No es el mar turquesa lo que aleja a la gente de Tulum. Es el precio de dejar una huella en la arena.

En un pueblo que alguna vez fue aclamado como la joya descalza de la Riviera Maya, cada vez más turistas pasan de largo por sus puertas, rumbo a la laguna tranquila de Bacalar, el paseo ruidoso de Playa del Carmen, los resorts pulidos de Cancún, o las costas soleadas de Isla Mujeres. Tulum, golpeado por el deterioro ambiental y restricciones de acceso, está perdiendo visitantes. Y ahora, alguien finalmente está levantando la voz. Se llama Jorge Portilla Mánica.

En un raro momento de unidad durante la vigesimosegunda sesión de cabildo, Portilla impulsó una propuesta audaz: acceso gratuito a las playas en el Parque del Jaguar de Tulum. Sin cordones de terciopelo. Sin la mirada vigilante de guardias de seguridad u operadores turísticos. Sino abierto, verdaderamente abierto, para todos. Para el viajero cansado. Para el niño local con sal en el cabello. Para la familia persiguiendo la brisa.

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Free beach access in Tulum's Jaguar Park sparks tourism revival - Photo 1

Acceso gratuito en el Parque El Jaguar: más que un gesto

No se equivoquen, esto no es solo ideología o bien público. Es triaje.

El turismo, la sangre vital de la economía de Tulum, está en caída libre. La ocupación hotelera, según encuestas recientes que compartió Portilla, ronda el miserable 40%. Los negocios cierran más temprano que de costumbre. Las familias locales, muchas de las cuales dependen de la economía turística informal, tienen dificultades para mantenerse a flote.

¿Y el sargazo? Ese alga lodosa y apestosa ha se convertido en una plaga anual. "Un desastre natural", la llamó Portilla, uno que no solo nubla la costa, sino también los medios de vida. El regidor Eugenio Barbachano Segura, en una rara interjección científica, advirtió que los niveles de sargazo seguirán aumentando cada año a menos que se aborden las causas raíz. Los modelos climáticos están de acuerdo.

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Pero detrás de estos números y pronósticos biológicos, hay una verdad simple: los turistas no vienen porque les están cerrando el acceso y el precio es prohibitivo. "Hoy se van a Bacalar, Playa del Carmen, Cancún e Isla Mujeres porque aquí tienes que pagar", dijo Portilla sin rodeos. Y eso, argumentó, necesita cambiar, comenzando por el Parque El Jaguar.

Un festival, un ajuste de cuentas, un último intento

El cabildo no solo asintió educadamente y pasó al siguiente tema. En un gesto sorprendentemente cooperativo, el presidente municipal Diego Castañón Trejo dio su completo respaldo para organizar grupos de trabajo. Se están coordinando reuniones no solo con la gobernadora de Quintana Roo Mara Lezama Espinosa, sino con funcionarios de dependencias federales, legisladores e incluso con la presidenta entrante Claudia Sheinbaum. La crisis, después de todo, no es meramente local.

¿Una estrategia inmediata? Un festival de verano, música, danza, cultura, energía caribeña convergiendo bajo el sol de Tulum. El tipo de evento que dice: "Seguimos aquí. Y valemos la pena". Los regidores lo respaldaron. No hubo mucho debate. Nadie necesitaba que lo convencieran de que Tulum necesita un impulso.

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Pero Portilla no terminó. Recordó a la sala que nada de esto, ningún evento, ninguna política de acceso, ninguna reunión en la Ciudad de México, servirá de algo si no escuchan verdaderamente a la gente. No solo a los dueños de negocios y hoteleros, sino a las familias, a los trabajadores, a quienes sus futuros están atados a las mareas. "Lo que importa en esta emergencia", dijo, "es que se escuchen las voces de los ciudadanos".

Es raro ver a un político llamar a la unidad sin hacer teatro. Más raro aún ver a un cabildo completo inclinarse hacia el consenso. Pero las grietas en el paraíso de Tulum son cada vez más anchas para ignorarlas. Y quizá, solo quizá, abrir las playas del Parque El Jaguar no es solo cuestión de acceso. Quizá es el primer paso hacia sanar un pueblo herido.

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