Cuando los números empezaron a caer, la mayoría de funcionarios en Tulum guardaron silencio. No así Eugenio Barbachano Losa. El quinto regidor del municipio se presentó ante el cabildo esta semana y dijo lo que muchos susurran en privado pero pocos se atreven a admitir en público: los mismos proyectos que debían rescatar a Tulum podrían estar hundiendo la ciudad.
Sus comentarios llegaron durante la sesión de aprobación de un nuevo crédito por 76 millones de pesos, un reflejo de las estrategias de financiamiento de administraciones anteriores. Pero para Barbachano, el verdadero problema no es la deuda. "Esos créditos no son nada nuevo", dijo. "Lo urgente es atacar lo que está acabando silenciosamente con la economía de Tulum".
Una crisis oculta a la vista de todos
¿La acusación más atrevida de Barbachano? La mala administración del Parque del Jaguar, antes conocido como Parque Nacional Tulum, es directamente responsable de una caída de entre 50 y 60 por ciento en el número de visitantes a la icónica zona arqueológica.
No es un error de tipografía.
La mitad del flujo de visitantes se ha ido, advirtió, y no porque los viajeros hayan perdido interés. "La forma en que se está manejando el acceso dentro de los límites del parque está alejando a los visitantes", afirmó Barbachano. The Tulum Times confirmó que la zona ahora forma parte del área de parque protegido, donde la logística de entrada se ha vuelto cada vez más opaca y restrictiva.
Compara esto con los esfuerzos de hoteleros y restauranteros locales, especialmente en la zona costera sur. Barbachano elogió su trabajo práctico en mantener a Tulum a flote, destacando su compromiso de recibir a los huéspedes sin los trámites burocráticos que parecen afectar las iniciativas públicas. "Con ellos, no hay necesidad de pedir credencial de elector porque directamente no hay caseta de control", comentó, un golpe certero contra el control tanto literal como institucional.
El peso de los megaproyectos federales
Pero Barbachano no se detuvo ahí.
Señaló a dos gigantes federales que se ciernen sobre la región: el tan promocionado Tren Maya y el recién inaugurado Aeropuerto Internacional de Tulum. Ambos fueron diseñados para traer una nueva era dorada de turismo. En cambio, podrían estar generando más ruido que resultados.
"Más de 600 mil millones de pesos se han invertido en el Tren Maya", observó Barbachano, "pero aún no está claro si el retorno justifica el costo". Mientras tanto, el aeropuerto, localizado no en Tulum sino en Felipe Carrillo Puerto, ya enfrenta críticas por su ubicación y falta de transporte terrestre asequible. Los turistas que llegan ahí no se encuentran con facilidad, sino con dolores de cabeza logísticos.
"Estos son los temas que nadie quiere tocar", dijo Barbachano sin ambages. "Pero los números están ahí. El Parque del Jaguar, el Tren Maya, el aeropuerto, no están funcionando".
¿Qué pasa cuando el único motor de Tulum falla?
El turismo no es una de las industrias de Tulum. Es la industria.
Sin él, la ciudad no respira.
Las declaraciones de Barbachano adquieren mayor peso porque llegan en un momento en que tanto la alta como la baja temporada están por debajo de lo esperado. Las temporadas bajas se sienten más largas. Las temporadas altas no repuntan. Los negocios que alguna vez prosperaban todo el año ahora se cierren a través de semanas vacías.
Un restaurantero cerca de la entrada a Sian Ka'an, quien pidió no ser identificado, compartió cómo su cocina familiar solía tener tres turnos completos cada noche. Ahora, en muchas noches, ni siquiera llenan la mitad de las mesas.
"Este lugar fue imparable", dijo. "Ahora nos preguntamos si sobrevivirá otro año".
Un llamado a cambiar el rumbo
No todo fueron malas noticias. El discurso de Barbachano incluyó una petición dirigida al público, al gobierno y a sus compañeros regidores para reevaluar la trayectoria. Para dejar de impulsar los megaproyectos como la única solución. Para volver a lo que hizo a Tulum magnético en primer lugar: acceso fácil a la naturaleza, cultura local dinámica y turismo impulsado por la comunidad.
No propuso desmantelar los grandes esfuerzos federales. En cambio, sugirió repensar su rumbo. "Necesitamos dejar de pretender que todo está bien solo porque está financiado federalmente", dijo. "Eso no es rendición de cuentas. Eso es negación".
Hay un valor discreto en nombrar los problemas que otros evitan. Y la voz de Barbachano, aunque lejos de ser la más fuerte en la sala, podría ser la que finalmente obligue a Tulum a mirarse al espejo.
El camino por delante
La advertencia de Barbachano podría no arreglar los bordes desmoronados de la economía de Tulum de la noche a la mañana. Pero expone una verdad que ha estado creciendo durante años: los proyectos de infraestructura relucientes no salvarán un destino si alejan a la gente de la que depende, tanto turistas como locales.
Si Tulum quiere recuperar la energía que alguna vez la convirtió en uno de los destinos más codiciados de México, tal vez tenga que volver a sus raíces. Menos concreto. Más conexión. Menos control. Más comunidad.
Porque cuando la temporada termina y las multitudes desaparecen, lo que queda es el alma de la ciudad. Y esa alma, por ahora, se siente herida.
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