Las cifras procedentes de Quintana Roo esta semana apuntan a un cambio claro en la forma en que los visitantes eligen hospedarse en Tulum, justo cuando el destino se acerca a sus meses más importantes. Según funcionarios de turismo estatales, la recuperación hotelera de Tulum está en marcha, pero es desigual, y ese desequilibrio está transformando la economía turística local de cara a 2026.
Tras un año marcado por una menor demanda y la incertidumbre de los inversores, las habitaciones de hotel en Tulum y en toda la Riviera Maya se están llenando rápidamente. En cambio, los alquileres vacacionales tienen dificultades para satisfacer la demanda, a pesar de la llegada de más viajeros al nuevo Aeropuerto Internacional de Tulum y la constante construcción de nuevos condominios en todo el municipio.
Un repunte a finales de diciembre que cambió el tono.
Según las autoridades, el cambio se hizo evidente hacia finales de año. Bernardo Cueto Riestra, secretario de Turismo de Quintana Roo, confirmó lo que los hoteleros venían intuyendo desde hacía semanas: las reservas están aumentando de forma constante a medida que se afianza la temporada alta.
Según estimaciones publicadas por el estado, la ocupación hotelera podría alcanzar el 90 por ciento a finales de diciembre de 2025 y mantenerse en ese nivel durante los primeros meses de 2026. Cueto Riestra describió la recuperación como generalizada, señalando que Tulum está "teniendo un muy buen desempeño en la temporada alta", con un impulso que se extiende desde finales de diciembre hasta el año nuevo.
Ese optimismo es importante. El desempeño durante la temporada alta en Quintana Roo suele marcar la pauta financiera para todo el año, influyendo en las decisiones de contratación, los planes de renovación y la confianza de los inversionistas desde Cancún hasta el extremo sur de la Riviera Maya.
Esta vez no solo los grandes complejos turísticos.
Lo que destaca en el ciclo actual es dónde se concentra la demanda. Este aumento no se limita a los grandes complejos turísticos con todo incluido a lo largo de la costa. Los hoteles boutique pequeños y medianos, muchos de ellos ubicados cerca del centro de Tulum y a lo largo del paseo marítimo, también registran incrementos similares en su ocupación.
Al parecer, los viajeros están tomando una decisión deliberada.
El atractivo de los hoteles, sobre todo en un destino que aún se enfrenta a un rápido crecimiento, radica menos en el lujo y más en la previsibilidad. La atención personalizada en la recepción, el mantenimiento in situ y las operaciones centralizadas ofrecen una sensación de orden que muchos visitantes ahora priorizan por encima del espacio o la novedad.
“Los viajeros están votando con su dinero, y están votando por la fiabilidad.”
Los alquileres vacacionales se enfrentan a una realidad muy diferente.
Mientras los hoteles celebran, los anfitriones de Airbnb y otros operadores de alquileres a corto plazo se enfrentan a cifras mucho más desalentadoras. Los datos de AirDNA, una empresa que realiza un seguimiento del rendimiento de los alquileres vacacionales, sugieren que la ocupación en el mercado de alquileres de Tulum ronda el 43%, muy por debajo de los niveles hoteleros.
El contraste es sorprendente. Los turistas llegan. El número de vuelos al Aeropuerto Internacional de Tulum sigue aumentando. Sin embargo, miles de apartamentos y condominios permanecen a oscuras la mayoría de las noches.
Esta brecha refleja un problema estructural más que una caída temporal. En los últimos años, Tulum ha experimentado un auge en la construcción de viviendas dirigidas directamente al mercado de alquileres a corto plazo. Barrios enteros se construyeron partiendo de la premisa de una demanda perpetua.
Esa demanda no se ha materializado en la escala que los promotores habían previsto.
El exceso de oferta se encuentra con un destino en maduración.
El problema radica en el exceso de oferta. Sencillamente, hay más viviendas de alquiler de las que el mercado puede absorber, incluso en temporada alta. A medida que se incorporan más condominios al mercado, la competencia se intensifica, lo que reduce la ocupación y las tarifas por noche.
Esto ocurre a medida que Tulum entra en una fase de mayor madurez. El destino ya no es un refugio discreto. Es una marca global con expectativas que se asemejan cada vez más a las de las grandes ciudades turísticas de México.
Y las expectativas modifican el comportamiento.
Los visitantes que reservan viajes de última hora para principios de 2026 parecen estar más dispuestos a pagar por la tranquilidad que a arriesgarse con un alojamiento independiente que podría carecer de servicios consistentes.
La fiabilidad se convierte en el factor decisivo.
La palabra que más utilizan los observadores del sector para explicar este cambio es fiabilidad.
La infraestructura de Tulum ha mejorado, pero sigue siendo desigual, sobre todo en las zonas de rápido desarrollo. Los cortes de luz han sido un problema recurrente en algunos barrios, especialmente durante los periodos de mayor demanda o condiciones climáticas adversas.
