El crecimiento de la venta ambulante ilegal en Tulum ha resurgido como un punto de conflicto en la lucha por restaurar el orden y la credibilidad en uno de los destinos turísticos más visibles de México. Esta semana, David Ortiz Mena, presidente de la Asociación de Hoteles de Tulum, instó públicamente a las autoridades y residentes a priorizar la legalidad, advirtiendo que la expansión sin control de ambulantaje en las playas locales corre el riesgo de socavar los esfuerzos por estabilizar la imagen del destino.

Su mensaje fue directo e inusualmente contundente para un sector que a menudo evita la confrontación pública. En un momento en que funcionarios y líderes empresariales dicen estar trabajando para revertir las percepciones de desorden en Tulum, permitir que el comercio ilegal se expanda a lo largo de la costa envía la señal opuesta.

Un llamado a defender la legalidad mientras recupera el turismo

Ortiz Mena entregó su advertencia a través de un comunicado de prensa que enmarcó el problema no como una molestia menor, sino como un problema estructural. En su opinión, la presencia de vendedores no regulados en las playas contradice las campañas públicas orientadas a proyectar seguridad, organización y estado de derecho en la Riviera Maya.

ADVERTISEMENT

"Algunos dicen que el sol sale para que todos vendan en la calle, para justificar el comercio ambulante", expresó, utilizando una frase común en México para defender el trabajo informal. "Pero olvidan que se trata de una actividad prohibida. Nadie tiene permisos para vender en la playa".

Esa declaración resonó más allá de Tulum. Ortiz Mena también es presidente del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano, lo que otorga peso a sus comentarios en toda Quintana Roo, donde el turismo es tanto el motor económico principal como un sector políticamente sensible.

Los operadores turísticos argumentan que la venta en playas, alguna vez esporádica, ha crecido en escala y visibilidad. Y con las llegadas internacionales recuperándose lentamente de shocks anteriores que van desde la pandemia hasta sustos de seguridad, la apariencia importa.

ADVERTISEMENT

Las playas como espejo de la gobernanza

En Tulum, las playas son más que espacios de recreo. Funcionan como una vitrina pública de cómo las autoridades manejan el uso del suelo, la seguridad y el comercio. Cuando los visitantes ven docenas de vendedores no autorizados ofreciendo comida, masajes, recuerdos o tours, la impresión puede ser confusión en lugar de encanto.

Ortiz Mena enfatizó que contener la venta en playas sería una forma directa para que las autoridades demuestren orden. Los gobiernos federal, estatal y municipal tienen jurisdicción sobre diferentes aspectos del manejo costero, desde zonas marítimas hasta seguridad pública. La aplicación coordinada de la ley, sugirió, enviaría un mensaje claro de que las reglas existen y se hacen cumplir.

La palabra clave principal aquí es vendedores ambulantes ilegales de playas, y en Tulum, esa frase tiene implicaciones más amplias. Toca brechas de gobernanza, desigualdad social y la tensión entre economías informales de supervivencia y un modelo turístico construido sobre regulación y exclusividad.

ADVERTISEMENT

Preocupaciones de seguridad más allá de la postal turística

La parte más seria de la advertencia de Ortiz Mena fue más allá de la estética o la imagen de marca. Argumentó que la venta ilegal puede servir como cobertura para crímenes más graves, incluyendo trata de personas.

Según su declaración, las autoridades han identificado casos en los que individuos detenidos como vendedores de playas fueron posteriormente vinculados a actividad criminal. Algunos vendedores son nacionales extranjeros. Otros son menores. En ciertos casos, personas que vendían bienes o servicios fueron encontradas operando bajo coacción o como parte de redes organizadas.

Esta no es la imagen que los funcionarios de turismo quieren asociada con las playas de arena blanca de la Riviera Maya. Y reenmarca el debate. El problema ya no es solo comercio informal versus regulación, sino seguridad pública y derechos humanos.

ADVERTISEMENT

"No se puede separar la venta ambulante ilegal en playas de los riesgos que oculta" es el tipo de frase que circula bien en redes sociales, y refleja el tono que Ortiz Mena adoptó.

Un problema familiar con nueva urgencia

La venta en playas ha existido durante mucho tiempo en los corredores turísticos de México, desde Cancún hasta Playa del Carmen. Lo que parece preocupar ahora a los líderes hoteleros es la escala y la tolerancia. Conforme Tulum creció rápidamente en la última década, la aplicación de la ley se rezagó detrás del desarrollo. El resultado ha sido un mosaico de prácticas informales llenando vacíos regulatorios.

En años recientes, Tulum ha enfrentado titulares internacionales sobre crimen, presión en infraestructura y degradación ambiental. Las autoridades federal y estatal respondieron con proyectos de alto perfil como el Tren Maya y el Parque Nacional Jaguar, junto con promesas de seguridad mejorada y planificación urbana.

