentado y vendido al mejor postor.

En la mesa estuvieron algunos de los pesos pesados: el presidente municipal de Tulum Diego Castañón Trejo, la Secretaria de Gobierno de Quintana Roo Cristina Torres, y Juan Carlos Toledo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Por una vez, todos parecieron estar en la misma página, al menos retóricamente. El resultado: una promesa de legalizar la lucha. Un acuerdo escrito que serviría como compromiso formal para restaurar el acceso público.

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Pero aquí viene el detalle, las promesas son baratas. El papel, aún más barato.

Una línea en la arena, literalmente

El centro de la controversia es una ruta recién abierta desde el acceso del sur hacia Playa Mangle. Sobre el papel, es pública. En el terreno, se siente como un desvío a través de una jungla burocrática. Locales y funcionarios han acordado recorrerla juntos, literalmente, para trazarla y asegurarse de que todos entiendan qué significa "público" en realidad.

No es solo un paseo. Es una marcha simbólica por un derecho que ha sido erosionado por el desarrollo, comunidades cerradas y megaproyectos como el Parque del Jaguar, impulsado por Grupo Mundo Maya. Lo que una vez fue una costa abierta se ha convertido en un mosaico de señales privadas, cordones de terciopelo y amenazas veladas.

"La gente quiere sentir la arena bajo sus pies sin que le digan adónde puede o no puede ir", dijo un residente de Tulum que pidió no ser identificado por temor a represalias. "Esto es sobre dignidad. Sobre el hogar."

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Local residents sit and stand facing officials seated at a table during a community meeting in an indoor government or civic space

El bloqueo más largo

Apenas 24 horas antes de la reunión, la ciudad presenció su bloqueo de acceso a la playa más largo hasta la fecha. Los locales se reunieron bajo el sofocante sol de septiembre, con carteles, garrafas de agua y el uno al otro. La protesta no fue solo ruidosa, fue emocional.

Fue el tipo de reunión que no se puede descartar como "activismo". Fue una comunidad contando su propia historia, resistiendo en chanclas y pareos.

Un hombre, tal vez de 60 años, estuvo en silencio cerca del borde del grupo. "Yo solía pescar aquí cuando era niño", susurró. "Ahora tengo que pedir permiso."

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Ese momento dice más que cualquier comunicado de prensa.

Cristina Torres, Secretaria de Gobierno de Quintana Roo, se posicionó claramente con la gente, o al menos, así lo presentó.

"Estamos del mismo lado", le dijo a la multitud. "Queremos playas libres, solo orden. No estamos haciendo esto a tus espaldas, lo estamos haciendo de frente."

Sus palabras sonaron fuerte, tal vez hasta lista para redes sociales.

Pero aquí viene el susurro editorial entre líneas: cuando alguien dice "orden", normalmente significa condiciones. Y en Tulum, "condiciones" tiende a favorecer a los inversionistas, no a familias descalzas.

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Aún así, le doy crédito a Torres por haber establecido un camino legal. Se está preparando una solicitud formal a Conanp para asegurar servidumbres adicionales, caminos públicos que podrían abrir nuevas rutas hacia el mar. Conanp ya ha identificado un acceso así que, de acuerdo con los funcionarios, estará disponible durante todo el año sin cuotas.

Es algo. Pero ¿es suficiente?

Man with glasses and gray beard speaks into microphone at a table during what appears to be a public meeting or forum

Riviera Maya, costas desiguales

La situación en Tulum es apenas única. Across the Riviera Maya, from Playa del Carmen to the edges of Cancún, la privatización de playas se ha metido calladamente bajo la apariencia de "desarrollo". Quintana Roo, un imán global para el turismo de lujo, ha visto sus activos naturales replanteados como experiencias premium.

Pero a diferencia de la zona hotelera de Cancún o las playas llenas de antros de Playa, Tulum siempre ha comerciado con una moneda diferente: autenticidad. Vibes de jungla, retiros de bienestar, elegancia descalza. Es irónico, entonces, que el mismo corazón de Tulum esté siendo disputado por las mismas fuerzas que una vez afirmó resistir.

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The Tulum Times ha cubierto esta tensión creciente durante meses, documentando cómo la costa una vez abierta ahora está salpicada de puertas custodiadas y exclusión silenciosa. Los residentes no solo están enojados. Están cansados de que les digan que caminen alrededor de su propio hogar.

¿Qué está en juego ahora?

La próxima fecha clave es el 5 de septiembre, cuando las partes se reúnan nuevamente para avanzar la formalización legal. Si esto es la primera página de un nuevo capítulo o solo más trámites burocráticos queda por verse.

Pero una cosa es segura: la gente está observando. Y caminando. Y bloqueando caminos si es necesario.

En el fondo, esto no es solo sobre acceso a la playa. Es sobre qué tipo de lugar quiere ser Tulum. Quién puede vivir aquí, quién puede visitarlo, y quién puede tocar el mar sin pagar un plus.

Como escribió un manifestante en un cartón: "El mar no se vende."

Que sea esa la nota principal.

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