Un terremoto de magnitud 4,6 sacudió Quintana Roo antes del amanecer del domingo 21 de junio, con su epicentro a 17 kilómetros al este de Felipe Carrillo Puerto y sin que las autoridades estatales reportaran daños.

En la Riviera Maya, esto supuso tres terremotos perceptibles solo en junio, y el último episodio de una serie de sismos que se han extendido durante más de medio año. La repetición de estos sismos ha inquietado a residentes y turistas que daban por sentado que el terreno local simplemente no se mueve.


Un terremoto de 4.6 grados antes del amanecer cerca de Felipe Carrillo Puerto

El Servicio Sismológico Nacional (SSN) localizó el sismo a las 3:00 am hora central, 4:00 am en Quintana Roo, a una profundidad de 16.5 kilómetros. La Coordinación Estatal de Protección Civil de Quintana Roo confirmó que los seguimientos con autoridades municipales y equipos de emergencia no encontraron daños estructurales ni heridos.

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Las personas cercanas al epicentro reportaron haber sentido el temblor. Más al norte, en Tulum, Playa del Carmen y Cancún, la mayoría de los residentes durmieron durante el sismo. Las autoridades estatales lo calificaron como el tercer terremoto perceptible en Quintana Roo este mes y pidieron a la población que se guiara por los canales oficiales en lugar de los rumores en las redes sociales.


Una racha que comenzó en diciembre

El temblor del domingo no surgió de la nada. Esta actividad inusual se remonta a finales de 2025 y ha continuado de forma intermitente desde entonces, lo que diferencia este periodo de los largos periodos en los que podían pasar años sin que se percibiera un terremoto.


El enjambre de diciembre de 2025 cerca de Ticul y Muna

El 5 de diciembre de 2025, Protección Civil Yucatán registró tres sismos en una sola noche. El mayor, de magnitud 4.1, ocurrió a las 11:38 p. m. a unos 16 kilómetros al noreste de Ticul. Dos sismos menores, de magnitud 3.5 y 3.7, le siguieron cerca de las 3:45 a. m., con epicentros a 17 kilómetros al sur de Muna. Los tres fueron clasificados como de menor magnitud.

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Marzo, mayo y un único día de tensión en junio.

La península registró más movimientos sísmicos hasta 2026, incluyendo sismos de magnitud 3.7 en marzo y 4.0 en mayo. A mediados de junio, Yucatán y Quintana Roo habían acumulado al menos siete terremotos perceptibles en lo que va del año, una cifra muy superior a la media regional.

El día más dramático fue el 8 de junio. Esa mañana, a las 10:05, el SSN registró un sismo de magnitud 4.2 cerca de Chapab, a unos 14 kilómetros al noreste de Ticul, a una profundidad de cinco kilómetros, vinculado a la zona de falla de Ticul. Alrededor de la 1:00 p. m., un sismo mucho más fuerte, estimado en una magnitud de 6.1, sacudió la costa occidental de Cuba, a unos 104 kilómetros de la costa de Quintana Roo, y sus ondas se extendieron por toda la península.

Esa tarde, más de 2500 personas en Yucatán abandonaron edificios públicos y privados. Oficinas, instalaciones del IMSS y torres corporativas quedaron vacías, y en Cancún algunos restaurantes trasladaron a sus comensales al exterior. Los edificios municipales de Benito Juárez, Playa del Carmen y Othón P. Blanco fueron evacuados como medida de precaución. La gobernadora Mara Lezama confirmó que no hubo daños, que las operaciones se desarrollaron con normalidad y que no existía riesgo de tsunami. Un tercer sismo cerró la secuencia a las 4:19 a. m. del 9 de junio, un terremoto de magnitud 3.6 cerca de Chapab, a 11 kilómetros al norte de Ticul, sin causar daños.

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¿Por qué ocurren terremotos en Quintana Roo?

La península de Yucatán se ubica en el interior de la placa norteamericana, lejos del límite donde las placas de Cocos y Norteamérica chocan entre sí y producen decenas de temblores diarios en Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Esa distancia es la principal razón por la que los sismos en esta zona son poco frecuentes y generalmente débiles.

La región se asienta sobre una plataforma estable de carbonato de piedra caliza, la misma roca que da origen a los cenotes y ríos subterráneos de la península. Esta estructura kárstica modifica la forma en que las ondas sísmicas se propagan por el subsuelo. La SSN ha aclarado que los movimientos recientes no se deben al colapso de cuevas ni al hundimiento del terreno, sino a procesos geológicos naturales vinculados a fallas locales.


