Ya no se trata solo de sol y arena. En Tulum, la pregunta de quién puede mojarse los pies en el Caribe se vuelve cada vez más enredada en política, normativas y ganancias.

La presidenta Claudia Sheinbaum no se anduvo con rodeos esta semana cuando advirtió que el acceso a las playas "no debe limitarse a quienes tienen medios económicos". Sus comentarios llegaron después de que el presidente municipal de Tulum, Diego Castañón, anunciara un conjunto de condiciones controvertidas bajo las cuales los visitantes podrían entrar a las playas del municipio, condiciones que han encendido el debate nacional y desatado acusaciones de privatización progresiva.

¿Un paraíso cercado?

Aunque la ley mexicana garantiza acceso público a las playas, la realidad sobre el terreno cuenta una historia diferente. En Tulum, muchas de las franjas costeras más hermosas están efectivamente cerradas, no por cercas, sino por la letra pequeña. Hoteles y restaurantes a la orilla del mar han convertido silenciosamente el espacio público en zonas de ganancia, permitiendo el acceso solo a través de sus establecimientos y solo si los visitantes aceptan consumir en el sitio.

ADVERTISEMENT

"Obviamente, todos los turistas nacionales e internacionales pueden visitar sin costo", expresó el presidente municipal Castañón en un video reciente publicado en sus redes sociales. "Pero no pueden traer comida. Si quieren consumir, deben hacerlo aquí".

No a las hieleras. No a bebidas de fuera. No a paraguas. Y no a la entrada sin compra.

Eso es la letra pequeña.

Es el tipo de restricción encubierta que no aparece en los folletos turísticos, pero deja un mal sabor de boca para muchos, especialmente para los locales y turistas nacionales que se sienten excluidos de la costa de su propio país.

ADVERTISEMENT

Rechazo presidencial

En su conferencia de prensa del jueves por la mañana, Sheinbaum fue clara: controlar el acceso a las playas es ilegal. Confirmó que la Secretaría de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, está abordando activamente el asunto. De acuerdo con la presidenta, se está trabajando en dos frentes: las acciones de negocios privados a lo largo de la playa y el estrechamiento de las rutas de acceso público a través del Parque del Jaguar.

"El parque protege la zona arqueológica, pero al mismo tiempo ha dejado un espacio más pequeño para llegar al mar", señaló Sheinbaum. Se espera un informe oficial la próxima semana, que esboce acuerdos y posibles resoluciones.

La gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, también está involucrada, trabajando con las autoridades federales para asegurar que la Riviera Maya no se convierta en un enclave solo para ricos.

ADVERTISEMENT

Y sin embargo, para muchos, el daño podría ya estar hecho.

Más que solo males de temporada baja

Hamacas vacías. Bares de playa cerrados. Calles que una vez bullían de viajeros ahora están tranquilas al anochecer.

De acuerdo con datos del Sistema de Información Turística de Quintana Roo, la ocupación hotelera de Tulum ha estado en declive constante desde finales del verano. De un pico de 62.6% a finales de julio, la tasa ha caído a 49.2% a principios de octubre, muy por debajo de Cancún, Isla Mujeres o Costa Mujeres, que continúan atrayendo números más fuertes de visitantes.

En plataformas como TikTok y X (anteriormente Twitter), usuarios han publicado clips de playas desiertas y negocios cerrados. Algunos de los contenidos más virales incluyen mensajes de comerciantes locales pidiendo disculpas a los turistas nacionales por el trato pasado. En un clip llamativo, un grupo de vendedores se enfrenta a la cámara, ofreciendo una declaración simple pero poderosa: "Nos disculpamos".

ADVERTISEMENT

Esa disculpa viene no solo después de años de presuntos sobrecostos y trato preferente a visitantes extranjeros, sino en medio de una frustración creciente por costos astronómicamente altos. Las botellas de agua se venden a 250 pesos. Tres cochinitas pibil a 700. Comidas básicas que cuestan más que la renta de un cuarto de hotel.

Y eso si es que siquiera puedes llegar a la playa sin que te pidan que "consumas primero".

Una herida más profunda bajo la superficie

Aunque algunos atribuyen la caída turística a la estacionalidad natural, el panorama más amplio sugiere grietas estructurales en el modelo de Tulum. Un modelo que ha priorizado desarrollos de lujo, turismo de alto costo y experiencias exclusivas, frecuentemente a costa de la accesibilidad, la sostenibilidad y la inclusión.

ADVERTISEMENT

¿El resultado? Una comunidad lidiando con contradicciones. De un lado, inversionistas internacionales y resorts de cinco estrellas. Del otro, trabajadores locales enfrentando desempleo, negocios cerrando, y costos de vida en aumento. Newsday Caribe publicó recientemente una nota titulada "Crisis in Tulum: Workers flee paradise amid tourism collapse", reflejando cómo incluso quienes una vez dependieron del turismo ahora buscan oportunidades en otros lugares.

Tulum, otrora refugio de mochileros convertido en punto boho, ahora se encuentra en una encrucijada. ¿Es un destino para todos, o un espejismo cercado para pocos?

Acceso "gratuito" envuelto en restricciones

El presidente municipal insiste en que sus nuevas reglas pretenden apoyar la economía local al dirigir el gasto hacia negocios costeros. Pero los críticos argumentan que esto solo refuerza la desigualdad.

"Si el acceso depende de tu cartera, realmente no es público", dijo un turista en redes sociales. Esa declaración, compartida ampliamente, captura la tensión central.

Irónicamente, la campaña de Castañón para promover "acceso gratuito" se ha contraproducido, generando indignación, memes e incluso guías satíricas sobre cómo no visitar Tulum. Los medios nacionales recogieron la historia. También los internacionales.

Ya no es solo un asunto local. Es una pregunta sobre el alma del modelo de turismo de México.

El dilema del Parque del Jaguar

Luego está el Parque del Jaguar, un nuevo proyecto de conservación destinado a proteger tesoros arqueológicos y el ambiente. Pero aunque la intención podría ser noble, su implementación ha levantado cejas.

Al cerrar ciertos caminos y canalizar el tráfico a través de corredores comerciales, los críticos dicen que el parque ha ayudado inadvertidamente a la privatización del acceso a la playa. La protección ambiental, argumentan, no debe venir a costa de los derechos públicos.

Esta tensión dual, entre desarrollo y conservación, turismo y acceso, está en el corazón del debate.

Tulum está en un punto de quiebre

Entonces, ¿qué deja todo esto a la joya de la corona de la Riviera Maya?

Claudia Sheinbaum lo resumió claramente: "Queremos que Tulum siga siendo un lugar espectacular, pero no uno donde el acceso sea solo para quienes tienen recursos".

The Tulum Times ha seguido de cerca la evolución de la región, y esta última controversia añade una nueva capa a un panorama ya complejo. Con funcionarios nacionales y locales ahora bajo presión para actuar, el resultado podría redefinir no solo el acceso a la playa, sino la identidad misma de Tulum.

¿Es un paraíso compartido, o uno cada vez más cercado?

Nos encantaría escuchar tus thoughts. Únete a la conversación en las redes sociales de The Tulum Times.
¿Cómo crees que México debe equilibrar el desarrollo turístico con el acceso público y la equidad?

Relacionado: Tulum free beach access offers relief, but barriers remain in hotel zone