El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha trasladado fósiles humanos de 10.000 años de antigüedad procedentes del sistema de cuevas Sac Actun de Tulum a la Ciudad de México para su estudio y análisis bioarqueológico por parte de expertos.
Este traslado estratégico marca un hito significativo en el estudio de los primeros habitantes de la región. Los restos, inicialmente reportados en 2022 y recuperados a finales de 2025, fueron entregados a la Sección de Bioarqueología de la Dirección de Salvamento Arqueológico. Empaquetados en contenedores herméticos con control de temperatura, los fósiles fueron recibidos por el antropólogo físico Arturo Talavera González, quien dirigirá un equipo de especialistas para descifrar la historia biológica plasmada en estos huesos antiguos.
Para quienes viven o visitan Tulum hoy en día, este descubrimiento sirve como un profundo recordatorio de que el suelo bajo sus pies es un archivo geológico e histórico sin igual en el planeta. Estos hallazgos no representan solo huesos antiguos; son la clave para comprender cómo los primeros humanos se desenvolvieron en un mundo que el Tulum prehistórico apenas habría reconocido.
El rostro del antiguo Tulum
Las observaciones iniciales de Talavera González ya han comenzado a esclarecer la identidad de estos ancestros. El hallazgo más completo es el esqueleto de un hombre joven, cuya edad se estima entre 20 y 25 años al momento de su muerte. A pesar de haber permanecido sumergido durante miles de años en las aguas ricas en minerales del sistema de cenotes, se ha recuperado aproximadamente el 40 por ciento de su esqueleto. Esto incluye partes vitales para el diagnóstico del cráneo, costillas, vértebras, clavículas y la escápula derecha, así como fragmentos de la cadera y huesos largos de las extremidades superiores e inferiores.
Con una estatura modesta de aproximadamente 1,45 a 1,50 metros, este individuo era de complexión delgada, una característica física probablemente adaptada al terreno accidentado de la época. Debido a su delicado estado de conservación, los restos han entrado inmediatamente en un proceso de consolidación. Este paso necesario estabilizará el material óseo antes de que pueda ser manipulado para los estudios osteométricos y químicos más detallados previstos para los próximos meses.
El descubrimiento no se limita a un solo individuo. Durante la misma exploración del sistema Sac Actun, los investigadores también recuperaron un cráneo femenino perteneciente a una mujer de entre 35 y 45 años. A diferencia del hombre más joven, sus restos revelan una historia de penurias físicas. Los análisis preliminares indican que sufrió largos periodos de desnutrición y una importante pérdida dental, lo que ofrece una visión cruda de los desafíos de supervivencia que enfrentaron las primeras poblaciones en la península.

Una cripta funeraria natural
El contexto arqueológico de estos hallazgos, explicado por el asesor del proyecto y garante académico Luis Alberto Martos López, es tan fascinante como los restos mismos. El esqueleto masculino se encontraba en el fondo de un cenote, a unos 200 metros de una entrada natural y a ocho metros de profundidad. Sin embargo, para comprender la verdadera importancia de este lugar, es necesario remontarse casi diez milenios atrás.
Según Martos López, la presencia de una cantidad significativa de carbón vegetal en el yacimiento indica que hace entre 8.000 y 10.000 años, esta zona era una caverna seca. Durante ese periodo, el nivel del mar se encontraba entre 20 y 30 metros por debajo del nivel actual. Lo que hoy es un sistema fluvial subterráneo fue en su día un refugio y, como sugieren las evidencias, un lugar para ritos funerarios.
«Se encontraron hogares, lo que indica que la cueva estaba habitada y que, probablemente, cuando esta persona falleció, la cámara se utilizó como cripta funeraria natural», señaló Martos López. Este hallazgo revela mucho sobre la vida espiritual y los sistemas de creencias de estos pueblos primitivos, sugiriendo que, incluso en las condiciones más adversas, honraban a sus muertos con ritos específicos y lugares protegidos.
El paisaje perdido de Yucatán
Para comprender el mundo que habitaron estos individuos, se requiere un cambio radical de perspectiva. Durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano, la península de Yucatán no era la densa selva tropical que vemos hoy. En cambio, era una vasta pradera salpicada de arbustos y pastos resistentes, con muchos menos árboles y una abundante megafauna que desde entonces se ha extinguido.
En este paisaje abierto y árido, las cuevas no solo servían como refugios temporales, sino como centros vitales que proporcionaban acceso a agua dulce y protección contra las inclemencias del tiempo. La transición de una pradera seca a los sistemas de cuevas inundadas se produjo a medida que aumentaban las temperaturas globales y subía el nivel del mar, inundando finalmente las cámaras y sellando los restos en una bóveda acuática durante miles de años.
La importancia científica de estos fósiles humanos de Tulum es inmensa. "El traslado y estudio de estos restos representan un avance importante para la investigación sobre los primeros habitantes de lo que hoy es México", declaró la secretaria federal de Cultura, Claudia Curiel de Icaza. El equipo de investigación planea utilizar tecnología de punta para determinar la edad exacta, la dieta y las posibles causas de muerte de estos individuos, además de realizar análisis de ADN que podrían esclarecer su origen étnico.
Investigando la ascendencia antigua
Una de las hipótesis más intrigantes que se investigan actualmente se refiere al cráneo femenino. Si bien sus características físicas aún se están estudiando, los investigadores consideran la posibilidad de una afiliación étnica diferente, y algunas hipótesis apuntan a posibles variaciones de linaje que podrían modificar el mapa migratorio de los primeros pobladores de América.
Los arqueólogos del Centro INAH de Quintana Roo destacan que estas labores de recuperación se rigen estrictamente por protocolos para la protección del patrimonio cultural subacuático. La delicada operación de rescate fue necesaria para evitar la pérdida de información debido a los cambios en los niveles de humedad y la sensibilidad ambiental general del sistema Sac Actun.
A medida que el estudio avanza en la Ciudad de México, los datos recopilados se compartirán con la comunidad científica en general, lo que podría revelar nuevos detalles sobre la diversidad genética de los primeros pobladores de América. Para los habitantes de Tulum, estos descubrimientos resaltan la importancia de la conservación, recordándoles que cada cenote no es solo una maravilla natural, sino un museo histórico sagrado.
*Imagen de portada generada por IA.
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