Inspectores municipales de Tulum colocaron precintos de clausura temporales en una caseta de la entrada norte del Parque del Jaguar el viernes 30 de mayo, luego de que un grupo de manifestantes denunciara lo que describieron como cobros no autorizados a los visitantes y la ausencia de permisos visibles que autorizaran la operación.

La intervención se produjo después de que residentes y visitantes expresaran su preocupación por una estructura que anteriormente funcionaba como centro de información, pero que al parecer se había transformado en un sistema de cobro por acceso al parque sin documentación legal. El caso se ha convertido en el centro de una disputa más amplia, que se prolonga desde hace meses, sobre quién controla el acceso a uno de los espacios públicos más controvertidos de Tulum.

Lo que encontraron los inspectores en el stand

Sergio Canto Contreras, director general de Fiscalización del gobierno municipal de Tulum, llegó al lugar durante la protesta y habló directamente con las personas que atendían el puesto. Solicitó los permisos y la documentación administrativa necesarios para cobrar legalmente las tarifas o controlar el acceso a ese lugar.

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No se produjo ninguna.

Ante la falta de documentación y la situación administrativa del puesto sin resolver, Canto Contreras ordenó su clausura preventiva. Los precintos colocados en la estructura tienen validez legal: los operadores se enfrentan ahora a un proceso administrativo formal con un plazo definido para comparecer ante las autoridades competentes y demostrar que las actividades del puesto se ajustan a la normativa vigente.

Si no lo hacen, advirtió el funcionario, el cierre temporal se convertirá en permanente. Añadió que las autoridades considerarían ordenar la demolición física de la estructura.

El acceso al Parque Jaguar ha sido motivo de meses de disputa.

El cierre no se produjo de forma aislada. Durante meses, la cuestión de quién controla el acceso al Parque del Jaguar y a las playas de Tulum ha generado protestas, quejas públicas y reclamaciones contrapuestas por parte de residentes, operadores turísticos y visitantes.

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La caseta de entrada norte se convirtió en un punto de encuentro debido a su ubicación en uno de los accesos principales al parque. Los manifestantes que se congregaron el viernes afirmaron que el módulo había estado funcionando en condiciones que generaban confusión, ya que los visitantes no sabían si las tarifas cobradas eran oficiales, voluntarias o legalmente autorizadas. La ausencia de permisos visibles o señalización clara acentuó esas dudas.

La manifestación impulsó al gobierno municipal a responder el mismo día, una reacción institucional relativamente rápida en una disputa que, por lo demás, ha avanzado lentamente en el debate público.

Qué significa el cierre para el debate sobre Jaguar Park

El precinto preventivo es una medida administrativa, no una resolución definitiva. Los operadores conservan el derecho a regularizar su situación dentro del plazo establecido por la normativa municipal vigente. Si presentan documentación válida que demuestre que el puesto operaba legalmente, las autoridades deberán reconsiderar el cierre.

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Sin embargo, ese proceso ahora se desarrolla bajo el escrutinio público. La disputa por el acceso al Parque Jaguar ha llamado la atención precisamente porque persisten interrogantes sin resolver a nivel municipal sobre tarifas, autoridad legal y acceso público a las zonas de playa y parque. La medida del viernes añade un procedimiento administrativo formal a lo que hasta ahora había sido, en gran medida, un conflicto político y popular.

Para los residentes y operadores turísticos de Tulum, el resultado de este proceso tendrá consecuencias prácticas. Si la caseta se cierra o se retira definitivamente, representaría una respuesta concreta, aunque parcial, a meses de quejas sobre el cobro de tarifas no autorizado o poco transparente en las entradas del parque. Si los operadores presentan la documentación y reanudan sus actividades, las preguntas fundamentales sobre transparencia y supervisión seguirán sin respuesta.

Lo que está claro es que el gobierno municipal se ha involucrado formalmente en una controversia que hasta ahora había observado desde la distancia. El siguiente paso les corresponde a los operadores de las cabinas y al plazo límite para cumplir con la normativa.

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