No es el mar turquesa lo que ahuyenta a los turistas de Tulum. Es el costo de dejar una huella en la arena.
En un pueblo que alguna vez fue aclamado como la joya descalza de la Riviera Maya, un número creciente de turistas camina directo más allá de sus puertas, dirigiéndose en cambio a la laguna tranquila de Bacalar, al paseo ruidoso de Playa del Carmen, a los resorts pulidos de Cancún, o a las playas soleadas de Isla Mujeres. Tulum, golpeado por el deterioro ambiental y el acceso restrictivo, está perdiendo visitantes. Y ahora, alguien finalmente está sonando la alarma. Su nombre es Jorge Portilla Mánica.
En un raro momento de unidad durante la vigésima sesión de cabildo del pueblo, Portilla impulsó una propuesta audaz: acceso gratuito a las playas en el Parque del Jaguar de Tulum, acceso libre a las playas. No detrás de cordones de terciopelo. No bajo la mirada atenta de guardias de seguridad u operadores de tours. Sino abierto, verdaderamente abierto, para todos. Para el viajero cansado. Para el niño local con sal en el cabello. Para la familia que persigue la brisa.

Acceso gratuito en Parque El Jaguar: más que un gesto
No se equivoque, esto no se trata solo de ideología o bien público. Es triaje.
El turismo, la sangre vital de la economía de Tulum, está en caída libre. La ocupación hotelera, según encuestas recientes compartidas por Portilla, ronda apenas el 40%. Los negocios están cerrando más temprano de lo usual. Las familias locales, muchas de las cuales dependen de la economía informal del turismo, luchan por mantenerse a flote.
¿Y el sargazo? ¿Esa alga marina apestosa y embarrada? Se ha convertido en una plaga anual. "Un desastre natural", lo llamó Portilla, uno que no solo nubla la costa, también nubla los medios de vida. El regidor Eugenio Barbachano Segura, en una rara intervención científica, advirtió que los niveles de sargazo seguirán aumentando cada año a menos que se aborden las causas raíz. Los modelos climáticos están de acuerdo.
Pero detrás de estos números y pronósticos biológicos, hay una verdad simple: los turistas no vienen porque están siendo expulsados por los precios y las cercas. "Hoy se van a Bacalar, Playa del Carmen, Cancún e Isla Mujeres porque aquí tienes que pagar", dijo Portilla sin rodeos. Y eso, argumentó, necesita cambiar, comenzando con Parque El Jaguar.
Un festival, un ajuste de cuentas, ¿un último intento?
El cabildo no solo asintió educadamente y siguió adelante. En un gesto sorprendentemente cooperativo, el presidente municipal Diego Castañón Trejo dio su bendición total para organizar grupos de trabajo. Se están configurando reuniones no solo con la gobernadora de Quintana Roo Mara Lezama Espinosa, sino con funcionarios de agencias federales, legisladores e incluso la presidenta entrante Claudia Sheinbaum. La crisis, después de todo, no es meramente local.
¿Una estrategia inmediata? Un festival de verano, música, danza, cultura, energía caribeña todo convergiendo bajo el sol de Tulum. El tipo de evento que dice, "Seguimos aquí. Y valemos la pena". Los miembros del cabildo lo respaldaron. No hubo mucho debate. Nadie necesitaba convencerse de que Tulum necesita una chispa.
Pero Portilla no terminó. Recordó a la sala que nada de esto, ningún evento, ninguna política de acceso, ninguna reunión en la Ciudad de México, significará algo si no escuchan verdaderamente a la gente. No solo a los dueños de negocios y hoteleros, sino a las familias, a los trabajadores, a los que tienen sus futuros ligados a las mareas. "Lo que importa en esta emergencia", dijo, "es que se escuchen las voces de los ciudadanos".
Es raro ver a un político llamar a la unidad sin posturas. Más raro aún ver a todo un cabildo acercarse al consenso. Pero las grietas en el paraíso de Tulum son demasiado grandes para ignorarlas. Y quizás, solo quizás, abrir las playas en Parque El Jaguar no sea solo cuestión de acceso. Quizás sea el primer paso hacia sanar un pueblo herido.
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Beach Access, Public Shoreline, and Coastal Rules in Tulum
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