La falla de Ticul y sus alrededores

La falla de Ticul es la mayor de estas estructuras, una escarpa de entre 100 y 130 kilómetros que se extiende en dirección oeste-noroeste desde Maxcanú hacia el sur de Ticul. La península también alberga las fallas de Campeche-Hecelchakán y Holbox, que la Red de Seguridad Sismológica (RSS) relaciona con los pocos movimientos sísmicos que se perciben. Debido a que los sismos tierra adentro son muy superficiales, a menudo a unos cinco kilómetros de profundidad, pueden sentirse con intensidad cerca del epicentro incluso con baja magnitud.

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Juana Elia Escobar Sánchez, directora del Laboratorio de Geología del campus ENES de la UNAM en Mérida, ha descrito la península como una zona pasiva que aún presenta movimientos. Según su interpretación, el bloque de tierra entre Maxcanú y Ticul puede asentarse mediante ligeros reajustes separados por miles de años. Ha restado importancia a la alarma, señalando que el paso de un camión pesado puede sacudir una casa más que estos temblores de baja intensidad.


El Caribe atrae hacia la costa sur.

El sur de Quintana Roo presenta una segunda fuente de riesgo de la que el norte está prácticamente exento. La SSN ha señalado que la parte sur del estado está más expuesta a la sismicidad del Caribe, donde las placas del Caribe y de Norteamérica convergen cerca de las Islas Caimán y generan sismos en Haití, Jamaica y Honduras. El terremoto del 8 de junio frente a las costas de Cuba y el temblor del domingo cerca de Felipe Carrillo Puerto reflejan esta exposición caribeña, más que el sistema sísmico del Ticul, ubicado en el interior del país.


Un enjambre, no una señal de advertencia

El director del SSN, Arturo Iglesias Mendoza, ha descrito la reciente actividad sísmica en Yucatán como un enjambre, una serie de sismos de magnitud similar en la misma zona, en lugar de réplicas de un único evento mayor. Ha recalcado que los enjambres no siguen una secuencia predecible. Escobar Sánchez ha ofrecido una interpretación más cautelosa de los movimientos en el sur de Yucatán, inclinándose por un reajuste gradual de la falla de Ticul. Ambos coinciden en que no hay evidencia que apunte a un gran terremoto y que los eventos intraplaca de este tipo tienden a ser de baja magnitud.

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¿Por qué los teléfonos permanecieron en silencio?

Muchos residentes preguntaron por qué no recibieron ninguna alerta en sus teléfonos el 8 de junio. Funcionarios de protección civil estatal explicaron que la alerta sísmica de México depende tanto de la magnitud como de la distancia, no solo de la magnitud. El sistema se activa para sismos de magnitud superior a 5 dentro de un radio de 170 kilómetros, superior a 5.5 dentro de un radio de 350 kilómetros y superior a 6 fuera de ese rango. El fuerte temblor que se sintió ese día se originó frente a las costas de Cuba y quedó fuera de esos parámetros, por lo que no se envió ninguna notificación. Los sismos locales de menor magnitud tampoco alcanzaron el umbral.


Lo que realmente muestra el registro

Los datos históricos permiten mantener la perspectiva. Entre 1900 y 2025, los instrumentos registraron al menos 84 sismos en Campeche, Yucatán y Quintana Roo, la mayoría de ellos de baja magnitud. Diez de estos tuvieron epicentro en territorio yucateco. El mayor, de magnitud 4.6, se registró el 10 de junio de 2002, a unos 60 kilómetros al sur de Felipe Carrillo Puerto, la misma zona afectada el domingo. Otro sismo de magnitud 4.6 se registró el 24 de julio de 1978, mar adentro, al norte de Progreso.

La SSN y el Centro Nacional de Prevención de Desastres reiteran un punto fundamental: ningún método ni tecnología puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto, y la población debe seguir las fuentes oficiales e ignorar los pronósticos no verificados.


La brecha que dejaron al descubierto los temblores

Si los sismos de junio demostraron algo, fue lo poco preparada que sigue estando la península para un terreno que todos daban por sentado que permanecería inmóvil. Una encuesta realizada entre los residentes de Mérida tras los sucesos del 8 de junio reveló que muchos desconocían los protocolos básicos de respuesta y no contaban con un plan familiar. Las autoridades afirman que la vigilancia continuará y que el riesgo geológico sigue siendo bajo. El problema más complejo es cultural, en una población que creció convencida de que nunca necesitaría saber qué hacer cuando el suelo se mueva.

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