Durante casi tres décadas, un tramo de costa en la Riviera Maya ha transformado discretamente la historia de la conservación de las tortugas marinas en México. Esta semana, el Programa de Conservación de Tortugas Marinas Riviera Maya–Tulum anunció que ha superado un hito que pocas iniciativas en el mundo pueden igualar: más de 20 millones de crías de tortuga marina nacidas y liberadas en el océano desde 1996.

El anuncio lo realizó Guadalupe Quintana, directora general de Flora, Fauna y Cultura de México AC, en Tulum, durante un evento que combinó celebración y cautela. Esta cifra representa 29 años ininterrumpidos de trabajo en las playas de Tulum y la Riviera Maya, una zona que hoy alberga algunas de las mayores densidades de anidación de tortugas marinas en Quintana Roo y en todo el país.

“Es un poderoso recordatorio de que la conservación a largo plazo puede dar resultados”, dijo Quintana. “Pero también es un recordatorio de lo frágiles que siguen siendo esos resultados”.

De la abundancia colonial al colapso moderno

Quintana comenzó situando este logro dentro de un contexto histórico más amplio. Cuando Cristóbal Colón llegó al Caribe en 1492, describió playas tan densamente cubiertas de tortugas que, según sus crónicas, casi se podía caminar sobre sus caparazones. Estos relatos, que se repiten en otros registros antiguos de América, hablan de una abundancia difícil de imaginar hoy en día.

La llegada de los europeos marcó el inicio de siglos de explotación. La carne, los huevos y los caparazones de tortuga se convirtieron en valiosos productos. Su capacidad para sobrevivir durante largos periodos a bordo de los barcos las transformó en una fuente conveniente de proteína fresca para los viajes largos. Con el tiempo, la extracción se intensificó. Y luego llegaron la pérdida de hábitat, el desarrollo costero, la contaminación marina y la constante expansión de la actividad humana en las costas y en el mar.

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A finales del siglo XX, poblaciones que habían sobrevivido durante millones de años se vieron al borde de la extinción. Fue en este contexto que comenzaron a gestarse los esfuerzos organizados de conservación en Quintana Roo.

Un programa que nació en 1996 y se mantiene gracias a alianzas.

El programa actual de protección de tortugas marinas en Tulum tiene sus orígenes en 1996, cuando Grupo Xcaret asumió la responsabilidad de las iniciativas que anteriormente lideraba el Centro de Investigaciones de Quintana Roo, o CIQRO, pionero en la investigación y conservación de tortugas en el estado.

En 2002, Flora, Fauna y Cultura de México AC asumió la dirección del programa, con el apoyo de Grupo Xcaret y la incorporación de una creciente red de operadores hoteleros, instituciones académicas, organizaciones ambientalistas y voluntarios. Con el tiempo, el programa se expandió mucho más allá de la protección básica de nidos.

Hoy en día, se la considera un referente nacional e internacional. Su labor abarca la vigilancia de playas, la protección de hembras anidantes y crías, la investigación científica, la educación ambiental, la formación técnica y la coordinación con las autoridades públicas. Según los organizadores, este enfoque integral ha sido clave para alcanzar la cifra de 20 millones de crías.

Y ha requerido una perseverancia que no se mide en temporadas, sino en décadas.

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La gente que pasea por las playas de noche.

Durante el evento, Quintana hizo una pausa para rendir homenaje a quienes rara vez aparecen en los titulares. Durante seis u ocho meses al año, los guardianes de tortugas patrullan las playas de anidación día y noche, a menudo en condiciones difíciles. Su trabajo es físicamente exigente y repetitivo, pero fundamental.

Mencionó a varios por su nombre: Estela, Leo, Itzel, Ana, Pepe, Álvaro, Judith, Joel, Tito y Tilo. Algunos han dedicado gran parte de su vida laboral a esta labor, regresando temporada tras temporada a medida que el turismo crecía a su alrededor y aumentaba la presión sobre la costa.

También reconoció la labor de investigadores como Roberto Herrera, Fernando Muñoz y Rodolfo Raigosa, así como la de cientos de colaboradores y miles de voluntarios que han aportado tiempo, experiencia y paciencia.

“Es fácil celebrar las cifras”, dijo Quintana. “Lo más difícil es reconocer el compromiso humano que hay detrás de cada nido protegido”.

Esa frase, pronunciada sin florituras, captó el sentir de la reunión y rápidamente circuló entre los asistentes en las redes sociales.

El respaldo institucional y el papel del sector privado.

La continuidad del programa ha dependido en gran medida de aliados institucionales y financieros. Entre los reconocidos se encuentran Grupo Xcaret, el hotel La Nueva Vida de Ramiro, Bahía Príncipe Tulum y su Fundación EcoBahía, la Armada de México y el Santuario de Tortugas Marinas Casa del Cielo.

