Esta mañana se produjo otro accidente de tránsito en la Avenida Cobá, justo enfrente de Chedraui, una de las intersecciones más transitadas de Tulum. Una mujer que conducía una motocicleta fue atropellada por un vehículo que se encontraba debajo de un semáforo que, según lo observado por residentes y conductores habituales, había sido instalado hacía poco tiempo, funcionó brevemente y luego dejó de funcionar.

Lo que ocurrió allí fue grave, pero no inusual. Precisamente eso es lo que hace que la situación sea más preocupante.

En Tulum, los incidentes de tránsito ya no se consideran sucesos aislados ni consecuencias inevitables de una ciudad en transición. Se han convertido en parte de un patrón más amplio vinculado al rápido crecimiento, la deficiente planificación vial, el mantenimiento inadecuado, el control de tránsito inconsistente y la falta de condiciones seguras para conductores, ciclistas, motociclistas y peatones por igual.

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Ya no se trata solo de un problema de congestión. Es una crisis de movilidad urbana más amplia, cada vez más difícil de ignorar porque sus consecuencias ya son visibles en la vida cotidiana.



La Avenida Cobá como síntoma de un fracaso mayor.

La intersección cercana a Chedraui se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de la fragilidad del tráfico en Tulum. En ella circula constantemente una mezcla de vehículos particulares, camiones, taxis, motocicletas, bicicletas, vehículos de reparto y peatones. Por un breve instante, la instalación de un semáforo dio la impresión de que se había reconocido la magnitud del problema. Pero en cuanto dejó de funcionar, el caos regresó casi de inmediato.

Tulum’s Growth Has Outpaced the Safety of Its Streets - Photo 1

El problema no radica únicamente en que un semáforo haya fallado, sino en lo que revela esa falla. En una de las intersecciones más transitadas y conflictivas de la ciudad, ni siquiera un esfuerzo básico por restablecer el orden ha sido suficiente para marcar una diferencia significativa.

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Para muchos de los que transitan por Tulum a diario, el accidente en la Avenida Cobá no fue una excepción. Fue un ejemplo más de un problema que se ha convertido en parte del ritmo habitual de la ciudad.



Esquinas peligrosas y respuestas improvisadas

Las mismas preocupaciones se observan en otras zonas de la ciudad. La intersección de Kukulkán y Juanek es otro punto de alto riesgo, especialmente por la velocidad a la que suelen circular los vehículos procedentes de la zona hotelera. Es una de las varias áreas donde conductores, motociclistas, ciclistas y peatones deben sortear el espacio con escasa orientación y poca protección visible.

En lugares como este, la respuesta más común ha sido la instalación de badenes agresivos. Estos badenes pueden reducir la velocidad, pero a menudo lo hacen de forma brusca. Los coches se sacuden, las motocicletas pierden estabilidad, las bicicletas se ven obligadas a realizar maniobras incómodas y la calle se vuelve más peligrosa en lugar de más segura.

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Eso forma parte de la preocupación general. En demasiados casos, las soluciones parecen reactivas en lugar de planificadas. Se implementan medidas, pero a menudo se perciben desvinculadas de una estrategia más amplia sobre cómo debería funcionar realmente el tráfico en Tulum.

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Una ciudad en crecimiento sin una orden de circulación clara

Tulum ha crecido rápidamente, pero su infraestructura vial no ha evolucionado al mismo ritmo. El volumen de tráfico ha aumentado, los barrios se han expandido y el número de residentes, trabajadores, turistas, proveedores y vehículos de servicio que transitan por la ciudad a diario sigue en aumento. Sin embargo, muchos de los elementos más básicos de la organización vial aún faltan o están incompletos.

En muchas calles, las marcas viales están descoloridas o ausentes. La señalización direccional es escasa. A menudo, es difícil encontrar los nombres de las calles. Para quienes no conocen la ciudad, esto genera confusión inmediata. Los conductores entran en calles de sentido único en dirección contraria. Los vehículos se detienen bruscamente para orientarse. Los ciclistas realizan giros de último momento. En estas condiciones ya de por sí tensas, estos no son inconvenientes menores; son factores de riesgo directos.

