Es una imagen familiar. La lenta procesión de turistas, bañados por el sol y con cámaras colgadas al cuello, avanzan con paso firme hacia las majestuosas ruinas de Tulum. Pero últimamente, no solo ha aumentado la multitud, sino también la tensión.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha confirmado una política potencialmente transformadora para el acceso cultural en la región. Su administración está elaborando un decreto que garantizaría un día de entrada gratuita por semana a la zona arqueológica de Tulum. Esta propuesta es similar a una iniciativa ya existente en otros sitios patrimoniales bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“Sí, estamos trabajando en ello. Al igual que otros sitios ofrecen acceso gratuito los domingos, la idea es establecer un día en el que la gente pueda entrar sin pagar”, dijo Sheinbaum a principios de esta semana. “Lo estamos revisando ahora mismo y sucederá muy pronto”.

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Pero, ¿es realmente tan sencillo? No del todo.

El panorama legal y las barreras burocráticas

Sheinbaum reconoció que la implementación de la nueva política podría requerir ajustes legislativos. “Tiene que haber un día gratuito. Eso es innegociable. Lo que estamos analizando ahora es cuándo comenzará. Pero lo lograremos”, aseguró.

El anuncio llega en un momento crítico, coincidiendo con un aumento del descontento entre los trabajadores del INAH destinados en Tulum. Su preocupación se centra en Grupo Mundo Maya, la empresa estatal recientemente renombrada, antes conocida como GAFSACOMM. Los trabajadores acusan al grupo de usurpar responsabilidades que tradicionalmente corresponden al INAH, en concreto la venta de entradas a la zona arqueológica.

Desde la perspectiva del personal, esto no es simplemente una disputa jurisdiccional. Se trata de equidad, identidad y de quién tiene derecho a salvaguardar la cultura.

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Voces locales cuestionan el costo del acceso cultural.

Los empleados del INAH argumentan que el nuevo sistema de precios, implementado el 10 de agosto, ha creado una barrera financiera para los visitantes nacionales y las familias locales. El boleto combinado ahora incluye el acceso a la zona arqueológica, el Parque Nacional Tulum y el Parque Jaguar. El resultado, afirman, es una exclusión disfrazada de modernización.

“No se trata solo de los ingresos del turismo”, dijo un trabajador del INAH, que prefirió permanecer en el anonimato. “Se trata de preservar nuestra historia y asegurarnos de que quienes vivimos aquí podamos seguir conectados con ella”.

Las deficiencias en la aplicación de la ley erosionan la confianza.

Si bien la normativa actual contempla exenciones para niños, estudiantes, profesores, personas mayores con credenciales Inapam, personas con discapacidad e investigadores acreditados, muchos residentes locales afirman que las normas no se aplican de forma coherente.

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Han surgido informes de residentes a quienes se les cobra a pesar de cumplir con los requisitos para obtener exenciones. Algunos miembros de comunidades indígenas de municipios vecinos afirman que sus documentos de identidad son rechazados en los puntos de control de entrada. Y aunque a los residentes de Tulum se les promete acceso sin restricciones al Parque Jaguar, muchos dicen que esta política se desmorona al llegar a la entrada.

Estas inconsistencias han generado frustración y desconfianza, erosionando los cimientos mismos de lo que se concibió como una iniciativa inclusiva para la comunidad.

Eficiencia versus equidad: la postura del gobierno

Funcionarios de la Secretaría de Cultura y del INAH han defendido los cambios. Describen el nuevo sistema de venta de entradas como una mejora, un proceso centralizado destinado a aumentar la eficiencia y gestionar el flujo de visitantes de forma más eficaz.

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Desde 2024, la normativa establece claramente que los residentes indígenas pueden ingresar gratuitamente presentando una identificación válida. Además, los domingos la entrada sigue siendo gratuita para los nacionales y los residentes extranjeros con permiso de residencia. En teoría, las medidas de protección parecen sólidas. Pero en la práctica, la realidad es distinta.

Los críticos argumentan que la equidad se ha sacrificado en aras de la optimización de las operaciones.

La promesa de Sheinbaum como prueba de fuego

Para la presidenta Sheinbaum, esta propuesta de jornada de entrada gratuita no se trata solo de modificar políticas. Es un gesto simbólico, una prueba para ver si su administración puede cerrar la creciente brecha entre los guardianes de la cultura y el poder institucional.

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En esencia, el debate gira en torno al acceso, a quién tiene permitido experimentar la historia no como un lujo, sino como un derecho. ¿Quién puede contemplar las piedras erosionadas de Tulum y sentir que le pertenecen? ¿Y a quién se le niega silenciosamente el acceso a su propio pasado?

¿Qué sucederá después?

Los próximos días serán cruciales. Convertir una promesa en política es el primer desafío. Garantizar que la política se implemente de manera justa, coherente y sin excepciones será la verdadera prueba.

A medida que la situación se desarrolle, The Tulum Times seguirá informando sobre cada paso del proceso. Porque, en definitiva, no se trata solo de un asunto local. Es un debate nacional sobre patrimonio, inclusión y el delicado equilibrio entre turismo y tradición.

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