Cuando se corta la luz, la diferencia entre un hotel y un apartamento de alquiler es abismal. Los hoteles suelen contar con generadores de respaldo de uso industrial que mantienen el aire acondicionado, la presión del agua y el internet funcionando sin problemas. En muchos apartamentos de alquiler, un apagón puede significar oscuridad total y un calor sofocante.
Para los viajeros que realizan estancias cortas, ese riesgo resulta cada vez más inaceptable.
Lo que el aeropuerto hizo y no hizo
Se esperaba que la apertura del Aeropuerto Internacional de Tulum impulsara todos los segmentos del mercado hotelero. En cierto modo, así ha sido. El destino es ahora más accesible, sobre todo para los visitantes que antes volaban a Cancún y tenían que soportar largos traslados terrestres.
Pero la mejora del acceso no ha resuelto los desajustes subyacentes entre la oferta y la demanda.
Los hoteles, con su gestión centralizada y canales de distribución establecidos, están mejor posicionados para captar la afluencia de turistas. Los alquileres vacacionales, fragmentados entre miles de propietarios individuales, tienen dificultades para adaptarse con la misma rapidez a los cambios en las expectativas de los viajeros.
Una microhistoria desde el terreno
El gerente de un hotel cerca del centro de Tulum describió cómo la ocupación aumentaba semana tras semana a medida que se acercaba diciembre, incluso cuando los edificios de condominios vecinos permanecían prácticamente vacíos. En la recepción se respondían más preguntas sobre generadores y sistemas de agua que sobre servicios de spa o mejoras de habitaciones.
Fue un detalle revelador.
Las cuestiones de infraestructura, que antes se consideraban un aspecto secundario, ahora forman parte de la decisión de reserva.
El contexto más amplio de la Riviera Maya
Esta tendencia no es exclusiva de Tulum. En varias zonas de la Riviera Maya, los hoteles se están consolidando como la opción preferida para quienes viajan por primera vez o prefieren evitar riesgos. En Playa del Carmen e incluso en Cancún, los alojamientos gestionados profesionalmente superan en rendimiento a los alquileres independientes durante periodos de incertidumbre.
El modelo turístico de Quintana Roo siempre ha sabido equilibrar la innovación con la escala. El momento actual sugiere que la tendencia está volviendo a las estructuras tradicionales, al menos por ahora.
¿Qué significa esto para los inversores y los anfitriones?
Para los inversores que apuestan fuertemente por los alquileres a corto plazo, el mensaje es desalentador. La temporada alta ya no garantiza una alta ocupación. Las estrategias de precios, la calidad de la gestión de las propiedades e incluso la solidez de la infraestructura básica ahora determinan el éxito.
Algunos anfitriones podrían optar por alquileres a largo plazo. Otros podrían buscar alianzas con operadores profesionales. Pero parece que los tiempos de ganancias fáciles han terminado.
Mientras tanto, los hoteles están aprovechando la situación para reforzar sus ventajas, haciendo hincapié en los sistemas de respaldo, la dotación de personal y la estabilidad operativa en su marketing.
Una recuperación con claros ganadores y perdedores.
La recuperación del sector hotelero de Tulum refleja la evolución de un destino que consolida su reputación mundial. El crecimiento trae consigo oportunidades, pero también deja al descubierto debilidades.
Tal y como ha informado The Tulum Times, la siguiente fase de la evolución de Tulum probablemente favorecerá a los negocios que puedan ofrecer consistencia en un lugar que aún se está adaptando a su propia popularidad.
Una frase se repite constantemente en las conversaciones tanto con viajeros como con operadores turísticos: la comodidad ahora prima sobre la novedad.
Lo que realmente eligen los viajeros
Para los turistas que planean un viaje en 2026, esta tendencia ofrece una conclusión sencilla: los hoteles están llenos por una razón. Ofrecen una protección contra la imprevisibilidad que aún caracteriza a algunas zonas de Tulum.
Eso no significa que los alquileres vacacionales vayan a desaparecer. Pero sí sugiere una reevaluación, en la que las expectativas sean más realistas y la rentabilidad más modesta.
Mirando hacia el año 2026
A medida que aumenta la ocupación y se acerca la temporada alta, la brecha entre hoteles y alquileres vacacionales podría ampliarse aún más. Las mejoras en la infraestructura podrían reducir esa diferencia con el tiempo, pero por ahora, la fiabilidad es clave.
Lo que está en juego va más allá de las plataformas de reservas. Afecta al empleo, la planificación urbana y la sostenibilidad a largo plazo del turismo en Tulum y en todo Quintana Roo.
En ese sentido, la recuperación hotelera de Tulum no se trata tanto de una sola temporada, sino más bien del tipo de destino en el que se está convirtiendo Tulum.
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¿Crees que el mercado de alquileres de Tulum puede adaptarse, o la balanza se ha inclinado definitivamente hacia los hoteles?
* Foto de portada: Una Vida Tulum.