El aeródromo en la selva estaba destinado a ser la joya de la corona de la estrategia turística del sur de México. Ahora, a menos de dos años de su gran inauguración, el Aeropuerto Internacional de Tulum se enfrenta a una realidad inquietante: las aerolíneas internacionales se están retirando y este centro de operaciones, que alguna vez fue ambicioso, está viendo truncadas sus operaciones.
Según analistas de aviación y diversos informes del sector, el Aeropuerto Internacional Felipe Carrillo Puerto de Tulum ha sufrido una drástica caída en la conectividad aérea, con entre un 30 % y un 40 % menos de rutas internacionales desde su inauguración en diciembre de 2023. Diseñado para atender hasta cuatro millones de pasajeros al año, el proyecto de 3200 millones de pesos se encuentra ahora bajo escrutinio, no por retrasos o problemas de construcción, sino por no cumplir con su promesa principal: convertirse en una puerta de entrada al sur de Quintana Roo.
Una apuesta de mil millones de pesos por la descentralización del turismo.
Cuando se inauguró el aeropuerto, lo hizo con discursos, gran pompa militar y altas expectativas. Las autoridades vislumbraban un futuro en el que Tulum rivalizaría con Cancún y Playa del Carmen no solo por sus playas, sino también por su conveniencia logística. Al desviar los vuelos de las concurridas terminales de Cancún, el nuevo aeropuerto buscaba redistribuir a los visitantes, impulsando así la tan necesaria actividad económica en la Riviera Maya, al sur del país, e incluso en las comunidades del interior de la península de Yucatán.
Pero esa visión se está desmoronando.
Avianca y Copa Airlines, dos de las principales aerolíneas latinoamericanas, han suspendido por completo sus operaciones. Mientras tanto, gigantes estadounidenses como Delta, United y American Airlines han reducido discretamente sus frecuencias. Según el experto en aviación Carlos Torres, las razones son profundamente estructurales.
Los problemas de movilidad afectan al aeropuerto de Tulum.
La primera señal de alarma es el transporte. O, más precisamente, la falta del mismo.
“No hay una forma eficiente de entrar o salir”, señaló Torres, refiriéndose a las limitadas opciones de transporte, las elevadas tarifas de los taxis y las demoras causadas por las largas esperas. Para los viajeros que llegan al Aeropuerto Internacional de Tulum, la experiencia puede parecerse más a un rompecabezas logístico que al inicio de unas vacaciones relajantes.
El aeropuerto se ubica a unos 20 kilómetros al suroeste de Tulum, lejos de los centros turísticos costeros. Un viaje a Playa del Carmen o incluso a la Zona Hotelera de Tulum puede convertirse en un trayecto de una hora, si se tiene suerte. A diferencia de Cancún, que cuenta con una extensa red de carreteras, autobuses y traslados privados, el nuevo aeropuerto de Tulum permanece aislado.
Para un sector que depende en gran medida de una logística impecable, esto es más que un simple inconveniente. Es un factor decisivo para romper el acuerdo.
¿Quién está sintiendo el impacto?
Los empresarios del sector turístico de Tulum ya están sintiendo las consecuencias. Los gerentes de hoteles boutique reportan menos reservas internacionales directas. Los operadores turísticos afirman que dedican más tiempo a atender las quejas de viajeros exhaustos y sorprendidos por el caos posterior a los vuelos. Y, a puerta cerrada, las autoridades locales admiten que las cifras no cuadran.
“Existe el riesgo de nuevos recortes”, insinuó un miembro de la junta de turismo, que pidió permanecer en el anonimato. “Si no se solucionan pronto los problemas de acceso y visibilidad, podríamos perder aún más rutas”.
Este sentimiento se ve reflejado en las declaraciones del exsecretario de Turismo, Miguel Torruco Marqués, quien reconoció que "el aeropuerto recibió una gran inversión", pero que la conectividad terrestre "debe reforzarse para que pueda cumplir su función".
Una lección de logística de Cancún y más allá.
La situación de Tulum contrasta notablemente con la infraestructura consolidada del Aeropuerto Internacional de Cancún, que sigue prosperando a pesar de la congestión. Incluso Playa del Carmen, que carece de un aeropuerto propiamente dicho, se beneficia de conexiones terrestres constantes y una buena estrategia de marketing que mantiene un flujo continuo de turistas.
Lo que está sucediendo en Tulum podría servir de advertencia. La prisa por construir infraestructura sin una inversión igualmente sólida en acceso y promoción puede resultar contraproducente, incluso en un lugar tan atractivo como la Riviera Maya.
El problema no radica en la demanda; Tulum sigue siendo uno de los destinos más fotografiados de México en Instagram. El problema es la entrega. Es lo que sucede después de que el avión aterriza.
Perdido en el paraíso
“Aterricé en Tulum pensando que estaría en la playa en una hora”, dijo Jennifer Morales, una visitante de Houston. “Tres horas después, seguía en una camioneta, atascada en el tráfico, preguntándome si debería haber volado a Cancún”.
Su experiencia no es única. De hecho, es cada vez más común, especialmente durante la temporada alta, cuando la congestión del tráfico agrava las deficiencias existentes en el servicio.
Estos inconvenientes aparentemente pequeños se convierten en una bola de nieve que genera reseñas negativas, cancelaciones de reservas y, finalmente, cambios en las decisiones de las aerolíneas. Las aerolíneas no solo controlan la ocupación de los vuelos, sino que también monitorean la satisfacción de los viajeros.
¿Qué le depara el futuro a la pista de aterrizaje de Tulum, valorada en mil millones de pesos?
A pesar de las señales preocupantes, aún hay tiempo para cambiar el rumbo.
Mejorar las redes de transporte, regular los precios de los taxis, promocionar el aeropuerto en mercados clave e integrarlo más estrechamente en el circuito turístico regional podrían ayudar a revertir el declive. Pero esa oportunidad se está agotando rápidamente.
El Tulum Times ha seguido de cerca la noticia, reflejando la creciente preocupación de los interesados en todo Quintana Roo. Lo que alguna vez fue un símbolo de diversificación podría convertirse en un caso de extralimitación, a menos que se tomen medidas decisivas.
Y si el silencio del gobierno sobre los próximos pasos sirve de algo, la urgencia podría ser el ingrediente que falta.
Más que un aeropuerto
Lo que realmente está en juego no es solo un aeropuerto ni una disminución en el número de pasajeros. Se trata del papel de Tulum en el futuro del turismo mexicano. Se trata de si esta zona de la Riviera Maya seguirá siendo un destino de primera categoría o se convertirá en una simple escala hacia un lugar mejor conectado.
Circula entre los dueños de negocios locales una frase ideal para las redes sociales: "Por fin tenemos un aeropuerto, pero no hay forma de llegar a él". La ironía no ha pasado desapercibida para nadie.
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