El Aeropuerto Internacional de Tulum ha salido del top ten de México en cuanto a llegadas internacionales, según cifras de agosto de la Agencia Federal de Aviación Civil. Este cambio se produce en un contexto de difusión en redes sociales de videos de playas vacías y una fuerte caída en la ocupación hotelera en Tulum, tras alcanzar máximos a principios de año. Lo que parecía una puerta de entrada caribeña en rápido ascenso ahora enfrenta una temporada más floja y, posiblemente, una profunda reestructuración.

Un giro inesperado en la trayectoria de un aeropuerto joven.

Inaugurado a finales de 2023 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, el aeropuerto Felipe Carrillo Puerto de Quintana Roo rápidamente se posicionó entre los diez primeros del país en cuanto a llegadas de extranjeros. Su ubicación en la Riviera Maya y la promesa de conexiones directas auguraban un ascenso sin esfuerzo. En tan solo cuatro meses, se situó entre los líderes. Sin embargo, en agosto, el aeropuerto descendió en la clasificación.

Los vuelos siguen programados, pero el entusiasmo ha disminuido. Los viajeros describen precios elevados para el alojamiento y las comidas, opciones de transporte limitadas a precios razonables y la sensación de que el acceso a las playas públicas está cada vez más restringido. Si a esto le sumamos el regreso estacional del sargazo y las preocupaciones de seguridad que acaparan titulares, el atractivo de una escapada espontánea a Tulum parece menor que a principios de año.

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En Tulum, la microhistoria detrás de los macrodatos

Una mañana reciente entre semana, una pareja de Chicago bajó de un colectivo cerca del centro de Tulum esperando un viaje rápido a la playa. El precio del taxi que les dieron era más caro que su almuerzo y dos tumbonas juntas. Decidieron ir caminando. «Queríamos que nos encantara, pero las pequeñas molestias se acumulan», comentó uno de los viajeros. Una sola historia nunca explica un mercado, pero ayuda a comprender una tendencia.

La Secretaría de Turismo de Quintana Roo (Sedetur) informa que la ocupación hotelera en Tulum ha disminuido 17.5 puntos porcentuales en comparación con los meses anteriores. A finales de septiembre, menos de la mitad de las habitaciones disponibles estaban ocupadas, un marcado contraste con la ocupación cercana al 80 por ciento registrada en el primer trimestre. Estas cifras reflejan lo que muchos visitantes publican en TikTok e Instagram: playas vacías al mediodía, restaurantes con ofertas de último minuto y anfitriones que regatean las tarifas por noche.

Tulum International Airport drops out of Mexico’s top ten - Photo 1

¿Qué hizo que el Aeropuerto Internacional de Tulum saliera de la lista de los mejores?

Para Francisco Madrid, director del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible de la Universidad Anáhuac, las causas van más allá de una sola temporada. Señala un retraso en los servicios urbanos y la infraestructura que no se adaptaron al rápido crecimiento de Tulum. El resultado, argumenta, es un destino que se apoyó en su imagen mientras luchaba por organizar sus servicios básicos.

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“Estamos presenciando abusos en los precios y también en el transporte urbano, especialmente en los taxis, incluyendo el bloqueo de Uber y el comportamiento agresivo hacia las alternativas”, declaró Madrid. Cuando la movilidad se percibe como arbitraria, los visitantes se adaptan de maneras poco útiles. Algunos acortan sus estancias. Otros eligen como base Playa del Carmen o Cancún y limitan la visita a Tulum a un viaje de un día. El aeropuerto puede ser nuevo, pero la dinámica del destino sigue determinando el flujo de llegadas.

Política, playas y la línea divisoria entre lo público y lo privado.

La política local también entró en escena. El presidente municipal de Tulum, Diego Castañón, fue criticado tras publicar videos en los que instaba a los visitantes a no llevar comida, sombrillas ni otros artículos a la playa, sugiriéndoles que los compraran en los establecimientos locales. La reacción fue rápida y contundente. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó tales condiciones de ilegales y anunció que su secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, abordaría lo que muchos consideraban una privatización progresiva de las playas públicas. Las quejas sobre las tarifas de acceso, las restricciones y la aplicación de la ley se concentraron en torno al proyecto federal Parque del Jaguar, que, según sus defensores, preservará áreas ecológicas clave, mientras que, según sus críticos, podría limitar el acceso libre.

Estas disputas pueden parecer burocráticas, pero para los viajeros el mensaje es claro: si llegar a la playa es costoso o complicado, elegirán otro lugar del Caribe. El debate sobre el acceso y los precios influirá en la reputación de Tulum a medio plazo más que cualquier campaña de marketing.

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Precios, transporte y la brecha de percepción

La frase que repiten los visitantes es predecible y contundente: buena relación calidad-precio. El ciclo de crecimiento de Tulum recompensó los conceptos de alta gama y las experiencias de alto margen, desde hoteles boutique hasta restaurantes de autor y clubes de playa. Esa fórmula aún puede funcionar. Pero cuando los precios medios se disparan mientras que los servicios se resienten, la brecha de percepción se amplía. Los turistas comienzan a comparar Tulum con otros destinos internacionales como Punta Cana, Cartagena o incluso lugares del Mediterráneo, donde el transporte es más sencillo y el acceso a las playas públicas es fácil.

