Llegan con sed de sol y una amabilidad encantadora, cambiando sus abrigos de invierno por camisas de lino y amplias sonrisas. Desde las gélidas extensiones de Alberta hasta los rascacielos de Toronto, los viajeros canadienses han duplicado discretamente su presencia en Quintana Roo en los últimos dos años. Este verano, representan el 15,5 % de todos los turistas internacionales que ingresan al estado, un aumento considerable respecto al 8,5 % de hace poco tiempo.

Es un aumento silencioso, sí. Pero bajo esa calma, se está gestando una transformación.

Una nueva migración norte-sur: Canadá al Caribe mexicano

En el ámbito cauteloso y basado en datos de la planificación turística, un aumento del 82 % en el número de visitantes canadienses en dos años no es poca cosa. Es un repunte que llama la atención, provoca reasignaciones presupuestarias y da pie a más de una videollamada de celebración.

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Para Enrique Rodríguez Luna, la voz veterana de la Asociación de Hoteles de Tulum, estas cifras no solo representan una promesa económica, sino que también sugieren una reorientación cultural. Tan solo en junio, los turistas canadienses representaron el 11,4% del total de llegadas internacionales, lo que supone un aumento del 36% con respecto al año anterior.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante: no se trata solo de cócteles tropicales y tumbonas. Rodríguez Luna cree que hay una corriente más profunda que atrae a los canadienses hacia el sur, una corriente teñida de descontento político.

Política y preferencias: El factor inesperado

Sí, política.

Según Rodríguez Luna, las recientes tensiones políticas en Estados Unidos han llevado a muchos canadienses a reconsiderar sus destinos vacacionales habituales. «La situación política actual ha provocado que muchos canadienses cancelen sus planes en Estados Unidos», señala. «Eso nos abre las puertas, no solo para recibirlos, sino para ofrecerles una experiencia que los motive a regresar».

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Es un cambio sorprendente. Donde antes los turistas invernales solían ir a Florida o California, ahora optan por atardeceres en la Riviera Maya y baños en cenotes. Menos debates divisivos, más brisa marina.

Vuelos directos e intenciones directas

La ideología puede ser la chispa, pero la logística es el combustible. Los vuelos directos entre las principales ciudades de Canadá (Toronto, Montreal, Vancouver) y las soleadas pistas de Cancún y Tulum se han vuelto más frecuentes, más asequibles y más eficientes.

No se trata de un flujo constante de clientes. Son canales bien definidos, reforzados por una planificación estratégica y un marketing oportuno.

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Gran parte de este esfuerzo proviene del Consejo para la Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ), liderado por Andrés Martínez Reynoso. Las campañas de la agencia en Canadá han sido notablemente efectivas, y los datos lo confirman: muchos canadienses no solo están conociendo el destino, sino que se están comprometiendo con él.

Por qué la costa caribeña reina suprema

Entre los viajeros canadienses que visitan México, más de la mitad se dirigen directamente a la costa caribeña. Solo en 2024, esto representó 1,1 millones de pasajeros. Y si las tendencias se mantienen, o incluso se aceleran, las cifras de este año podrían superar esa cifra.

¿Por qué esta costa? Quizás sea la mezcla de misticismo maya y confort moderno. O el ritmo del Caribe en sí, que parece armonizar a la perfección con el alma canadiense: discreto, constante e infinitamente acogedor.

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Restricciones del espacio aéreo y creciente demanda

Sin embargo, no todo son buenas noticias. A medida que las aerolíneas reajustan sus flotas y priorizan las rutas de mayor demanda, la capacidad de asientos se reduce. Menos asientos significan menos oportunidades para los viajeros y menos ingresos turísticos.

Por eso Rodríguez Luna aboga por una rápida adaptación. «Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos en los mercados emergentes fuera de Estados Unidos y México», insiste. «Canadá es prueba de que funciona».

También observa con interés la situación en Brasil. Si se aprueban las visas electrónicas para ingresar a México, se podría abrir un nuevo segmento de viajeros y, con ello, una nueva ola de crecimiento turístico.

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Un sutil paraíso para el alma del norte

¿Qué es exactamente lo que llama a los canadienses aquí?

Quizás sea la promesa de belleza sin ostentación. O la sutil propuesta de una cultura que ofrece calidez sin exigencias. Quintana Roo no grita, susurra. Y para una nación que valora la humildad, ese tono es importante.

Por supuesto, los tacos y los cenotes tampoco vienen mal.

Pero en esencia, se trata de una conexión. Los canadienses encuentran en Quintana Roo algo que no solo les resulta relajante, sino también acertado. Familiar por su amabilidad, diferente en todos los aspectos importantes.

De cara al futuro: ¿Se convertirá Quintana Roo en una tradición invernal canadiense?

Si la infraestructura se desarrolla al ritmo del auge turístico y si el cielo permanece despejado, Quintana Roo podría dejar de ser solo un destino estacional. Podría convertirse en una cita ineludible en el calendario turístico canadiense, un ritual tan predecible como la caída del primer copo de nieve o el último partido de hockey de la temporada.

En un mundo de fronteras y lealtades cambiantes, ese tipo de coherencia es poco común. Y quizás, precisamente por eso, resulta aún más valiosa.

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