Bajo los apretones de manos y los discursos, algo más urgente resonaba en el aire de la costa: una pregunta que ha acosado a la Riviera Maya durante años, ¿quién se beneficia realmente del auge de Tulum?
Esta semana, durante una reunión de alto nivel que reunió a la Secretaria de Turismo de México, Josefina Rodríguez Zamora, la Gobernadora Mara Lezama, el Senador Eugenio Segura Vázquez, y voces clave del sector hotelero y turístico, los reflectores apuntaron directamente a esa misma pregunta.
Realizada en el corazón de Tulum, la mesa redonda fue menos ceremonia y más confrontación, con las complejidades de la prosperidad, el acceso y la sostenibilidad al descubierto.
El modelo turístico de Tulum bajo la lupa
La Gobernadora Lezama no anduvo con rodeos. "Nuestro objetivo es claro: consolidar un modelo de turismo con prosperidad compartida", dijo, de pie junto a líderes federales y locales. Puede sonar como jerga política, pero lo que realmente estaba pidiendo era un cambio de dirección: del turismo impulsado por ganancias a un modelo que traiga beneficios tangibles a trabajadores, residentes y al paisaje natural que hace que Tulum sea atractiva en primer lugar.
Tulum no sufre por falta de visitantes. De enero a septiembre, la localidad recibió más de 1.2 millones de turistas, con una ocupación hotelera promedio del 69%. Eso no es solo una temporada fuerte, es una declaración de resiliencia. Pero incluso estos números, por impresionantes que sean, cuentan solo parte de la historia.
Porque detrás de los lujosos ecohoteles y las fotos curadas para Instagram, muchos en Tulum aún luchan por acceder a empleos estables, playas públicas, infraestructura que funcione para los locales, no solo para turistas.
Fue aquí donde la reunión trazó sus líneas más nítidas. Uno de los compromisos más urgentes hecho durante la sesión fue acelerar el acceso público y ordenado a las playas, un punto de tensión en una región donde la privatización frecuentemente bloquea a residentes locales del litoral.

Desglose de los próximos pasos
La mesa estaba cargada de poder: los tres niveles de gobierno, dueños de hoteles y representantes turísticos. Pero la conversación no era solo abstracta. La Gobernadora Lezama esbozó frentes concretos donde la acción coordinada ahora está en movimiento:
- Movilidad y transporte: Un sistema de transporte caótico, frecuentemente desconectado e inconsistente, ha plagado durante mucho tiempo tanto a residentes como a visitantes. Mejorarlo no solo aliviará el tráfico, podría alterar fundamentalmente cómo experimentan las personas a Tulum.
- Diversificación de la oferta turística: Más allá de la fórmula de "sol y arena", los líderes impulsan destacar modelos de turismo cultural, ecológico y comunitario. Piensa en cenotes, patrimonio maya, artesanos locales, no solo bares de playa y spas boutique.
- Seguridad y manejo del sargazo: Dos desafíos perennes para Tulum. Aunque el sargazo, el alga marina que cubre las playas, tiene causas ecológicas más allá de Quintana Roo, su impacto es local e inmediato. Manejarlo sigue siendo crítico para mantener el atractivo turístico y la salud ecológica.
- Promoción turística con impacto social: La palabra de moda en esta reunión fue "equilibrio". Los líderes prometieron una versión de turismo que promueva no solo visitantes, sino dignidad para quienes trabajan detrás de escenas.
Como señaló el Senador Segura Vázquez durante las conversaciones, "La prosperidad generada por el turismo debe traducirse en bienestar real para todos". Es una cita que se lee como un manifiesto, y una que los trabajadores locales probablemente exigirán que cumplan los funcionarios.

¿Está Tulum haciendo las cosas de forma diferente?
En comparación con destinos vecinos como Cancún o Playa del Carmen, el crecimiento de Tulum siempre se ha sentido más improvisado, más salvaje, menos regulado, y frecuentemente más exclusivo. Donde Cancún siguió un camino rígido y planificado por el gobierno, Tulum creció en capas, moldeado por inversión extranjera, resistencia local y marca bohemia.
Ahora, este crecimiento espontáneo está alcanzando la capacidad de la localidad para proporcionar servicios, manejar tráfico y ofrecer espacio público. Así que mientras Cancún lucha con el exceso de turismo y Playa del Carmen pivota hacia desarrollo de uso mixto más diversificado, el desafío de Tulum es más fundamental: cómo crecer sin devorarse a sí mismo.
La respuesta de la administración actual parece estar en la coordinación. La Gobernadora Lezama enfatizó que el diálogo entre sectores y niveles de gobierno ya no es opcional, es el único camino hacia adelante.
Pero por todo el habla de coordinación y transformación, algunos silencios evidentes pesaban fuerte en la sala.
Residentes locales y dueños de negocios no pudieron dejar de notar que dos de los problemas más urgentes, el control mafioso del sindicato de taxis sobre transporte local y la corrupción policial endémica, nunca llegaron a la agenda.
Estas no son preocupaciones abstractas. Pregúntale a casi cualquiera intentando dirigir un negocio en Tulum, y escucharás la misma frustración: turistas acosados por taxistas agresivos, extorsionados por oficiales corruptos, o simplemente eligiendo otros destinos para evitar el caos.
Sin embargo, una vez más, la política miró hacia otro lado.
Sin mención, sin compromiso, sin plan, solo un vacío donde la responsabilidad debería haber estado. En una localidad donde todos conocen los nombres y las historias, la omisión habló más fuerte que cualquier promesa hecha.

La perspectiva de The Tulum Times: ¿Señales de un cambio?
Aunque esta última reunión podría no resultar en un cambio inmediato, sí envía una señal importante. Que el gobierno está poniendo atención. Que el acceso a playas públicas ya no es algo secundario. Que movilidad y sobredesarrollo finalmente están sobre la mesa, no como temas laterales, sino como centrales para el futuro de Tulum.
Y que The Tulum Times, haciendo eco de las preocupaciones de residentes y pequeños dueños de negocios, estará observando de cerca.
Esta reunión podría no ser revolucionaria. Pero podría ser un reinicio.
Y quizá, solo quizá, marca el comienzo de algo raro en el mundo del turismo: un destino dispuesto a poner personas antes que ganancias.

¿Qué sigue?
Por ahora, funcionarios prometen seguimiento. Hablan de trabajo en equipo, visiones compartidas e impacto real. Pero en un lugar donde los anuncios frecuentemente se reciben con escepticismo, solo resultados visibles cambiarán los corazones.
¿Veremos playas más accesibles en 2025? Una red de transporte más sostenible. Un modelo turístico que no solo deslumbre visitantes sino levante a los locales.
Las respuestas aún se están desarrollando. Y ahí es donde está la verdadera historia.
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