ADVERTISEMENT

En ese contexto, el desorden visible en las playas socava las narrativas oficiales. Para los visitantes, la playa es a menudo su interfaz principal con el destino. Si ese espacio parece no regulado, las garantías más amplias sobre seguridad y gobernanza suenan huecas.

A vendor's stand displaying colorful merchandise including hats, bags and clothing sits on a beach with tourists swimming in the water behind it

Autoridades atrapadas entre aplicación de la ley y realidad social

Actuar contra vendedores ambulantes ilegales en playas es políticamente delicado. Muchos vendedores son migrantes o residentes de bajos ingresos con alternativas económicas limitadas. La aplicación agresiva de la ley corre el riesgo de producir imágenes de represión y conflicto social, particularmente si se dirige a mujeres o menores.

Sin embargo, permitir que la práctica continúe sin control genera otro conjunto de problemas. Los operadores hoteleros se quejan de competencia desleal. Los ambientalistas advierten sobre residuos y daño a ecosistemas costeros frágiles. Los expertos en seguridad señalan el potencial para infiltración criminal.

Ortiz Mena no esbozó un plan detallado de aplicación de la ley. En cambio, colocó la responsabilidad completamente en las autoridades de los tres niveles de gobierno, argumentando que las herramientas ya existen. Lo que hace falta, sugirió implícitamente, es voluntad política y coordinación.

El sector empresarial alza la voz

La intervención de la Asociación de Hoteles de Tulum señala creciente frustración dentro del sector privado. Los hoteleros han invertido fuertemente en promover Tulum como un destino premium, distinto de los centros de turismo masivo en otras partes de México. Esa estrategia depende de percepciones de exclusividad, seguridad y orden.

Cuando esas percepciones se erosionan, el modelo de negocio se ve amenazado. Los inversionistas observan las señales de cerca. Los operadores turísticos ajustan las recomendaciones. Los viajeros, especialmente de Estados Unidos y Europa, pueden elegir alternativas en el Caribe o América Central.

Aquí es donde el debate local se vuelve global. La reputación de Tulum ya no pertenece solo a Quintana Roo. Circula internacionalmente a través de reseñas, redes sociales y avisos de viaje.

Informalidad, desigualdad y los límites del crecimiento turístico

Hay un subtexto incómodo en el debate. El crecimiento rápido de Tulum ha producido ganadores y perdedores. Mientras que los hoteles y restaurantes de lujo prosperan, muchos residentes luchan contra rentas crecientes e inseguridad laboral. La venta ambulante se convierte, para algunos, en una estrategia de supervivencia.

Los críticos de la aplicación estricta argumentan que remover vendedores sin ofrecer alternativas simplemente desplaza el problema. Piden zonas reguladas, permisos o programas sociales que integren trabajadores informales en la economía formal.

Ortiz Mena no se involucró profundamente con ese argumento, enfocándose en cambio en legalidad y seguridad. Pero sus comentarios reabre una pregunta más amplia: ¿puede Tulum continuar creciendo como destino global sin abordar las presiones sociales que el crecimiento crea?

Una prueba de credibilidad para la gobernanza local

Para las autoridades, el problema de vendedores ambulantes ilegales en playas de Tulum es un caso de prueba. Si no pueden aplicar reglas claras en áreas altamente visibles, crece el escepticismo sobre su capacidad de manejar desafíos más complejos, desde protección ambiental hasta crimen organizado.

Contener la venta en playas no resolvería todos los problemas de Tulum. Pero señalaría que las leyes importan. Que la coordinación es posible. Que los espacios públicos se gobiernan, no se abandonan a la improvisación.

Como The Tulum Times ha reportado en otros contextos, la credibilidad en destinos turísticos se construye tanto en lo que los visitantes ven como en lo que los funcionarios dicen.

Qué está en juego para Tulum y la Riviera Maya

En juego está más que una playa limpia. Es la confianza. La confianza de visitantes decidiendo dónde gastar su dinero. La confianza de inversionistas evaluando riesgo. La confianza de residentes que quieren tanto oportunidad como orden.

El debate sobre vendedores ambulantes ilegales en playas expone el equilibrio frágil entre inclusión y aplicación de la ley en la economía turística de México. Cómo respondan las autoridades en Tulum podría establecer un precedente para la Riviera Maya más amplia.

Al final, el mensaje de Ortiz Mena no fue sutil. Protege la imagen del destino cumpliendo la ley. O acepta que el desorden se convierte en parte de la marca.

Nos encantaría escuchar tus opiniones. Únete a la conversación en redes sociales de The Tulum Times.
¿Debería Tulum priorizar la aplicación estricta en sus playas, o buscar soluciones reguladas para trabajadores informales?

Relacionado: La presidenta Claudia Sheinbaum critica las restricciones de Tulum al acceso público de playas

Relacionado: El gobierno federal entra en la batalla de Tulum por acceso a playas