En un tramo de costa abrasado por el sol que antaño prometía acceso libre y prosperidad para la comunidad, algo se está rompiendo.

Este domingo 31 de agosto, a las 10 de la mañana en punto, las cuatro entradas principales a la Zona Arqueológica de Tulum estarán bloqueadas. No por la naturaleza, sino por su gente. Una coalición de residentes, pequeños comerciantes y proveedores de servicios turísticos, exhaustos, exasperados y cada vez más excluidos, paralizarán el tráfico en señal de protesta.

¿El blanco de su furia? Grupo Mundo Maya (GAFSACOMM), la empresa detrás del ambicioso pero cada vez más controvertido Parque del Jaguar. Un proyecto que alguna vez fue aclamado como un referente del ecoturismo ahora es culpado de la asfixia económica y la división social.

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“Estamos hartos”, se lee en el hilo de chat de la comunidad. “We are fed up.”

Cuando el acceso se convierte en exclusión

En un principio, la promesa era sencilla: los residentes locales mantendrían el acceso libre a las playas y parques que rodean las ruinas históricas de Tulum. Pero, según muchos, esa promesa se ha incumplido discretamente.

Grupo Mundo Maya, designado por el gobierno federal para administrar el Parque del Jaguar, ahora es acusado de imponer tarifas de acceso y controles de seguridad que no solo afectan los bolsillos, sino que también fracturan la identidad misma del pueblo. Los lugareños hablan de un cambio gradual, de espacio público a producto privado, de orgullo comunitario a control corporativo.

“No nos iremos hasta que se eliminen las tarifas injustas que se aplican a nuestro turismo”, declararon sin rodeos los organizadores de la protesta.

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La protesta no es espontánea. Es una reacción largamente gestada contra un modelo que, según muchos, beneficia más a los forasteros que a los habitantes de Tulum. Los residentes de la Riviera Maya, especialmente de municipios más pobres como Felipe Carrillo Puerto, enfrentan costos de entrada más altos que incluso algunos turistas internacionales. La palabra "discriminación" aparece ahora con frecuencia en las conversaciones sobre el acceso.

The Jaguar Bites Back as Tulum’s Tourism Model Faces Growing Backlash - Photo 1

La vista desde el asiento del conductor

Moisés Pool Quijano conoce bien estas carreteras. Como jefe de la sección local del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte (UNTRAC), ha escuchado las quejas de sus pasajeros, muchos de ellos procedentes de Cancún o Playa del Carmen.

«Los visitantes nos dicen directamente lo desagradable que es», afirma. «Demasiadas tarifas. Demasiadas barreras. Ya no es el Tulum que esperaban».

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El sector del transporte, ya de por sí saturado, ha visto disminuir la demanda, pues cada vez menos turistas optan por soportar el laberinto de controles y los costes asociados a un simple día de playa. La UNTRAC se ha sumado al movimiento y se ha comprometido a participar pacíficamente en la protesta del domingo.

No se trata solo del acceso a la playa. Se trata del sustento de la gente. Desde guías turísticos hasta vendedores de tacos, desde tiendas de artesanía hasta cooperativas náuticas, las repercusiones de las políticas del Parque del Jaguar se sienten en todos los sectores de la economía local.

The Jaguar Bites Back as Tulum’s Tourism Model Faces Growing Backlash - Photo 2

Una guerra silenciosa por el espacio público

Si bien la retórica oficial ensalza el “desarrollo sostenible”, muchos lugareños perciben una realidad muy distinta. La transformación de la costa de Tulum en una experiencia mercantilizada, donde la belleza natural tiene un precio, se siente para algunos como una traición.

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El alcalde Diego Castañón, apartándose de la línea política habitual, se ha hecho eco públicamente de estas preocupaciones. Criticó el aumento de los precios en las zonas costeras, afirmando que están "alejando a los turistas en busca de destinos más libres".

Y así es. Los viajeros ahora hablan de Bacalar con nostalgia. De Holbox con esperanza. Lugares donde el paraíso aún no ha sido cercado ni su precio se ha vuelto prohibitivo.

La pregunta que resuena en los grupos de WhatsApp y en las esquinas de las calles de Tulum es inquietante pero clara: ¿Para quién es Tulum?

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Un pueblo traza la línea

Los organizadores de la protesta no piden lujos ni privilegios. Piden respeto, inclusión y el retorno a la gestión compartida de la tierra. El bloqueo es su manera de marcar un límite, literalmente.

Este domingo, cuando los camiones hagan fila en las entradas, el mensaje será claro e inequívoco: la comunidad se niega a ser cómplice silenciosa de su propio desplazamiento.

Hay ironía en todo esto. Un parque que lleva el nombre del jaguar, ese antiguo símbolo de fuerza y protección, se ha convertido en una brecha entre la gente y el lugar que han protegido durante generaciones.

Tulum Commercial Rental Prices Soar, Emptying Jaguar Park Shops

Contexto: No es solo un problema de Tulum

Lo que está ocurriendo en Tulum no es un caso aislado. En todos los corredores turísticos de México, desde los megaresorts de Cancún hasta los enclaves bohemios de Sayulita, aumentan las tensiones sobre quién se beneficia del desarrollo.

La Riviera Maya, célebre por su mezcla de misticismo y modernidad, se encuentra ahora en una encrucijada. El crecimiento es inevitable. Pero el crecimiento sin equidad es simplemente explotación.

El Parque del Jaguar puede ser el punto álgido, pero el problema de fondo es un patrón de decisiones impuestas desde arriba que ignoran las voces locales en favor de comunicados de prensa bien elaborados y estadísticas de visitantes infladas.

Como dijo un vendedor artesano: "Cuentan a los turistas, pero no a la gente que vive aquí".

¿Qué está en juego?

El motor turístico de Tulum está flaqueando, no por falta de interés, sino por fricciones políticas y un creciente resentimiento. Si los visitantes se sienten presionados y los locales excluidos, es muy probable que la gallina de los huevos de oro se vaya a otro lugar.

Proyectos como el Parque del Jaguar podrían representar un futuro prometedor para el ecoturismo. Pero solo si ese futuro incluye a quienes sentaron las bases del encanto de Tulum.

Hasta entonces, este domingo no solo habrá retrasos en el tráfico, sino que habrá consecuencias.

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¿Crees que el desarrollo turístico en Tulum está beneficiando a las personas adecuadas o está dejando de lado a los lugareños?