¿Qué se necesita para mantener el paraíso funcionando? En Tulum, la respuesta rara vez es simple, pero cada vez más, se reduce a una palabra: unidad.

El turismo, la sangre vital económica de esta zona de Quintana Roo, ya no es un juego de individuos o sectores aislados. Según David Ortiz Mena, Presidente del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano, el futuro de miles de familias locales está vinculado a qué tan bien los funcionarios gubernamentales, líderes empresariales y ciudadanos comunes pueden tirar hacia la misma dirección. "Hay muchos retos", dijo recientemente, "pero lo que importa es trabajar en unidad".

No fue solo un eslogan. Ortiz Mena hizo la observación después de asistir al más reciente informe de gobierno del Presidente Municipal Diego Castañón Trejo, donde, notablemente, el sector hotelero fue reconocido públicamente por su cooperación, especialmente en la lucha contra el monstruo que regresa cada verano: el sargazo.

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Contexto y tensiones crecientes en el paraíso

Tulum nunca ha sido solo playas. Se trata de equilibrio, entre el crecimiento y la sustentabilidad, entre el lujo y la accesibilidad, entre el desarrollo y los frágiles ecosistemas que atraen a los turistas en primer lugar. En los últimos años, ese equilibrio se ha vuelto más inestable. Los visitantes llegan por aguas turquesas pero se van con fotos de mareas marrones. Los locales sueñan con movilidad económica pero enfrentan costos disparados e infraestructura limitada. Los negocios prosperan en temporada alta pero se preparan durante caídas, como el verano pasado.

Ortiz Mena no lo endulzó. La baja temporada fue brutal. Los números de visitantes cayeron. Los niveles de sargazo alcanzaron cinco veces la cantidad usual. Los costos de limpieza se dispararon. Aun así, el optimismo persiste. Conforme se acerca el invierno, los hoteleros apuestan por la recuperación y esperan que noviembre marque el comienzo de un repunte. "Esperamos alcanzar ocupación similar a la de 2024", dijo Ortiz Mena, "pero eso depende de que todos hagan su parte. Los turistas deberían irse con fotos de playas limpias y recuerdos positivos, no con imágenes de los problemas que enfrentamos hace meses".

Estrategias de seguridad dando resultados

La seguridad es el otro elefante en la sala, y Tulum intenta domarlo. El plan de seguridad multiparte del gobierno municipal comienza a mostrar resultados. Iniciativas como Blindaje Tulum, la formación de la Policía Ejecutiva y el próximo lanzamiento de la Policía Turística señalan un compromiso de cambiar la narrativa.

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Tulum no es Cancún, aún, pero está aprendiendo de sus vecinos. Donde Playa del Carmen luchó contra el derrame del crimen organizado, Tulum actúa de manera preventiva, al menos por ahora. Estas estrategias quizá no sean perfectas, pero están atrayendo elogios cautelosos del sector empresarial. Ortiz Mena reconoció el progreso, mientras mantenía que la seguridad no es solo un tema de policía, es sobre proteger toda la experiencia turística.

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David Ortiz Mena, Presidente del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano.

Convertir una carga en oportunidad: el cambio del sargazo

La crisis del sargazo se ha convertido en la tormenta estacional que los locales no pueden predecir pero siempre deben prepararse. Este año, la plaga flotante cubrió las playas en volumen sin precedentes. Pero Ortiz Mena ofreció un raro destello de esperanza: ¿y si el sargazo no fuera solo un problema, sino parte de la solución?

"Hay potencial para convertir un pasivo en un activo", señaló, refiriéndose a esfuerzos emergentes para comercializar el alga. Si los emprendedores locales y las autoridades pueden encontrar formas de monetizar el sargazo, convirtiéndolo en fertilizante, empaque, incluso biocombustible, entonces su recolección se convierte en un incentivo empresarial, no solo en un costo municipal. Ese cambio podría redefinir cómo Tulum maneja sus amenazas ecológicas.

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Un punto crítico de frustración

Pero no todos los asuntos se están manejando sin problemas. ¿Uno de los últimos puntos de fricción? Parque Nacional del Jaguar. La zona de conservación abierta recientemente ha provocado indignación pública debido a reglas de acceso poco claras y estructuras de cuotas conflictivas.

Para muchos tulumenses, el parque representa tanto un santuario ambiental como una fuente potencial de ingresos. Aun así, la confusión sobre quién controla qué y cuánto cobran, ha dejado frustrados tanto a locales como a turistas. Ortiz Mena no eludió el asunto. "Es un espacio que genera ingresos para cientos de familias de Tulum", dijo, "pero la transparencia debe estar garantizada. Lo que no debe suceder es bloquear caminos y perturbar el turismo".

Detrás del lenguaje corporativo, una preocupación real hierve. Si los locales se sienten excluidos de los beneficios, el descontento crece. Y el descontento, en un pueblo turístico, es veneno.

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Un momento de ajuste de cuentas, u oportunidad

Los dolores de crecimiento de Tulum están lejos de terminar. Pero en medio de dolores de cabeza logísticos y problemas ambientales, una verdad sigue saliendo a la superficie: nadie puede hacer esto solo. Desde limpiadores de playas hasta dueños de complejos de lujo, desde guías de turistas hasta policías de tránsito, el tejido de la industria turística de Tulum está cosido por el esfuerzo colectivo.

No hay una solución milagrosa. Pero podría haber algunos aspectos positivos, si la ciudad apuesta por la colaboración sobre el conflicto.

"La unidad ya no es opcional", insinuó Ortiz Mena. "Es supervivencia".

Y eso, quizá, es el mensaje más urgente de esta esquina bañada por el sol de la Riviera Maya.

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¿Cómo crees que Tulum debe equilibrar su floreciente turismo con las necesidades locales y los límites ambientales?