Es difícil no ver la multitud en las ruinas de Tulum una mañana cualquiera. Turistas con la piel brillante por el sudor recorren el sendero costero, tomándose selfies con fondos turquesa, murmurando sobre dioses mayas y subtítulos para Instagram. Pero últimamente, las cifras cuentan una historia diferente, y no cuadran.
En el primer semestre de 2025, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que la Zona Arqueológica de Tulum recibió 628.000 visitantes. Esta cifra es considerable, con un promedio de más de 100.000 visitantes mensuales, lo que refleja la importancia del sitio como pilar cultural y económico de la Riviera Maya. Pero llegó julio. Y con él, la confusión.
Según la Secretaría Federal de Turismo (Sectur), de enero a julio, Tulum registró tan solo 93,000 visitantes. El mismo documento indica que Chichén Itzá recibió 1.4 millones de visitantes y Teotihuacán (junto con su museo) 995,000. En conjunto, estos tres sitios representaban más de la mitad del turismo arqueológico del país. Sin embargo, ¿cómo es posible que Tulum, supuestamente una de las ruinas más visitadas de México, experimente una asombrosa caída de más de medio millón de visitas en tan solo un mes?
Los números no cuadran. Incluso bajo las suposiciones más optimistas, las cifras se contradicen. Algo no funciona bien.

Niebla estadística en la Riviera
Hay dos maneras de interpretar esto. O bien el informe de julio condensó siete meses de datos en una cifra extrañamente baja, una caída improbable, o bien solo en julio hubo apenas 93.000 visitantes, lo que significa que entraron 11.667 personas menos en comparación con el promedio mensual.
Esta última posibilidad abre otra línea de investigación. Julio coincidió con el aumento de las tensiones por el acceso al recién creado Parque del Jaguar, una extensa reserva ecológica que ahora controla la entrada a la zona arqueológica. Guías locales, vendedores y operadores turísticos han alzado la voz: los obstáculos administrativos y los cambios en las políticas de acceso han desalentado tanto a los viajeros independientes como a los autobuses turísticos.
Para un sitio que normalmente depende del flujo de visitantes, incluso una pequeña disminución genera un efecto dominó. Menos venta de boletos. Menos tacos se venden en la entrada. Menos hamacas ocupadas en los hoteles boutique cercanos. Es un efecto en cadena que afecta a casi todos los integrantes del ecosistema turístico de Tulum.

“No tiene sentido a menos que estés aquí”
Mario, un guía de tercera generación que lleva recorriendo las ruinas de Tulum desde que tenía diez años, no necesita una hoja de cálculo para ver la diferencia.
“Julio se sintió extraño”, dice, mientras observa a un pequeño grupo abandonar el lugar alrededor del mediodía. “Normalmente, a estas alturas ya he hecho tres visitas guiadas. ¿Hoy? Solo una. Y no es el calor, es otra cosa”.
Él atribuye la confusión con la entrada al Parque del Jaguar. “Nadie sabe adónde ir. No hay señalización clara y, a veces, dicen que está cerrado. Una familia española caminó dos kilómetros solo para que les dijeran que estaban en el lugar equivocado”.
Es el tipo de frustración que no se refleja en los gráficos gubernamentales, pero que se manifiesta a diario en la vida cotidiana.

Datos vs. realidad: ¿Una desconexión nacional?
No es la primera vez que las cifras de turismo en México resultan poco claras. La gestión descentralizada de los sitios patrimoniales del país implica que los datos pueden presentarse de forma diferente según quién esté a cargo y cómo se contabilicen. Si a esto le sumamos los nuevos límites de los parques, las políticas de acceso cambiantes y la influencia de la política nacional, obtenemos lo que parece ser una contradicción estadística.
Cabe destacar que la secretaria federal de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, se mantiene optimista. «Estos espacios… promueven el desarrollo sostenible y ofrecen experiencias únicas», señaló en el comunicado de julio, haciéndose eco del mandato más amplio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo de democratizar los beneficios del turismo.
Es una buena intención. Pero cuando las cifras no cuadran, la confianza puede erosionarse, y en un destino turístico como Tulum, la percepción lo es todo.
La sombra de los grandes actores
Tulum no es el único destino que enfrenta dificultades. Chichén Itzá, con más de 1,4 millones de visitantes en el mismo período, sigue acaparando la mayor parte de la atención turística. Su infraestructura cuenta con mejor financiación. Sus accesos están mejor señalizados. Y su imagen sigue siendo icónica.
Teotihuacán también se beneficia de su proximidad a la capital, a la que se puede llegar fácilmente en una excursión de un día desde la Ciudad de México, donde las conferencias internacionales y los viajes nacionales mantienen un flujo constante de visitantes.
Tulum, por su parte, vive al límite, tanto geográfica como administrativamente. Su combinación de turismo de playa, activismo ecologista y un sector inmobiliario en rápida expansión la ha llevado a transitar entre múltiples identidades. ¿Es un refugio espiritual? ¿Un centro de lujo? ¿Un campo de batalla para la conservación?
Quizás esta confusión estadística sea solo otro síntoma de sus problemas de crecimiento.

El costo humano de la confusión
Para vendedores locales como Rosa, que vende pulseras hechas a mano cerca de la entrada, la crisis es más que un simple problema burocrático. Es una pérdida de ingresos. «Algunos días no vendo nada. No es solo que haya menos gente, sino que se les ve confundidos, cansados. No se quedan mucho tiempo», dice con voz monótona.
El turismo puede ser la gallina de los huevos de oro de México, pero cuando flaquea, aunque sea brevemente, quienes más lo sufren son los más vulnerables. Una caída de 11.000 visitantes en un mes no es solo una estadística. Significa miles de comidas que no se compran, taxis que no se toman, guías turísticos que no se contratan.
Lo que realmente está en juego
La clave de esta historia no reside en las cifras, sino en la claridad, el acceso y la confianza. Si los visitantes no saben por dónde entrar o si la información es confusa, la experiencia se resiente, y Tulum no puede permitirse eso.
Esta ciudad ya se enfrenta al peso del turismo masivo, la gentrificación y la fragilidad de sus ecosistemas. Si a esto le sumamos la burocracia, el futuro se vuelve aún más incierto.
Como The Tulum Times ha documentado repetidamente, el éxito de la región depende del equilibrio: entre crecimiento y conservación, entre políticas nacionales y necesidades locales. Y sí, entre datos precisos y la experiencia vivida.
Para que Tulum prospere, y no solo sobreviva, necesita algo más que turistas. Necesita transparencia, confianza y un liderazgo que vea más allá de las cifras.
Nos encantaría conocer tu opinión. Únete a la conversación en las redes sociales de The Tulum Times.
¿Crees que la disminución de visitantes en Tulum se debe a un error en los datos o al inicio de algo más grave?
The Tulum Times · Newsletter
La nota sigue en tu correo.
Lo esencial de Tulum y contexto local, un par de veces por semana. Gratis.
No spam · Unsubscribe anytime · 100% free
Tulum Cenotes, Ruins, and Practical Visitor Guides
Guides, access updates, regulations, and practical planning around cenotes and the Tulum archaeological zone.
Apoyá a The Tulum Times
El periodismo independiente lleva tiempo y recursos. Si esta nota te sirvió, considerá apoyar nuestro trabajo.
Buy us a taco 🌮“The best journalists reporting from paradise, highlighting the heroes that keep Tulum the most beautiful place in the world! THANK YOU!”