También se destacó a los medios de comunicación por difundir mensajes de conservación más allá de las playas de Tulum. Como señaló Quintana, la concienciación pública se ha convertido en una capa esencial de protección en un destino donde el turismo, la iluminación y la infraestructura costera pueden, sin querer, perjudicar el éxito de la anidación.

La presencia de actores del sector privado junto a grupos de la sociedad civil refleja una realidad más amplia en el panorama de la conservación en México: la protección ambiental a largo plazo a menudo depende de la colaboración más que de esfuerzos aislados.

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Temporada histórica de anidación refuerza el papel de Tulum

La celebración coincidió con el cierre de la temporada de anidación de tortugas marinas de 2025 en Tulum, que las autoridades municipales calificaron de histórica. De mayo a noviembre, se protegieron más de 15.000 nidos y se registraron 1.085.347 crías a lo largo del litoral del municipio.

Según datos de la Dirección General de Sostenibilidad Ambiental, las playas de Tulum siguen registrando el mayor número de llegadas de tortugas en Quintana Roo. Esta distinción aporta visibilidad, pero también responsabilidad.

De los nidos documentados, 15.848 pertenecían a tortugas verdes (Chelonia mydas). Otros 2.309 eran de tortugas bobas (Caretta caretta). Tres nidos fueron identificados como de tortugas carey (Eretmochelys imbricata). Las tres especies están clasificadas en diferentes niveles de riesgo según los marcos de conservación nacionales e internacionales.

Más de un millón de crías emergieron de estos nidos y fueron liberadas siguiendo los protocolos ambientales establecidos. Si bien la temporada oficial finalizó en noviembre, las autoridades confirmaron que algunos nidos permanecen activos, lo que motivó una vigilancia continua para garantizar que las crías lleguen al mar a salvo.

Coordinación entre el gobierno y la sociedad civil

Las operaciones de 2025 fueron lideradas por el Comité Municipal para la Protección de las Tortugas Marinas, en coordinación con autoridades federales, estatales y locales, organizaciones civiles, instituciones científicas y campamentos de tortugas.

Los grupos participantes incluyeron a Flora, Fauna y Cultura de México, la Fundación Ecológica Bahía Príncipe Tulum, el Programa Kanan Áak, el Centro Ecológico Akumal, Save Akumal, Bahía Solimán, Desarrollo Turístico Tukal y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas o CONANP.

Los funcionarios municipales afirmaron que la magnitud de la coordinación refleja tanto el valor ecológico de las tortugas marinas como su papel como indicadores de la salud del ecosistema costero en Tulum y la Riviera Maya.

El alcalde de Tulum, Diego Castañón, ha descrito repetidamente la protección de las tortugas marinas como un eje estratégico para el municipio, citando su importancia para la biodiversidad, el turismo sostenible y la estabilidad ambiental a largo plazo.

El éxito no elimina los riesgos futuros.

A pesar del tono festivo, Quintana se cuidó de matizar el optimismo con realismo. Las tortugas marinas siguen en peligro de extinción. La iluminación artificial, la construcción en zonas costeras, la contaminación por plásticos, el cambio climático y la intensa actividad turística continúan representando graves amenazas.

En lugares como Tulum, donde la atención mundial ha transformado playas antes tranquilas en destinos internacionales, los esfuerzos de conservación deben adaptarse constantemente. Las medidas que funcionaron hace una década quizás ya no sean suficientes.

“En la conservación no hay una meta final”, dijo Quintana. “Solo la próxima temporada y la próxima generación”.

Esa perspectiva coincide con el mensaje final del programa del día, una frase que tuvo repercusión más allá del propio evento: "Vamos a por los próximos 20 millones".

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Un esfuerzo local con implicaciones globales

Lo ocurrido en las playas de Tulum durante los últimos 29 años ilustra una verdad más amplia sobre la protección del medio ambiente en México. Cuando instituciones, comunidades, investigadores y empresas se unen en torno a un objetivo común, es posible lograr avances tangibles, incluso contra todo pronóstico.

Al mismo tiempo, las cifras ponen de manifiesto lo mucho que está en juego. De los millones de crías liberadas, solo una pequeña fracción sobrevivirá hasta la edad adulta. Por lo tanto, el éxito de la conservación es acumulativo y se basa en la perseverancia más que en garantías.

Como ha informado The Tulum Times en temporadas anteriores, el futuro de las tortugas marinas en la Riviera Maya dependerá no solo de las patrullas y los protocolos, sino también de cómo evolucionen el desarrollo, el turismo y las decisiones políticas en los próximos años.

El hito de los 20 millones de crías nacidas ofrece esperanza. También establece un exigente objetivo para lo que vendrá después.

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