La zona arqueológica de Tulum recibió 809,000 visitantes entre enero y septiembre de 2025, de acuerdo con cifras recientes divulgadas por la Secretaría de Turismo de México. El número mantiene al sitio en el tercer lugar a nivel nacional, pero marca una caída pronunciada respecto a los niveles previos al cierre. El descenso ilustra cómo las decisiones de política pública, las estructuras de tarifas y la dinámica regional continúan moldeando una de las atracciones más emblemáticas de Quintana Roo.
Chichén Itzá se mantuvo como el sitio más visitado del país durante el mismo período con 1.7 millones de visitantes, mientras que Teotihuacán y su Museo de Sitio aseguraron el segundo lugar con 1.2 millones. Pero el panorama en Tulum parece más complejo que lo que una simple clasificación podría sugerir. Los datos más recientes insinúan una lucha constante por recuperar impulso después de años de interrupciones vinculadas con la construcción del Tren Maya, patrones fluctuantes de turismo y la introducción de nuevas tarifas federales.
Estas cifras plantean una pregunta más amplia. ¿Cómo recupera un destino su estabilidad cuando las mejoras de infraestructura, proyectos dirigidos por el ejército y nuevos esquemas de precios se encuentran con cambios en el comportamiento de los viajeros a nivel mundial?
La larga sombra de 2023 sobre las realidades turísticas actuales
Una comparación con 2023 ayuda a aclarar la magnitud del desafío. Ese año, antes del cierre de mantenimiento asociado con el Tren Maya y antes de las nuevas tarifas impuestas a través del Parque del Jaguar operado por la Sedena, la zona arqueológica de Tulum recibió 1,040,622 visitantes de enero a septiembre. La cifra para 2025 es 231,622 menor. Una frase corta captura el cambio: "Dos años pueden remodelar una economía turística completa".

Esta caída del 22 por ciento, basada en datos oficiales del INAH, parece estar largamente conectada con los cargos adicionales introducidos en diciembre de 2024 cuando el Parque del Jaguar comenzó operaciones bajo la administración del Ejército Mexicano. Estas tarifas agregaron 150 pesos para residentes de Quintana Roo, 255 pesos para turistas nacionales y 415 pesos para viajeros internacionales, todos pagados antes de la tarifa estándar de entrada de 100 pesos a la zona arqueológica misma.
Esa estructura de costos alteró inmediatamente el comportamiento de los visitantes. Guías en la Riviera Maya dijeron a The Tulum Times a principios de este año que las familias que alguna vez visitaban Tulum como parte de excursiones de múltiples paradas comenzaban a saltar el sitio completamente. Algunos operadores turísticos reportan que sus pasajeros ahora prefieren destinos menos costosos como Cobá, Ek' Balam o incluso atracciones costeras que no requieren pagos en capas.
Aumentos de tarifas, política federal y un mapa turístico cambiante
Cambios adicionales están llegando. La presidenta Claudia Sheinbaum ha aprobado un aumento significativo en 2026, elevando la tarifa de entrada base para extranjeros de 100 a 210 pesos, mientras que los nacionales mexicanos pagarán 105 pesos. Legisladores de la coalición gobernante, incluyendo representantes de Quintana Roo, respaldaron el ajuste.
Para Tulum, que ya navega un panorama turístico sensible, el momento podría ser difícil. La Riviera Maya continúa enfrentando llegadas reducidas de viajeros de Estados Unidos, una tendencia visible en múltiples destinos de México este año. Aunque no es catastrófico, el descenso agrega otra capa de presión sobre negocios locales y servicios turísticos que dependen fuertemente de flujos de visitantes predecibles.
Un empleado de museo en el área describió la situación tranquilamente durante una tarde lenta: "Solíamos preocuparnos por las multitudes. Ahora nos preocupan las horas vacías". Es el tipo de frase que captura más que frustración. Refleja un cambio de ánimo a lo largo de la costa, donde las comunidades son cada vez más conscientes de que las decisiones de política pública tienen peso económico real.

