Antes era sencillo. Los turistas se bajaban de los aviones con sueños de aguas turquesas y escapes de selva chic. Pero Tulum, otrora joya de la Riviera Maya mexicana, ahora enfrenta una pregunta brutal: puede un destino tan cuidadosamente marcado como paraíso sobrevivir a su propio éxito.
Este lunes, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama Espinosa, se reunió con la secretaria federal de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora. El mensaje fue claro: la caída de Tulum no será ignorada. La reunión marcó un cambio de la crisis a la intervención, con el estado buscando encaminar al pueblo de vuelta desde una caída turística preocupante.
Infraestructura y estrategias de supervivencia
En el centro de la discusión estuvieron temas urgentes: acceso vial al nuevo aeropuerto de Tulum, mejora de la movilidad dentro del pueblo, planificación urbana sostenible e impulso a las economías locales mediante mejor flujo de visitantes. La idea es que si los turistas pueden moverse con facilidad, gastarán más, especialmente en negocios pequeños. Lezama también apuesta por la iniciativa Parque del Jaguar para restablecer el acceso a playas públicas y reconectar a los visitantes con el atractivo natural de Tulum.
Pero bajo la superficie de estos planes hay un enredo más complejo de problemas que Tulum no puede pavimentar.
Abuso, sobreprecio y caos
La desaceleración del pueblo no es solo sobre brechas de infraestructura. Se trata de confianza. Los visitantes se están retirando, citando sobreprecio, preocupaciones de seguridad y desarrollo agresivo. La atmósfera eco chic que una vez fue exclusiva se ha transformado en algo más turbio, conforme el turismo masivo impulsado por Airbnb trae una multitud que gasta menos con expectativas diferentes, y menores ganancias para los negocios locales.
"No es solo los números. Es el tipo de turismo que está cambiando", señaló un hotelero en privado. "Y no siempre es para mejor".
Ese cambio ha desencadenado lo que algunos describen como "erosión de calidad", donde la afluencia de arrendatarios de corto plazo e influenciadores persiguiendo contenido viral crea más fricción que valor. Mientras asociaciones hoteleras luchan por mantener estándares, también están reduciendo precios para atraer de vuelta a viajeros.
Apuesta por el invierno, y un tipo diferente de viajero
Aun así, hay optimismo cauteloso en el aire. Claudio Cortés Méndez, comisionado local de la CROC, dice que diciembre podría traer el rebote tan necesario. Los hoteles proyectan ocupación de hasta 90% durante los días festivos, aunque solo con descuentos profundos.
"Si las reservaciones se mantienen y las cancelaciones permanecen bajas, podríamos alcanzar esa cifra", dijo Cortés. Pero incluso entonces, es un acto de equilibrio. Con ocupación del 60%, los hoteles al menos pueden mantener todo su personal en nómina. Es economía de supervivencia, no prosperidad.
Para ello, los resorts están inundando redes sociales con paquetes todo incluido comenzando en apenas 1,600 pesos, alrededor de 87 dólares. Estos son la mitad de los precios de años anteriores, subrayando cuánto está dispuesto el pueblo a ceder para mantener vivo su turismo.
¿Quién sigue viniendo?
La esperanza radica en el frío. Los viajeros europeos y canadienses, cansados del invierno, siguen atraídos por las playas bañadas de sol de la costa caribeña de México. Con el sargazo en gran medida controlado esta temporada, Tulum podría tener una ventaja ambiental fugaz.
Pero ni el buen clima enmascarará tensiones más profundas.
El juego de culpas y una guerra cultural en ciernes
Los dueños de negocios turísticos, desde cadenas hoteleras hasta taquerías en la playa, se están uniendo contra lo que llaman una campaña de difamación. Su objetivo son los llamados influenciadores y creadores de contenido que, argumentan, retratan a Tulum a través de una lente distorsionada y sensacionalista.
"Algunos oportunistas están usando este momento para ganancia política", dijeron representantes locales a The Tulum Times. "Otros amplifican la negatividad sin entender las consecuencias para cientos de familias que dependen directamente del turismo".
Hay una reacción creciente contra narrativas virales que ignoran matices, pintando a Tulum como inseguro, caro o arruinado. Y mientras algunas críticas son válidas, la comunidad local teme que el daño de la exageración podría ser permanente.
¿Qué se ve realmente una recuperación?
Tulum está en una encrucijada. Puede inclinar la balanza hacia su marca e impulsar más fuerte con imágenes curadas y ofertas de resorts, o puede confrontar los problemas estructurales que han hecho que los viajeros duden.
Arreglar infraestructura podría facilitar movimiento, y bajar precios podría llenar cuartos. Pero la pregunta real permanece: ¿tendrá el pueblo la voluntad de confrontar los problemas más profundos, crecimiento descontrolado, regulaciones débiles y una confianza frágil entre locales y turistas?
No se trata solo de que regresen visitantes. Se trata de quién regresa, y por qué.
En los meses venideros, el equilibrio entre recuperación de corto plazo y reinvención de largo plazo podría definir el destino de Tulum. El invierno podría traer calidez, pero traerá claridad.
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