El mercado artesanal de la zona arqueológica de Tulum ha perdido casi tres cuartas partes de sus vendedores activos en lo que los comerciantes describen como un lento colapso comercial provocado por la disminución de la llegada de turistas, el aumento de los costes operativos y una carga administrativa que, según las pequeñas empresas, ya no pueden absorber.
Rufino Hernández Jiménez, miembro del Centro Artesanal Tulum, explicó las cifras con claridad: el complejo llegó a tener 71 puestos en funcionamiento. Hoy, solo quedan unos 18 abiertos. El resto ha cerrado, uno a uno, a medida que los ingresos semanales cayeron por debajo del costo de mantener el negocio en marcha.
"Hoy quedamos pocos trabajando", dijo Hernández Jiménez. "Muchos han tenido que cerrar porque no hay turistas y las ventas ya no alcanzan para cubrir los gastos".
Un mercado que anticipó un auge que nunca llegó.
La señal más clara del deterioro de la situación se observa en el mercado de alquileres. Los locales que en su mejor momento alcanzaban precios cercanos a los 25.000 pesos mensuales ahora se ofrecen entre 7.000 y 10.000 pesos. Esto representa una caída de más del 60%, y los propietarios siguen sin encontrar inquilinos.
El desplome de los precios es importante porque refleja no solo una menor demanda, sino también un cambio estructural en la percepción de la viabilidad comercial de la zona. Cuando incluso los alquileres con descuento permanecen vacíos, indica que los vendedores no están esperando mejores condiciones. Están abandonando el sector por completo.
Hernández Jiménez afirmó que la reducción del flujo turístico había producido un "deterioro progresivo" de la actividad comercial, lo que llevó a muchos vendedores a abandonar sus puestos una vez que quedó claro que no podían cubrir los costes fijos.
Las ruinas de Tulum: número de visitantes y su efecto dominó en el comercio local.
La zona arqueológica de Tulum es, según algunos indicadores, el sitio arqueológico más visitado de México, atrayendo a cientos de miles de turistas anualmente en los años de mayor afluencia. Este volumen de visitantes convirtió al Centro Artesanal en un destino comercial clave para la venta de artesanías, ropa y productos regionales.
Cuando disminuye el número de visitantes, el impacto en los vendedores es inmediato. A diferencia de las grandes cadenas, los artesanos y los pequeños comerciantes prácticamente no tienen margen de maniobra. No cuentan con ahorros, ni con un segundo local al que trasladar su inventario, ni con poder de negociación con proveedores o arrendadores. Un mes flojo es una crisis. Varios meses flojos consecutivos obligan a tomar una decisión.
Los comerciantes entrevistados no proporcionaron datos específicos sobre visitantes del INAH ni de la Secretaría de Turismo de Quintana Roo, pero sus testimonios coinciden con las preocupaciones más generales planteadas por los actores del sector turístico en Tulum durante los últimos meses.
Los costes burocráticos agravan la presión.
Más allá de la disminución del flujo de clientes, los vendedores señalaron una segunda presión: los costos administrativos. Los impuestos, permisos, licencias y los requisitos de cumplimiento recurrentes se acumulan de forma que resultan manejables cuando las ventas son buenas y perjudiciales cuando no lo son.
Los comerciantes pidieron a las autoridades que simplifiquen los trámites administrativos y reduzcan la carga burocrática para los pequeños comerciantes y emprendedores. La petición es concreta: menos trámites, tarifas más bajas y una tramitación más rápida de los permisos comerciales básicos que rigen el funcionamiento diario de un mercado como este.
El argumento no es que deban desaparecer las regulaciones, sino que el sistema actual fue diseñado, o al menos funciona, como si los proveedores que regula tuvieran los márgenes de una empresa mediana. La mayoría no los tienen.
Lo que dicen los vendedores frenaría el declive.
Los comerciantes que permanecen en el Centro Artesanal no prevén una recuperación por sí solos. Su postura es que, sin intervención en dos frentes, se producirán más cierres.
El primer desafío es la recuperación del turismo. Es necesario que el número de visitantes a las ruinas vuelva a los niveles que hicieron que el mercado fuera comercialmente viable. Esto depende, en parte, de las tendencias de viajes nacionales e internacionales, en parte de cómo se promociona y gestiona Tulum como destino, y en parte de la evolución de los precios y la infraestructura en toda la región.
El segundo aspecto es la ayuda operativa. Los vendedores afirman que incluso una recuperación parcial del flujo de clientes no será suficiente para reabrir los puestos cerrados si la estructura de costos dificulta su supervivencia a corto plazo. Exigen que el municipio tome medidas con respecto a los permisos y las tarifas antes de que más vendedores decidan abandonar el negocio definitivamente.
La preocupación subyacente a ambas solicitudes es la misma. Una vez que un vendedor cierra su puesto y se muda, este no vuelve a abrir automáticamente cuando las condiciones mejoran. El conocimiento, las relaciones con los proveedores y la propia habilidad se van con la persona. Lo que parece una vacante comercial temporal puede convertirse en permanente.
Por el momento, 18 vendedores se mantienen firmes. No están esperando a que la situación se resuelva por sí sola.
¿Has notado menos vendedores o visitantes en las ruinas de Tulum últimamente? Únete a la conversación y comparte tu opinión con nosotros en Instagram y Facebook en @thetulumtimes .