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El problema se agrava aún más al considerar a los peatones. En muchas zonas de Tulum, las aceras están incompletas, bloqueadas, son demasiado estrechas o simplemente inexistentes. Residentes, trabajadores y visitantes suelen caminar por el borde de calles transitadas o directamente sobre la calzada, compartiendo espacio con coches, motocicletas, bicicletas y camiones. Esta práctica se ha vuelto tan común que corre el riesgo de ser aceptada como algo normal, aunque claramente no debería serlo.



Calle 7 en La Veleta y las consecuencias de una mala ejecución

Si hay una calle que refleja las consecuencias de una mala planificación y una ejecución deficiente, esa es la Calle 7 de La Veleta. Lo que antes era una vía amplia y transitada por donde vehículos, bicicletas, motocicletas y peatones podían circular con relativa facilidad, se ha vuelto cada vez más difícil de transitar con seguridad.

Se añadieron jardineras a los lados, reduciendo el ancho útil de la carretera hasta el punto de que en algunos tramos apenas cabe un solo coche. Esta decisión alteró la función básica de la calle. Los coches y las motocicletas ya no pueden cruzarse con comodidad, la circulación se ralentiza, se forman atascos y el tráfico habitual se vuelve más tenso y peligroso.

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El estado del pavimento ha empeorado la situación. Tras las obras de tuberías subterráneas realizadas el año pasado, la superficie de la carretera se rompió y posteriormente se reparó de tal manera que el tramo central quedó irregular, áspero y difícil de transitar, especialmente para motocicletas y bicicletas. Sumado a los vehículos estacionados, la falta de aceras y el reducido espacio creado por las jardineras, la Calle 7 se ha convertido en un ejemplo cotidiano de cómo una calle concurrida puede transformarse en un corredor de fricción y riesgo.

No se trata simplemente de una calle en mal estado. Es un caso de estudio sobre lo que sucede cuando se realizan intervenciones sin prestar suficiente atención al uso real de la vía.



La zona hotelera y la imagen del destino

Los mismos problemas se extienden a la zona hotelera y a las avenidas que la conectan. La Avenida Kukulkán y algunos tramos de la carretera costera siguen presentando un grave deterioro, con baches, pavimento roto, depresiones abruptas y superficies irregulares que resultan especialmente peligrosas en las curvas y en zonas de baja visibilidad.

Para los residentes y trabajadores, estas carreteras forman parte de su vida cotidiana. Para los visitantes, también son parte de su experiencia directa del destino. El estado de estas rutas afecta más que la comodidad. Afecta la seguridad, la facilidad de desplazamiento y la posibilidad básica de acceder a una de las zonas más importantes de Tulum sin enfrentarse a peligros evitables.

Por la noche, el problema se agrava. En algunos tramos, la escasa iluminación pública dificulta la detección de daños en la carretera. Para ciclistas y motociclistas, especialmente para quienes no conocen la zona, la combinación de oscuridad, pavimento irregular y falta de protección crea condiciones propicias para que un obstáculo inesperado provoque rápidamente un accidente grave.

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Aplicación débil de la ley y riesgo normalizado

Sin embargo, la infraestructura es solo una parte del problema. La falta de vigilancia y control del tráfico, tanto visible como constante, también influye considerablemente en el desorden que se observa en las calles de Tulum.

Sigue siendo habitual ver a ciclistas circulando en sentido contrario al tráfico, tanto locales como visitantes, a menudo en carreteras que ya de por sí carecen de señalización clara o indicaciones de carril. En un entorno con calles estrechas, superficies irregulares y un volumen de tráfico cada vez mayor, este tipo de comportamiento reduce el tiempo de reacción y aumenta la probabilidad de colisiones.

El uso de motocicletas representa otra preocupación urgente. No es raro ver motocicletas con tres, cuatro o incluso cinco personas a bordo, incluyendo niños y bebés, a menudo sin casco. Estas escenas son habituales; se han convertido en parte de la vida cotidiana en Tulum, a pesar del evidente peligro que representan no solo para quienes las conducen, sino también para todos los demás usuarios de la vía.

