¿Qué ocurre cuando la ley llega tarde, pero el hormigón ya está fraguado?

Esa es la inquietante pregunta que surge en Bahía Solimán, una pintoresca bahía en Tulum que ahora se encuentra en el centro de un amargo conflicto entre dos proyectos de lujo y las autoridades ambientales mexicanas. Esta semana, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) negó la autorización ambiental a los condominios Maiim y Adamar, confirmando lo que los activistas habían advertido: estos proyectos se construyeron primero y luego se plantearon las preguntas.

El fallo se hizo público en la última edición de la Gaceta Ecológica, el boletín ambiental oficial de México. Pero para muchos lugareños, la noticia llega demasiado tarde. Para cuando se rechazaron formalmente los permisos, el acero y el vidrio ya se alzaban sobre las dunas.

Cronología de violaciones y lenta rendición de cuentas

El proyecto Maiim, promovido por Promotora de Incentivos México SA de CV, se ubica en un terreno de 3,144 metros cuadrados en Tankah IV. El complejo, ya en su mayor parte construido, incluye 38 apartamentos distribuidos en tres edificios, una piscina, un restaurante, un gimnasio y áreas comunes. Ninguno de los proyectos contaba con autorización ambiental al inicio de la construcción.

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Según el Estudio de Impacto Ambiental presentado posteriormente, el proyecto ya contaba con la aprobación de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), lo que obligó a los promotores a someterse a un proceso de evaluación ambiental retroactivo. Un claro ejemplo de construir primero y cumplir después.

La situación fue aún más complicada para Adamar, el otro proyecto de lujo en cuestión. Desarrollado por Desarrollos Tulum Dieciséis SAPI de CV, Adamar fue diseñado como un complejo de siete pisos con 16 apartamentos de lujo y servicios exclusivos. Su construcción también se realizó sin autorización y dañó directamente 731 metros cuadrados de dunas costeras protegidas, un ecosistema frágil que alberga tortugas marinas y aves en peligro de extinción.

En agosto de 2025, un juez federal ordenó la demolición del proyecto, alegando múltiples violaciones de la legislación ambiental. El fallo se produjo apenas unas semanas antes de que Semarnat denegara formalmente la aprobación ambiental. Para los residentes y activistas que habían alertado desde 2024, la sentencia representó una victoria excepcional y largamente esperada.

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What two condo projects reveal about Tulum’s future - Photo 1

“Un mundo patas arriba”

Antonella Vázquez, portavoz de la asociación civil Defendiendo el Derecho a un Ambiente Sano (DMAS), no se anduvo con rodeos.

“Vivimos en un mundo patas arriba”, afirmó. Su grupo presentó quejas sobre el proyecto Adamar en 2024, pero la aplicación efectiva de la ley solo se produjo después de que el Fiscal General de Quintana Roo asegurara el sitio en septiembre de este año, casi dos años después del inicio de la construcción.

Para entonces, el daño al ecosistema costero ya estaba hecho.

Lo que comenzó como una queja ciudadana se convirtió en un enfrentamiento entre varias agencias, que incluyó intervención legal, inspecciones in situ y protestas públicas. Pero como bien saben muchos residentes de Tulum, la justicia ambiental en México suele avanzar con extrema lentitud.

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Tankah IV: el paraíso bajo presión

Tankah IV, ubicada en la costa norte de la Riviera Maya, se ha convertido en un inesperado foco de controversia en el debate sobre el desarrollo descontrolado en Quintana Roo. A diferencia de las vecinas Playa del Carmen o Cancún, donde la infraestructura turística a gran escala se planificó con décadas de antelación, el auge de Tulum ha sido caótico y en gran medida no regulado.

El floreciente mercado inmobiliario de la zona atrae inversiones y genera conflictos. Mientras los promotores de lujo codician cada metro cuadrado de costa disponible, grupos comunitarios y organizaciones ecologistas se esfuerzan por proteger lo que queda de los frágiles ecosistemas de la región.

Maiim y Adamar no son ni mucho menos los primeros en saltarse las reglas, pero podrían convertirse en los primeros en pagar un precio público por ello.

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El costo humano de los atajos ambientales

Detrás del lenguaje legal y las siglas de las agencias se esconden historias de frustración y resistencia cotidianas. Un residente, que pidió permanecer en el anonimato, describió haber visto camiones llegar a Tankah IV ya en 2023, meses antes de que cualquier registro público indicara que la construcción había comenzado.

“No había permisos. Solo máquinas y hombres trabajando sin descanso”, dijeron. “Parecía que aquí las reglas no importaban”.

Para otros, los proyectos trajeron consigo ruido, trastornos y una creciente sensación de inevitabilidad. El temor no se limitaba al paisaje, sino que abarcaba el nivel freático, las tortugas y el equilibrio de un lugar que antes parecía intacto.

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Estas no son preocupaciones abstractas. Son la realidad cotidiana de los habitantes locales que viven en la trayectoria del crecimiento explosivo de Tulum.

¿Podría esto sentar un precedente?

Si bien la orden judicial de demolición contra Adamar constituye un resultado legal excepcional, sus implicaciones a largo plazo aún no están claras. ¿Se aplicarán las mismas normas a otros proyectos sin permiso? ¿Comenzarán los promotores inmobiliarios a tomarse más en serio las leyes ambientales?

“Da la sensación de que algo ha cambiado aquí”, dijo un conservacionista local. “Pero ya hemos visto victorias como esta antes, y con demasiada frecuencia, se revierten o se ignoran cuando el dinero vuelve a tener poder”.

Lo que distingue este caso, quizás, es el momento en que se produjo. Con el creciente escrutinio de grupos ambientalistas, medios de comunicación internacionales y organizaciones de vigilancia, Tulum ya no es una zona sin ley. Y The Tulum Times ha estado documentando este cambio en cada etapa.

Sin embargo, persisten las dudas. ¿Se mantendrá la negación de Semarnat? ¿Se hará cumplir la orden de demolición de Adamar? ¿O esto también quedará en el olvido?

Lo que está en juego para Tulum y más allá

Las controversias de Maiim y Adamar son más que dramas locales. Son símbolos de una lucha más amplia que se desarrolla en los principales destinos turísticos de México, donde la belleza natural choca con la ambición económica.

En Quintana Roo, el equilibrio entre desarrollo y conservación nunca ha sido tan precario. Lo que suceda en Tankah IV podría influir en cómo se aborden los proyectos futuros, no solo en Tulum, sino en toda la Riviera Maya.

Y si estos fallos se mantienen, podrían ofrecer un rayo de esperanza para aquellos que aún luchan por proteger lo que queda.

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¿Crees que estos fallos judiciales marcan un punto de inflexión para la justicia ambiental en Tulum?