Una microhistoria dentro de los números: el museo olvidado
Las estadísticas del INAH también revelan un detalle revelador. El Museo de la Costa Oriental, ubicado dentro del Parque del Jaguar y accesible solo después de pagar las tarifas administradas por la Sedena, registró apenas 98,400 visitantes hasta septiembre de 2025. Esa cifra representa aproximadamente el 12 por ciento del número total de personas que ingresaron a la zona arqueológica de Tulum.
La brecha entre la zona arqueológica y el museo es inusualmente grande para una atracción que históricamente sirvió como complemento educativo de las ruinas. El museo alguna vez fue una parada accesible para turistas caminando por los senderos costeros, ofreciendo contexto sobre el comercio marítimo maya y la historia cultural de la región. Ahora, el costo adicional parece desalentar a muchos de entrar.
Esta microhistoria insinúa un desafío más amplio. Cuando las barreras de precio suben, no solo declinan los visitantes totales, sino que el movimiento interno de quienes sí vienen se vuelve menos equilibrado. Los museos pierden flujo de peatones, los espacios interpretativos permanecen subutilizados y la comprensión cultural que estas instituciones fueron creadas para fortalecer podría debilitarse.
Tendencias contrastantes en la red arqueológica de México
A nivel nacional, el panorama se ve diferente. Las zonas arqueológicas de México recibieron 7.4 millones de visitantes durante los primeros nueve meses de 2025. El 64 por ciento fueron turistas nacionales y el 36 por ciento internacionales, representando un aumento general del 2.6 por ciento comparado con el mismo período en 2024.

Los museos también experimentaron fuerte movimiento. Recibieron 8.5 millones de visitantes de enero a septiembre, con una base abrumadoramente mexicana del 89 por ciento. El Museo Nacional de Antropología solo representó el 43 por ciento de todas las admisiones de museos a nivel nacional, seguido por el Museo Nacional de Historia al 24 por ciento y el Museo del Templo Mayor al 4 por ciento.
Ese contraste importa. Mientras el país como un todo parece estar recuperándose de manera constante, la posición de Tulum en el ecosistema turístico nacional parece menos segura. Y plantea otro punto frecuentemente discutido de manera tranquila entre propietarios de negocios locales. El municipio se beneficia de la visibilidad internacional, pero también absorbe las consecuencias cuando las políticas federales crean fricción en la experiencia del visitante.
Tulum en una encrucijada mientras nuevas reglas se encuentran con expectativas antiguas
Los datos llegan en un momento cuando la identidad de Tulum continúa evolucionando. Alguna vez un destino costero relativamente económico, se ha convertido en una marca internacional sinónima de hoteles boutique, desarrollo rápido y costo de vida creciente. Proyectos de infraestructura como el Tren Maya y el nuevo aeropuerto han amplificado su importancia estratégica. Pero con esa visibilidad viene la complejidad.
Las tarifas más altas podrían reflejar un esfuerzo para regular flujos de turismo, proteger áreas naturales o generar ingresos para mantenimiento. La lógica es comprensible. Sin embargo, cuando las tarifas aumentan más rápido que la disposición de los viajeros a pagar, destinos históricamente estables pueden experimentar cambios repentinos.
Emerge aquí una reflexión editorial sutil. El turismo no es solo cuestión de números, sino de equilibrio. Cuando el balance entre acceso, asequibilidad y conservación comienza a inclinarse, los efectos se propagan por las comunidades.
Qué podrían señalar los números de 2025 para los próximos años
Mirando hacia adelante, la zona arqueológica de Tulum parece preparada para otro período de ajuste. El próximo aumento de precios en 2026 podría magnificar las tendencias actuales a menos que la demanda se estabilice o las campañas de mercadotecnia recalibren las expectativas de los visitantes. Operadores turísticos en toda Quintana Roo ya han comenzado a replantear sus paquetes, y algunos hoteleros dicen de manera privada que esperan que los viajeros combinen visitas arqueológicas más cortas con estancias más largas en resorts todo incluido.
Mientras tanto, sitios nacionales como Chichén Itzá y Teotihuacán, que tienen décadas de infraestructura turística profundamente arraigada, probablemente continuarán atrayendo flujos constantes, incluso cuando enfrenten desafíos operacionales propios.
Para Tulum, la recuperación podría depender de si las autoridades reevalúan el impacto combinado de múltiples tarifas, especialmente en una región donde los visitantes tienen muchas alternativas y donde los hábitos de viaje parecen ser cada vez más sensibles al costo. El alto compromiso de audiencias globales con noticias relacionadas con Quintana Roo sugiere que las decisiones tomadas ahora podrían moldear patrones turísticos durante años.

Reflexiones finales sobre lo que está en juego para la zona arqueológica de Tulum
Las cifras más recientes muestran que la zona arqueológica de Tulum sigue siendo un destino mayor en México, pero uno enfrentando vientos en contra notables. La combinación de tarifas federales, llegadas decrecientes de Estados Unidos y aumentos de tarifas próximos podrían continuar suprimiendo sus números de visitantes a menos que emerjan ajustes más amplios.
Lo que está en juego no es solo un conteo de turistas sino la vitalidad económica y cultural de uno de los sitios de patrimonio más emblemáticos de México. Mientras Tulum redefine su lugar dentro de la red arqueológica del país, las decisiones tomadas hoy moldedarán cómo los futuros viajeros experimentan el sitio.
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