También existen formas más antiguas de movilidad y comercio local que siguen presentes en una ciudad que ha cambiado drásticamente a su alrededor. Vendedores ambulantes que transportan comida y bebidas en carritos tirados por bicicletas aún circulan por algunas calles y avenidas, incluso cuando el tráfico se ha vuelto más rápido, pesado y complejo. El problema no radica en la existencia de ese trabajo, sino en que Tulum no ha adaptado sus calles para permitir que formas de movimiento muy diferentes coexistan de forma segura.

Esa falta de regulación y adaptación añade otra capa de imprevisibilidad a unas carreteras que ya están sometidas a mucha presión.

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Responsabilidad compartida en carreteras impredecibles

En una ciudad donde las carreteras siguen estando en mal estado y el tráfico aún se está adaptando al rápido crecimiento, evitar ciertos comportamientos no es solo una cuestión de cortesía, sino de seguridad. Gran parte del riesgo que se observa en las calles de Tulum proviene no solo de las deficiencias en la infraestructura, sino también de hábitos que aumentan la imprevisibilidad en condiciones ya de por sí frágiles.

Circular en sentido contrario al tráfico, incluso en distancias cortas, reduce el tiempo de reacción y crea situaciones para las que los demás usuarios de la vía no están preparados. En calles estrechas o mal señalizadas, esto se vuelve especialmente peligroso.

Sobrecargar las motocicletas, especialmente cuando se transportan varios pasajeros sin casco, aumenta significativamente la probabilidad de sufrir lesiones graves en caso de accidente. Esta es una de las prácticas más visibles y de mayor riesgo que se observan actualmente en la ciudad.

Conducir a gran velocidad por intersecciones sin una clara prioridad de paso, especialmente en zonas donde los semáforos no funcionan o no están en funcionamiento, contribuye a colisiones que a menudo se podrían evitar con una conducta más prudente.

Conducir sin prestar atención a la señalización, o sin ella, puede provocar frenazos bruscos, giros equivocados y maniobras erráticas que afectan a todos los usuarios de la vía. Ante la duda, reducir la velocidad suele ser la opción más segura.

Para ciclistas y motociclistas, circular por pavimento dañado, baches y superficies irregulares requiere atención constante. Por la noche, la escasa iluminación en algunas zonas dificulta la anticipación de estas condiciones, lo que aumenta la necesidad de reducir la velocidad y extremar las precauciones.

Ante la falta de aceras bien definidas, los peatones a menudo se ven obligados a caminar por la calzada. No tener en cuenta esta realidad, ya sea conduciendo demasiado rápido o sin prever la presencia de peatones, añade un riesgo adicional.

Las calles de Tulum son compartidas por una amplia gama de usuarios, desde vehículos pesados hasta bicicletas, patinetes y peatones. Mientras la infraestructura y la normativa no se adapten al ritmo de crecimiento, la concienciación individual sigue siendo una de las maneras más inmediatas de reducir riesgos y prevenir accidentes.

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Un problema de seguridad pública que requiere atención prioritaria

Lo que ocurre en Tulum no debe reducirse a una simple queja sobre el tráfico. Es un problema de seguridad pública. Afecta a la persona que se desplaza al trabajo en motocicleta, al peatón obligado a caminar por la calle, a la familia que recorre la ciudad con niños, al visitante que intenta orientarse por calles desconocidas y al ciclista que cruza baches al anochecer.

Cada una de estas situaciones puede parecer común vista por separado. Sin embargo, en conjunto, ofrecen una perspectiva más clara. Revelan una ciudad donde el riesgo vial se ha normalizado, mientras que las causas subyacentes siguen sin abordarse adecuadamente.

Tulum aún tiene tiempo para responder de manera más seria y coherente. Pero para ello se necesitará más que soluciones aisladas o medidas improvisadas. Se requerirán semáforos que funcionen correctamente, señalización más clara, infraestructura peatonal más segura, mejor mantenimiento de las carreteras, normas de circulación más estrictas y una aplicación más consistente de las normas básicas de seguridad.

Por ahora, la imagen sigue siendo difícil de ignorar: una mujer herida en la Avenida Cobá, su motocicleta en la acera, bajo un semáforo averiado. No es solo la imagen de un accidente. Es la imagen de un problema mayor que se ha ido gestando durante demasiado tiempo.

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