El rápido crecimiento de los eventos a gran escala en Tulum requiere un escrutinio más detenido, no solo por sus beneficios turísticos a corto plazo, sino también por las consecuencias duraderas que pueden tener en la imagen y la infraestructura del destino, advirtió David Ortiz Mena , presidente de la Asociación de Hoteles de Tulum y del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano .
Ortiz Mena reconoció que Tulum ha albergado con éxito eventos multitudinarios de gran envergadura en los últimos años y señaló que Quintana Roo cuenta con recintos diseñados para grandes concentraciones, como el complejo Zamna . Sin embargo, advirtió que no todas las concentraciones masivas deben evaluarse con los mismos criterios ni considerarse automáticamente beneficiosas simplemente porque atraen visitantes.
Según el director del hotel, la creciente tendencia a justificar los grandes eventos basándose en la afluencia turística, el impacto económico indirecto y el empleo temporal suele pasar por alto lo limitados que pueden ser esos beneficios en el tiempo y en el alcance. En muchos casos, afirmó, las ganancias se concentran en los periodos de mayor afluencia turística y duran muy poco tiempo.
“Permiten la ocupación durante una o dos semanas, pero pueden dejar consecuencias que pesan más a largo plazo”, dijo Ortiz Mena.
Limitaciones de infraestructura expuestas por el tamaño de la multitud
Ortiz Mena explicó que algunos eventos recientes en el municipio han congregado entre 20.000 y 25.000 personas, cifras que superan no solo la capacidad de los recintos, sino también la infraestructura general que los sustenta. Señaló que las redes viales, la policía, los hospitales y los servicios de emergencia son sistemas que pueden colapsar rápidamente cuando se aprueban eventos de esa magnitud sin una evaluación integral de su entorno.
En su opinión, autorizar concentraciones masivas sin tener plenamente en cuenta la capacidad de todo el entorno local introduce riesgos que no siempre se miden adecuadamente. Subrayó que contar con un recinto físico con capacidad para miles de personas no es suficiente por sí solo.
La seguridad y la respuesta ante emergencias deben extenderse más allá del recinto del evento, abarcando las zonas aledañas. Si no se cumplen estas condiciones, cualquier incidente que ocurra puede dañar la imagen de Tulum, uno de los destinos principales del Caribe Mexicano .
Ortiz Mena evitó atribuir responsabilidad directa por las deficiencias relacionadas con los permisos o la supervisión de la seguridad. Sin embargo, señaló que los recientes acontecimientos han puesto de manifiesto la falta de capacidad real para acoger a un gran volumen de visitantes en espacios improvisados o con infraestructura insuficiente. Añadió que los promotores de eventos suelen llegar con una inversión considerable, organizan sus reuniones y luego se marchan, dejando al destino con las consecuencias.
La imagen del turismo bajo presión
Más allá de la sobrecarga de la infraestructura, el presidente de la asociación hotelera de Tulum expresó su preocupación por el tipo de público que atraen algunos de estos eventos. Argumentó que el perfil de los asistentes puede aumentar la probabilidad de incidentes, lo que hace necesario evaluar si tales reuniones realmente se alinean con los intereses a largo plazo del destino.
“Estos acontecimientos tienen consecuencias, y tenemos que decidir si merecen la pena para Tulum”, dijo Ortiz Mena.
Hizo hincapié en que la oferta turística del municipio va más allá de los viajes de sol y playa o los eventos de entretenimiento masivo. Tulum, señaló, no depende exclusivamente de grandes fiestas para mantenerse relevante o competitivo en el Caribe mexicano.
En ese contexto, instó a las autoridades y a las partes interesadas a sopesar los beneficios económicos a corto plazo frente al daño potencial causado por incidentes negativos que pueden acaparar rápidamente los titulares y moldear la percepción internacional. Sugirió que el daño a la reputación puede tardar mucho más en repararse que el breve impulso que proporciona un solo evento.
Desempeño reciente y preocupaciones persistentes
Ortiz Mena también se refirió a la última temporada alta del destino, describiéndola como positiva y en general acorde con los niveles de desempeño de 2024, sin una masificación importante. La ocupación y el flujo de visitantes, afirmó, se mantuvieron estables y manejables durante ese período.
Sin embargo, expresó su frustración por el hecho de que los nuevos incidentes ocurridos a principios de año hayan vuelto a generar una imagen desfavorable de Tulum. Afirmó que se invierte un considerable esfuerzo en promover las fortalezas del destino y mantener una imagen positiva en el extranjero, solo para que esos esfuerzos se vean socavados por eventos que exponen debilidades estructurales y de planificación.
“Se está trabajando mucho para hablar bien de Tulum, y una vez más, aparecen incidentes lamentables”, dijo Ortiz Mena.
Mientras continúan los debates sobre el futuro de los eventos a gran escala en el municipio, la advertencia del sector hotelero subraya una cuestión más amplia que enfrenta Tulum: cómo equilibrar los beneficios turísticos inmediatos con la sostenibilidad a largo plazo de su infraestructura, sistemas de seguridad y reputación internacional. Los líderes de la industria sugieren que este equilibrio seguirá siendo fundamental para proteger el atractivo del destino en los próximos años.
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¿Debería Tulum replantearse cómo y dónde autoriza eventos a gran escala para proteger su imagen a largo plazo?