El transporte es el punto de fricción. Las acusaciones de cárteles de taxis no son nuevas en Quintana Roo, y las disputas relacionadas con los servicios de transporte compartido se han convertido en parte de la narrativa turística del estado, desde Cancún hasta Playa del Carmen. Cuando el servicio de Uber se bloquea o es irregular, los visitantes se enfrentan a una disyuntiva: caminar largas distancias o pagar tarifas exorbitantes. En estas condiciones, es difícil mantener el turismo recurrente.

Las promesas iniciales del aeropuerto y la realidad de la demanda.

Los aeropuertos reflejan la demanda, no la crean. La terminal Felipe Carrillo Puerto amplió las opciones de Tulum y alivió la presión sobre el Aeropuerto Internacional de Cancún. Las aerolíneas probaron rutas. El tráfico aumentó. Luego, el optimismo disminuyó, lo que impulsó una reevaluación. Si el destino mejora la movilidad y el acceso, a la vez que modera los costos, las aerolíneas tendrán motivos para volver a apostar por él. De lo contrario, los diez primeros puestos seguirán estando fuera de su alcance.

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Aquí es donde corresponde una sutil reflexión editorial. El atractivo de Tulum siempre ha residido en una combinación de riqueza natural y un capital cultural particular: hoteles de diseño vanguardista, una vibrante escena de bienestar, festivales de música y el poder de marketing de las redes sociales. Este modelo requiere una gestión cuidadosa, pues es tan frágil como atractivo. Un destino famoso por su lujo informal no puede ignorar las aceras, los cruces peatonales y los precios justos.

Los titulares sobre seguridad se encuentran con la experiencia cotidiana.

Las preocupaciones de seguridad complican aún más la situación. Quintana Roo ha logrado gestionar grandes eventos y temporadas altas a pesar de la violencia periódica y los incidentes de gran repercusión. La mayoría de los visitantes completan sus viajes sin problemas. Sin embargo, los titulares perduran y la percepción se difunde más rápido que cualquier declaración oficial. Cuanto más arraigados sean los problemas en otros lugares, mayor será la importancia de estos titulares.

Una frase resuena en las redes sociales: "Cuando el acceso parece restringido y los precios parecen arbitrarios, los viajeros votan silenciosamente con los pies".

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Un camino hacia adelante que combina la ambición con el servicio.

Madrid aboga por una solución integral que involucre a los tres niveles de gobierno y al sector privado. Esto suena familiar, porque es precisamente lo que requieren los destinos complejos. La solución no reside solo en la aplicación de la ley o solo en la inversión, sino en ambas. Acceso claro y legal a las playas. Normas de transporte transparentes con competencia real. Tarifas predecibles. Mejores servicios urbanos para los residentes que soportan el peso del turismo durante todo el año. Si los residentes perciben beneficios, se convierten en los mejores defensores del destino. Si solo ven un aumento de los costos, el contrato social se resquebraja.

Este momento podría convertirse en un punto de inflexión en lugar de un retroceso. La Riviera Maya sigue siendo uno de los corredores turísticos más importantes del hemisferio, y Tulum conserva un reconocimiento de marca inigualable. El Tulum Times lleva años informando sobre los ciclos de auge y declive de la región. Lo que ha cambiado es la rapidez con la que se transforman las opiniones en la era de los vídeos cortos y las reseñas instantáneas. En este contexto, las pequeñas mejoras se acumulan, al igual que los pequeños errores.

¿Qué observarán a continuación los visitantes y los inversores?

Los inversores estarán atentos a los índices de ocupación y al rendimiento por habitación disponible durante la temporada de invierno. Las aerolíneas observarán los factores de ocupación y las reservas anticipadas. Los visitantes estarán pendientes de TikTok. Los residentes locales observarán si las normas se aplican de manera justa tanto a los taxis como a los clubes de playa. Y las autoridades federales mexicanas observarán cómo se traducen los compromisos sobre el acceso público en la costa y en la entrada a los aeropuertos.

Si se producen mejoras, el aeropuerto de Tulum podrá recuperar impulso. De lo contrario, la opción más sencilla llevará a los turistas al norte, a Cancún, o al sur, a Bacalar, donde actualmente la opinión pública es más positiva. Lo que está en juego es evidente y va mucho más allá de la clasificación de un solo aeropuerto.

En resumen, el Aeropuerto Internacional de Tulum

La salida del Aeropuerto Internacional de Tulum de la lista de los diez aeropuertos más importantes de México en agosto es una señal, no un veredicto. Sus principales activos se mantienen. La tarea ahora es alinear los precios con el servicio, garantizar un transporte justo y proteger el acceso libre a la costa. Si se logra esto, la demanda volverá a Felipe Carrillo Puerto, como si se tratara de una pista de aterrizaje.

En los próximos meses, la cooperación entre las autoridades de Quintana Roo, el gobierno federal y las empresas locales determinará si esta caída se convierte en un hecho aislado o en una tendencia. La palabra clave principal del debate público es lo suficientemente sencilla como para caber en un titular, pero lo suficientemente compleja como para poner a prueba todo un modelo de crecimiento: Aeropuerto Internacional de Tulum.

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